La 'mama' Tungurahua tizna los rostros
En la comunidad de San Luis, en Mocha, los campesinos se apresuran a
cosechar las papas que no habían sido mayormente afectadas por la caída de ceniza
Sentado sobre una piedra y con la mirada
perdida, Leonidas Aulqui (50 años) vigila a sus animales. Con sus dedos callosos y
arrugados, cuenta que son 12 días desde que llegó con el ganado hasta el estadio del
cantón Quero (Tungurahua).
Más de dos horas le tomó arriar las once vacas y toros que estaban en los páramos de
Hualcanga, en San Nicolás, a cinco kilómetros del centro urbano. No tuvo otra opción:
la 'mama Tungurahua' volvió a arrojar ceniza "y tenía miedo que mueran porque
todito el pasto y la hierba están sepultados".
Su mujer, María Rosa Analuisa, le pidió llorando salvar las tres vacas que les
producían 15 litros de leche diarios y a la yunta con la que araban la tierra para el
cultivo.
De sus pequeños ojos, el derecho oscurecido por un terijio, se escapan algunas
lágrimas. De su viejo sombrero saca un pañuelo arrugado y sucio para secarse. Permanece
en el polvoriento estadio todo el día junto a otros 200 campesinos de Chocaló Alto,
Paloa, La Playa, el Guanto, La Calera, que son algunas comunas afectadas. Se hace la idea
que está pastoreando en su páramo.
Se turnan para almorzar en una carpa que algunos compañeros solidarios levantaron frente
al parque. Les brindan las tres comidas. "El primer día traje papitas con tostado y
les di al Pedro y al Juan que son mis vecinos".
En casa, quedó María Rosa y sus 12 hijos cuidando las gallinas y conejos. Les dijo que
reparen el techo de teja que se hundió por el peso de la ceniza. La pareja está pensando
en vender sus animales para comprar los alimentos que hacen falta. Pero los intermediarios
no respetan la tragedia. Por la yunta de bueyes, que Aulqui llevó a la feria de ganado,
no quisieron pagarle más de $200 cuando el valor real es de $400.
En el sector de Jaloa Alto, a 2 800 m.s.n.m, de 350 personas quedaron los niños,
mujeres y ancianos hasta que los jefes de familia buscaran donde dejar el ganado.
Nelba Villacres, de 28 años, es una de ellas. En su brazo derecho carga a
Jenifer, su hija de año y medio, y con la otra mano sostiene a Carmen, que cumplió seis.
Es el medio día y espera la llegada de unos médicos: "en la radio escuché que iban
a venir, a ver si les dan algo a mis guagüitas que están con tos, dolor de garganta y
diarrea". Los rostros pálidos de las pequeñas lucen pasposos, rojizos y tiznados
por la ceniza. Su marido se quedó pastoreando las cuatro vacas en las dos cuadras de
terreno y cosechando diez quintales de papas para venderlos en la feria "aunque sea a
$1 por saco, sino cambiaremos por abarrotes".
Olga Pallo (24), oriunda de El Santuario, espera un milagro de la 'Virgencita del
Monte'. Recuerda que el año pasado cuando empezó al erupción, con sus vecinos llevaron
a la imagen hasta las faldas del volcán, y la ceniza paró. Esta vez van a orar,
"ella nunca nos abandona", dice. (LCF)
Uno de los habitantes de Mocha trata de limpiar con agua la
hierba con que alimentará a su ganado
Manos no faltan para ayudar
La solidaridad funciona. Guillermina Villalba (62 años) se estremeció cuando vio que los
indígenas y campesinos esperaban ayuda en Quero. Se estima que 300 se encuentra en el
convento de los Diocesanos.
"No tenían qué comer, ni dónde dormir, pobrecitos. En ese frío se acomodaban en
el parque o la calle". Una mañana sacó a la puerta de su casa, banquitas de madera
y una mesa de plástico. Les ofreció café y agüita aromática.
Así continuó por varios días. Pronto a doña Guillermina se le unieron madres de
familia de caseríos menos afectados. Se organizaron en grupos de 15 para cocinar (café,
almuerzo y merienda) y atender a la gente.
En una especie de garaje, junto a su taller de costura 'El Manto Sagrado' se cruzó una
gran parrilla de hierro con una docena de piedras. Desde los 14 años, ella borda
coloridos adornos para las colchas o trajes para el Niño Jesús o fiestas de la Virgen
del Santuario.
Los vecinos y tenderos contribuyen con alimentos, pan, leche, abarrotes. También, el
Municipio va al mercado Mayorista en busca de ingredientes. Seis grandes ollas y una paila
de barro arden sobre la leña. Ayer fue el turno de las señoras del caserío de Shaushi.
¿El menú?, locro de zapallo, arroz con tallarín y atún y jugo.
Las manos no faltan. María Gavilanez acomoda los troncos de madera, Marlene pica los
atados de cebolla (más de 200 unidades diarias) y María Real hace pedacitos la zanahoria
y mueve el refrito.
La comida se reparte en tarrinas. Los refugiados son puntuales: a las 12:00 hacen fila
para recibir su ración, igual ocurre en la mañana y noche. Guillermina está preocupada
porque el número de afectados aumenta todos los días. "Algún rato nos va a faltar
la comida, necesitamos mayor colaboración". El jueves pasado, se produjeron
empujones y reclamos de personas que no alcanzaron. (LCF)
Pueden haber más lahares
En las últimas 24 horas, en el volcán Tungurahua, se registraron 102 sismos de largo
período, cuatro volcano-tectónicos y dos híbridos. En cuanto a las emisiones suman 65 y
20 explosiones con desplazamientos grandes y pequeños.
La actividad se mantiene en niveles caracterizados por un alto número de eventos de largo
período: señales de emisión y explosiones esporádicas.
El Instituto Geofísico de la Politécnica no descarta cambios, la población deberá
mantenerse atenta al comportamiento del Tungurahua, podrían producirse lahares.
Casi todo es gris en Mocha
Desde el ingreso al cantón Mocha, a 50 minutos de Ambato, el paisaje cambia: una
alfombra grisacéa cubre los eucaliptos, alisos y sembrados de papas y mellocos.
En las viviendas, algunos techos se hundieron a causa del peso de la ceniza. Dos
campesinos limpian el techo de zinc con palas. Provocan una polvareda que alcanza a un bus
destartalado que tiene casi todas las ventanas sin vidrio. Los 50 pasajeros que viajan
sentados, cubren sus rostros y terminan bañados de ceniza.
El poblado luce peor. El parque central tiene una gruesa capa de polvo, hay huellas de los
transeúntes por todas partes. Igual ocurre con las paredes de la iglesia y las casas.
Jesús Gualpi, agricultor, que vive cerca del Cariguairazo, a tres horas del centro, cubre
su rostro con un pañuelo rojo, comenta que son más de 13 días que cae ceniza. El jueves
pasado madrugó con la esperanza de recibir víveres y medicinas "dijeron que iba a
venir el Presidente de la República". Con la erupción del Tungurahua se perdieron
45 kilómetros de sembrados de cebolla paiteña, que es el principal producto que les
genera ingresos.
Flor Hortensia, de 25 años, esperaba en fila que llegue su turno. Preocupada, le rogaba a
su madre, Carmen Amelia Cujano (56), que regrese a la comunidad porque no había quien
cuide a las gallinas y a los patos. Su marido y su hijo, Patricio Ilbay, (10) hace dos
días se fueron a los páramos de El Calvario Alto, cerca de Tisaleo, a cuidar las cinco
cabezas de ganado y tres ovejas.
Según el alcalde Orlando Caluña, siete son los sitios más afectados: Olalla,
Chilcapamba, Cochalata, Altillo, San Juan, El Rey y la parte central del pueblo. Las
pérdidas en la agricultura ascienden a $400 000. Se evacuó al 95% de ganado (5 000
cabezas) hacia Cotopaxi, Chimborazo y Pastaza; y 20 cabezas murieron a causa de la
contaminación del pasto. (LCF).
Publicado el 19 de agosto de 2001 |