EL PLUS DEL BONO
BONO DE DESARROLLO HUMANO SE CONVIERTE EN
ENGRANAJE SOCIAL
Paulina Rivadeneira, Editora de SociedadLEJOS DE SER UN SISTEMA DE TRANSFERENCIA EFECTIVO COMO FUE EN 1999, EL BDH ALIENTA LA CREACIÓN DE MICROEMPRESAS E INCENTIVA A LAS BENEFICIARIAS A INVERTIR EN SALUD Y EDUCACIÓN PARA SUS HIJOS
Si no fuera por el bono, jamás hubiera podido educar
a mi hijo”, sentencia Gladys Simbaña, mientras prepara el desayuno de su
pequeño Kevin (11 años) antes de enviarlo a la escuela.
Para esta madre soltera que trabaja limpiando casas y que no tiene
seguro social, el Bono de Desarrollo Humano (BDH) se convirtió en la
columna vertebral de la manutención de su familia. “Soy beneficiaria
desde que el programa empezó hace nueve años. Yo me inscribí en la
iglesia de Iñaquito”, recuerda.
El tiempo ha borrado de su memoria la cuantía que en sucres recibía en
el año 99, cuando se conocía al aporte como Bono de la Pobreza o
Solidario. No obstante, el gasto familiar siempre se priorizó de la
misma forma. “Lo principal es comida y educación. Con el bono compro la
colación de mi hijo”, dice la moradora del sector de Calderón, al norte
de Quito.
Simbaña pertenece al grupo de 1 303 318 beneficiarios del BDH (datos
hasta octubre del 2008), de los cuales, más del 78% son mujeres jefas de
hogar. Según el Ministerio de Inclusión Ecomómica y Social (MIES), a
cargo del bono, el grupo integra el 40% más pobre del país.

En el Programa de Protección Social Alejandra Larrea atiende a Verónica
Tituaña
Pese a que el BDH fue concebido como un programa
asistencial que no implicaba ninguna acción de parte de los
beneficiarios, de acuerdo al Banco Mundial (BM), varios de ellos se
autocondicionaron a cierto tipo obligaciones -como enviar a sus hijos a
la escuela- y eso produjo algunos progresos en el aumento de la
escolaridad y la disminución del trabajo infantil.
Un estudio de impacto elaborado en el año 2006, advierte que el BDH
aumentó en 17 puntos la tasa de matriculación y redujo en 10 puntos la
tasa de trabajo infantil.
Aunque un nuevo estudio está apenas en fase de preparación, la titular
del MIES, Jeannette Sánchez, asegura que el BDH sufrió un “salto
cualitativo importante” en este año.
Para explicar el cambio, la funcionaria argumenta los ejes sobre los
cuales se ha trabajado: el incremento de la cuantía del bono a $30 (se
duplicó en el caso de las madres y se triplicó para adultos mayores y
personas con discapacidad); la calidad de la atención a las personas
beneficiadas y la creación de una tarjeta de débito que quintuplicó los
puntos de pago; el crédito de desarrollo humano para fortalecer
iniciativas económicas microempresariales y la corresponsabilidad de los
beneficiarios (exclusivamente mujeres) para que inviertan en educación y
salud para sus hijos.
La corresponsabilidad emprende camino
Para
comprobar esa inversión entre las más de un millón de beneficiarias se
escogieron tres provincias del país para realizar una verificación por
muestreo. Las elegidas fueron Napo y Pastaza (en la Amazonía) y Carchi
(en la sierra norte, frontera con Esmeraldas)
"Se escogieron esas provincias porque tienen una población dispersa. Las
condiciones de salud y educación son complicadas", señala David Alomía,
director del Programa de Protección Social (PPS), entidad adscrita al
MIES y administradora del Bono de Desarrollo Humano.
Según el economista, entre las tres provincias se visitó 1 026 hogares
por el tema educativo y 2 054 por la salud. En el primer caso, relata
Alomía, se detectó que 218 familias no cumplieron con los certificados
de matrícula y de asistencia a clases de los hijos menores a 18 años.
Mientras, en el tema de la salud, 242 madres no tenían los certificados
de visitas a los centros de salud para sus hijos menores de un año (seis
veces al año) y 1 999 no cumplieron con los controles para los niños de
1 a 5 años (uno por semestre).
Aunque la última cifra puede resultar alarmante, Alomía asegura que se
trata de un problema que afecta a la mayor parte de ecuatorianos, sin
importar su condición socioeconómica. “No tenemos una cultura de
prevención. Si vemos que el niño está sano, jamás lo llevamos al
médico”.
Una vez comprobado la falta, se despliega una notificación que da a las
madres un plazo de 45 días para que justifiquen el incumplimiento. “Es
probable que la escuela o el centro de salud más cercano quede demasiado
distante del hogar. Si por el contrario, la familia falló, entonces se
detiene el pago del bono hasta que presente los documentos”, refiere el
funcionario, quien enfatiza que la acción no es un castigo.
“No podemos sancionar a la población que ha permanecido en condiciones
de exclusión. Nuestro objetivo es concienciar sobre la importancia de
invertir en esos rubros”, añade.
De ello está consciente Ligia Hernández de 37 años, beneficiaria del
bono desde hace cinco años. A su esposo, un agricultor que gana $7
diarios, no le alcanza para mantener a cuatro hijos de 11, 10, 7 y 5
años en la escuela.
“Nosotros utilizamos el bono para la comida y la educación. Si no fuera
por esto, no todos podrían seguir en la escuela”, confiesa la mujer, al
tiempo de entregar a un funcionario del PPS la documentación que prueba
que ha cumplido con la corresponsabilidad: certificados de matrícula, de
asistencia a clases y de atención en salud y vacunación. “Nos tratan
bien. Los empleados son pacientes”, añade la mujer agradecida.
El PPS tiene 22 oficinas distribuidas en casi todo el país (a excepción
de Santa Elena y Galápagos) donde se atienden las dudas de decenas de
personas, mientras el call center recibe dos mil llamadas diarias.
¿Y la corresponsabilidad estatal? Alomía admite que ese concepto es
fundamental. “Cuando se encuentran novedades en centros de salud o de
estudio, dificultad de llegar, queja en los servicios, entregamos los
informes a los ministerios de Salud y Educación. Una vez que se termine
el trabajo, el país contará por fin con un detallado registro social”,
afirma.
Este año, el presupuesto bordeó los $408 millones, $48 millones más que
2007. La crisis económica impide puntualizar un incremento del BDH para
el 2009, aunque el presidente Rafael Correa, lo sugirió . “Todavía no
hay una cifra exacta ni una fecha establecida”, precisa Sánchez..
Los avances han permitido corregir en parte la exclusión
Para
Magdalena Sepúlveda (foto), experta independiente de la Organización de
Naciones Unidas sobre Derechos Humanos y Pobreza, el BDH ha ido
perfeccionado y ampliado en cobertura y monto. Sin embargo, son
necesarios mayores esfuerzos para coordinar e integrar todos los
programas sociales y la inversión social para permitir a las familias
receptoras superar su situación, sobre todo después de conocer que de
acuerdo a las estadísticas cerca de 38% de ecuatorianos viven en
situación de pobreza y 12% en extrema pobreza. Ecuador sigue teniendo
una alta tasa de desigualdad en la distribución del consumo, considera
Sepúlveda.
La corresponsabilidad es el mayor reto del programa de BDH
Andrea
Ordóñez, directora de Finanzas Públicas del Grupo Faro, considera al BDH
el programa social más importante por su monto y cobertura.
Por lo mismo, advierte que el reto más urgente del BDH es verificar la
corresponsabilidad de las familias, porque apenas se ha efectuado el
seguimiento en tres provincias. Para ello, opina, sería recomendable
fijarse en programas similares en América Latina, como el mexicano
Oportunidades, que ha desarrollado un seguimiento minucioso de los
beneficiarios. Además, Ordoñez estima que la corresponsabilidad debe
tener mayor difusión: en varios cantones no se conoce sobre el tema.
Refocalizar la entrega puede aportar mayores beneficios
Para
Norbert Schady, experto del Banco Mundial, el principal objetivo del BDH
es romper el círculo de pobreza.
El analista realizó un seguimiento del programa en 2006. Como aspecto
positivo considera que la falta de condicionamiento a la transferencia
de dinero facilitó la implementación del programa. No obstante, como
consecuencia, en Ecuador los impactos en salud y educación fueron
menores que en el resto de países.
Otra peculiaridad del caso ecuatoriano es que es el único que beneficia
a la población de los quintiles 1 y 2; en el resto de experiencias, la
transferencia focaliza solo al primer quintil, donde hay mayor impacto
en escolaridad y salud.
