DE MERCADER DE LA BAHÍA A ‘ACTIVISTA BARRIAL’
Carlos Hidalgo

El Comité cielo nuevo se reúne cada martes
para planificar las actividades comunitarias y darle solución a
una serie de problemas, entre ellos la inseguridad. como
iniciativa tienen previsto construir un puesto de auxilio
inmediato (PAI) o un local para el cuerpo de bomberos. fotos: cm/hoy
Todo el que vive en la cooperativa Balerio Estacio, quinta
etapa, conoce al pastor evangélico Rodolfo Perlaza Coroso.
Ayer, él fue en busca de un terreno para construir la casa de
sus sueños, y logró que cientos de familias, de escasos recursos
económicos y sin terreno propio, le siguieran sus pasos.
Este menudo ciudadano es uno de los 150 activistas barriales que
trabajan en el sector marginal. Es primo hermano del asambleísta
del movimiento País, cuyo nombre figura en la lista de
invasiones o asentamientos populares ilegales. Tiene tres hijos
y su cónyuge, Cecibel Vivero, le asiste como secretaria en cada
asamblea barrial del Comité Cielo Nuevo.
Perlaza llegó a Guayaquil en 1972, procedente de la parroquia
San Francisco del Onzole (Esmeraldas). Desde esa fecha soñó con
ser coordinador y líder de la acción comunal. Pero para
subsistir trabajó como comerciante informal en el sector de la
bahía, donde le pusieron el mote de “Perla de Oro”. “Me gustaba
lucir grandes cadenas doradas en el cuello. Los delincuentes de
esa zona me tenían respeto”.
Vivió en el barrio de Cristo del Consuelo y, diez años después,
arrendó una casa en la cooperativa Unión de Bananeros del Guasmo
Norte. En esos sectores hizo decenas de amistades que le
enseñaron a organizarse para luchar por los derechos. Para
reclamar los servicios básicos y para mantener una diálogo
formal con el Municipio de Guayaquil u organizaciones no
gubernamentales.
Su maestro fue el dirigente barrial Jorge Preciado, quien en
1982 le enseñó el discurso de la democratización. Cuando
conversa, su rostro denota alegría y entusiasmo, mientras su
cuerpo se fortalece debido a la oración que realiza a partir de
las 06:00. Dos horas después de desayunar un pusandao (tapado de
pescado), los recorridos empiezan a lo largo de 120 manzanas,
donde cada solar tiene una dimensión de 8 por 15 metros. Allí,
además, el 50% de los moradores tiene empleo. El resto, deambula
por las calles lastradas y los pronunciados baches que se forman
en el invierno.
Perlaza convive con más de 5 700 personas (solo en su sector hay
cerca de 6 000 menores) y 39 activistas barriales que responden
a sus órdenes. Sin embargo, algunos dirigentes defienden sus
intereses, sin importarles el daño a la imagen del abogado
Balerio Estacio. Es decir, dan la espalda a los proyectos
comunitarios como la recolección de basura.
Si hay un corte de la energía eléctrica -ocurre cuando se quema
un transformador (en el mercado tiene un costo de $600)- se
efectúa una colecta. Pero no todos colaboran. “Eso es un duro
golpe para sus bolsillos”.
La autogestión sirve para comprar cables, herramientas y hasta
para pagarle al ingeniero eléctrico. Las sesiones, en cambio,
son útiles para que los moradores recuerden los derechos
consagrados en la nueva Constitución Política y cómo
reclamarlos. Eso, al menos, esperan que se cristalice con el
primer paso: la legalización de tierras y solares que impulsa la
Dirección de Terrenos de la Municipalidad de Guayaquil.
Ese departamento entregó en febrero pasado 972 notificaciónes
para la legalización de predios, con lo que se suman más de 4
mil las familias beneficiadas (de los bloques dos, tres, cinco y
seis) con el programa municipal.
La iniciativa del alcalde Jaime Nebot forma parte de la Ley 88
que fue aprobada por el Congreso Nacional en 2007.
Los moradores también ambicionan que el Instituto del Niño y la
Familia (Infa) o el Ministerio de Inclusión Económica y Social
(MIES), por ejemplo, se preocupe del financiamiento mensual para
que, en el menor tiempo posible, funcione la guardería infantil
que se edificó en el régimen de Lucio Gutiérrez, en septiembre
de 2003. En la actualidad, esa infraestructura está abandonada y
en mal estado. Los techos tienen fisuras y las puertas y
ventanas metálicas se oxidan a la espera de reparación.
Perlaza y su equipo de trabajo, Francisco Tomalá, José Quiñónez,
entre otros allegados, dicen que no desfallecerán hasta que ese
derecho se concrete.
Tanto así como la construcción de la Unidad Educativa del
Milenio País Altivo y Soberano (País). Aunque el proyecto nació
en base a la demanda que hizo la población de la quinta etapa
(pues en una escuela fiscal del sector se cobra hasta $5
mensuales para el pago de maestros), este no cuajó en la manzana
1881 porque el líder barrial Balerio Estacio decidió donar un
espacio de terreno en la cuarta etapa.
Otro reclamo con fundamento es la construcción de un Puesto de
Auxilio Inmediato (PAI), por los constantes robos a personas y
locales comerciales. En mayo anterior se registraron más de 40
denuncias por robo de celulares.
Quiñónez insiste en que si Estacio prefirió que las obras de lo
que será el primer colegio se desarrollen frente a su vivienda,
hay que respetar su opinión.
Ese plantel funcionará en el año lectivo 2010. El Gobierno
invertirá $400 mil y contará con equipos de última tecnología,
según la Subsecretaría de Educación.
La otra cara de la moneda en el quinta etapa es el servicio de
transportación urbana. Y es que la Ley de Tránsito preocupa a
los propietarios de las tricimotos. En Guayaquil existen 56
organizaciones ubicadas en sectores marginales. Este vehículo es
una alternativa de transporte para miles de moradores, entre
ellos Inés Vernaza Medina (58), quien reside en la quinta etapa
desde 2005.
En la punta de su lengua, la palabra “Dios” se escucha
constantemente.
En su mente se mantiene el deseo de que alguna entidad
gubernamental brinde orientación a los jóvenes y niños. “Solo
así podríamos eliminar la violencia familiar, el maltrato hacia
la mujer, la niñez y la adolescencia”.
Así, entre proyectos y demandas, la vida del activista barrial
transcurre lenta y a veces agitada.
El sector marginal se creó en 1993

El asentamiento marginal está ubicado al
noroeste de Guayaquil. Un lote de terreno tiene un coto de $1
200 y $1 500. En una manzana hay 24 y 30 solares.
La cooperativa Balerio Estacio carece de servicios básicos como
el de agua potable. Tiene más de 7 500 predios, según el
Departamento de Terrenos del Municipio de Guayaquil.
El tráfico vehicular es complicado, por la estrechez de las
calles lastradas y los pronunciados baches. Allí habitan
familias oriundas de El Oro, Manabí y Esmeraldas.
La cooperativa está dividida en 45 etapas, entre las que se
encuentran Tiwintza de la Flor, Valle de la Flor, Voluntad de
Dios y Trinidad de Dios. Fue bautizada así por los habitantes en
reconocimiento al líder popular y asambleísta del movimiento
País.
Balerio estacio está dividida en 45 sectores o etapas, entre
las que se encuentran Tiwintza de la Flor, Valle de la Flor,
Voluntad de Dios, Trinidad de Dios, El Fortín, Guerreros del
Fortín, entre otras. Los macrolotes donde se asientan los
bloques, que alguna vez pertenecieron a hacendados
guayaquileños, fueron divididos en solares.
