LOS MIL ROSTROS DETRÁS DE UN DIARIO
Sandra Yépez

Personal del departamento de Producción
opera, durante la noche, la rotativa de Diario HOY, mientras
esta imprime la segunda edición del periódico. La imprenta
formada por tres prensas distintas funciona prácticamente las 24
horas del día y es manejada por al menos 15 trabajadores
Son las 06:01 y Jorge Flores ya está trimbrando tarjeta. Él es
auxiliar de limpieza y, luego de calzarse el overol, sube a la
Redacción para comenzar la jornada. Ahí se encuentra con Ángelo
Chamba, quien se prepara para ir de cobertura. Ángelo limpia los
lentes de su Nikon D-300 y le dice que se va "soplado" porque
tiene que "ganar puesto" para la rueda de prensa de las 08:00.
"Si llego tarde, otros fotógrafos se ganan los mejores puestos".
08:04: Don Flores -como le llaman sus compañeros de Diario HOY
donde trabaja ya 27 años- sigue en lo suyo y Nancy Cajas, de la
sección on-line, ya está echando revista a la página Web luego
de tomarse el primer cafecito de la mañana. A la misma hora,
Darío Ron estaciona la furgoneta en el parqueadero. Darío, que
también lleva en HOY más de un cuarto de siglo, es conductor y
esta vez le tocó el turno de la noche, en el que debe llevar a
casa a los trabajadores que terminan su jornada en la madrugada.
El día se evapora y de pronto son las 12:00. Arriba, en la
Redacción, los editores coordinan la portada del Diario de
mañana. Abajo, en Producción, suena estridentemente la campana
que indica que la rotativa está en marcha.
"El timbre avisa cuando vuelve a funcionar y así uno sabe que ya
no puede meter la mano", dice Nicolás Mendoza, el primer
prensista de HOY y desde hace 12 años el que comanda a los 15
trabajadores que manejan la prensa.
A pesar de la campana, nadie se salva de algún accidente.
Nicolás cuenta que un día se le quedó atrapado el dedo en los
rodillos, “me cogieron cinco puntos (...) tuvimos que desmontar
los rollos para que pudiera sacar el dedo”.
Pero eso no es nada; según dice, en una ocasión su compañero
Ernesto Echeverría se enredo entre la mantilla y el cilindro de
placa, “y a él se le fue todo el dedo”, recuerda Nicolás.
La rotativa, de unos 50 metros de longitud, está formada de tres
imprentas: la Goss Community, la Goss Community Four High y la
última que, a falta de nombre oficial le dicen la Frankenstein,
porque es "clonadita" -como dice Paúl Falconí, del Departamento
Técnico- hecha en casa con varias piezas de otras imprentas.
14:10: Don Flores se fuma un cigarrillo luego de almorzar un
pastel de atún en el comedor. Terminó su turno y cuando sale, en
la puerta de entrada se cruza con la camioneta de HOY que trae a
Giovanna Melendres, una periodista de la sección Comunidad. Un
deslave en Guápulo, tres casas cubiertas de lodo y una página 2A
en blanco, que la espera para que cuente la historia.
Mientras Giovanna -que tienes los zapatos llenos de tierra- se
instala en su computadora a escribir, la Frankenstein está a
punto de terminar de imprimir el cuadernillo Vida Diaria de
mañana.
Son las 15:17 y en la bodega del papel, Adrián Viteri descarga
otro rollo de 400 kilos para montarlo en la rotativa, "es para
imprimir el Diario de Negocios" que acaba de llegar desde
Fotocomposición y espera la campana para empezar a producirse.
Mientras tanto, la estructura metálica del edificio, las 90
computadoras encendidas y operando, el sol de las 16:45 y la
premura de la hora de cierre, convierten a la Redacción en un
horno. Y en medio del calor, de los teléfonos sonando y de los
correteos, se escucha la voz de Thalía Flores. Desde su oficina
de paredes de vidrio, la subdirectora pregunta si la nota de la
2A sobre el deslave en Guápulo “ya estará lista”.
Arriba el tiempo vuela, abajo esperan. Antes de las 18:00 ya
tendrá que llegar a la rotativa el cuadernillo estándar y en la
mesa de editores crece la tensión ante el reloj que no se
detiene.
17:42: Abajo el transporte del Diario se lleva al personal
administrativo a casa. Arriba alguien grita ¡la portada está
lista!. En Diseño, Mauricio Loza le da un último ajuste a la
caricatura que ilustrará la página 3A y la edición finalmente se
va.
Ahora, la Redacción se calma. Son las 19:18 y mientras Christian
Ramos, auxiliar de limpieza, se pasea por los escritorios
recogiendo los periódicos; Luis Almeida, el jefe de Información
de turno, se calza el abrigo para marcharse y Pablo Basurco, el
más joven de los jefes, le toma la posta.
Abajo, en la rotativa, el sonido de la campana se confunde con
el de la música. Esta vez es Aladino el que canta desde la vieja
grabadora de Producción, y la Goss Community está a punto de
terminar con la edición.
20:37: las noticias de mañana ya están embarcadas en el carro de
Eduardo Viteri, que sortea el tráfico de Quito para llegar al
Terminal Terrestre y dejar los ejemplares en los buses, que los
llevarán a cada provincia del país.
Mientras él conduce, Ángelo regresa al Diario a editar las fotos
de la cobertura de la tarde y abajo esperan para imprimir la
segunda edición que se repartirá en Quito.
Arriba, Pablo se saca los lentes y se refriega los ojos.
Demasiado tiempo frente a la computadora y decide “hacer un
brake”, para visitar la máquina de café.
Son las 21:15 y por ¢40 la máquina le da a Pablo el tercer
americano de su jornada. Lo saborea tranquilo, ahora es tiempo
de aguardar, él mantiene en vigilia la segunda edición, en
espera de que, en lo que va de la noche, surja alguna novedad
que sea necesario destacar en las página de la tirada que mañana
leerá la capital y los periodistas de los noticieros matutinos
en los canales de televisión.
A las 22:00, abajo, la Four High sigue comiendo papel y la
grabadora va por la tercera canción de Aladino.
Arriba, mientras la última secretaria de turno se prepara para
irse, suena el teléfono de la mesa de editores. Un incendio en
Calderón, un edificio de departamentos, y los Bomberos ya van en
camino.
A las 22:11 Sugey Hajjar, la periodista de turno, ya está subida
en el Fiat del Diario y José Durán apura el tabaco antes de
tomar el volante y correr a la cobertura.
23:31: Ángelo sale de la Planta justo cuando la Frankenstein da
el campanazo que anuncia que la segunda tirada de HOY ya se está
imprimiendo.
Ni bien se termina de empacar el periódico, Marcelo Loza ya
tiene encendido el motor de la camioneta; son las 02:37 y, con
su cargamento, se marcha a repartir el diario en las agencias de
la zona norte de Quito.
Plena madrugada: mientras Marcelo le da vueltas a una ciudad
desierta, la rotativa sigue en marcha, ocupándose de otros
productos de HOY.
El amanecer pesca a Marcelo en El Batán, pero a las 06:10 ya
está atravesando la Occidental, rumbo a la Planta, a estacionar
el carro, timbrar la tarjeta e irse a dormir.
06:24: Llega al Diario, y antes de salir, Marcelo saluda con Don
Flores que ya tiene puesto el overol y está subiendo a “echar
una barrida”, en la Redacción.
Los tiempos
- 06:00 Comienza el primer turno Aunque las 24 horas hay personal trabajando.
- 18:00 El diario completo debe estar ya en Producción para imprimirse.
Los recuerdos de trabajar en Diario HOY hace 27 años
- Nicolás Mendoza cuenta que cuando el Diario comenzó, todo el equipo era de punta “Fuimos los primeros en salir en color”, dice. Aún así, “la tecnología de entonces no se compara con la actual”, cuenta Nicolás, “antes no teníamos reveladora por ejemplo”. Para revelar las placas era necesario hacerlo manualmente en una tina llena de químicos. Por ello, se requería el doble de personal.
- Mauricio Loza cuenta que las notas se recortaban y pegaban en la página, manualmente con tijera y pegamento. la página se imprimía primero en una película que luego pasaba a una placa que iba, finalmente, a la rotativa, para que se imprima en el papel. Actualmente, en el proceso la página va desde las computadoras, directamente, a imprimirse en la placa y luego al papel.
- Fabiola Ccárdenas, contadora de HOY desde hace 27 años, dice que también el sector de El Condado era muy distinto. “para llegar cogíamos el bus Paquisha y luego teníamos que caminar hasta aquí” recuerda Fabiola. “Donde ahora es El Condado había puro bosque, así que para llegar rápido nos cruzábamos todo eso”, confiesa Fabiola. Recuerda que sus hijos nacieron mientras trabajaba en HOY. “El tercero casi nace aquí (...) mi jefe tuvo que llevarme al Hospital”.
