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HISTORIA DE QUITO


L
os orígenes históricos de la actual capital de los ecuatorianos no están muy claros y existen controversias al respecto.
Durante mucho tiempo se aceptó la versión difundida en el siglo XVIII por el jesuita Juan de Velasco, nuestro primer historiador, acerca de la existencia de una organización política y económica anterior a la conquista de los incas en los territorios que hoy ocupa nuestro país, y cuyo centro de poder habría estado en la zona de Quito. Velasco incluso denominó a este germen de Estado como 'Reino de Quito'.

Pero las actuales investigaciones históricas y arqueológicas parecen desmentir esta versión. Hoy se acepta la existencia de agrupaciones humanas más pequeñas y menos sofisticadas políticamente a lo largo de todo el país, a las cuales se ha denominado señoríos étnicos o curacazgos. En relación con la zona específica de Quito, estos se habrían asentado en los valles que rodean a la urbe moderna, debido a las bondades de su clima. Así, habrían existido señoríos étnicos en lugares como Zámbiza, Calderón, El Valle de los Chillos, Nayón, entre otros sectores.

Sin embargo, en lo que tiene que ver con la zona en que los españoles erigieron la ciudad, no hay vestigios arqueológicos contundentes que prueben la existencia de una gran urbe. A lo sumo, algunos historiadores conciben la posibilidad de que la región que hoy rodea al convento de San Francisco haya funcionado como un tianguez, es decir, un centro de comercio a donde acudían periódicamente los habitantes indígenas de las zonas circundantes para intercambiar productos.
Tras la conquista de nuestro territorio por los incas (siglos XIV y XV), Quito se habría convertido en el centro de poder político y económico, pero como región. Esto es, que la capital erigida por el Inca Huayna Capac en nuestro territorio, y que en algún momento habría competido en importancia con el propio Cuzco, no se asentó en la actual ciudad, sino más al norte, en la zona de Caranqui (provincia de Imbabura).

Y solamente cuando Sebastián de Benalcázar (o Belalcázar, según algunos historiadores), uno de los lugartenientes de Francisco Pizarro -el conquistador de Perú-, erigió el 6 de diciembre de 1534 el asentamiento al que denominó San Francisco de Quito en su actual ubicación, la ciudad empezó a tener existencia real.
Sobre las razones por las que Benalcázar escogió el lugar, la explicación más plausible parece ser la de la estrategia militar: en efecto, la sinuosa topografía original de la urbe, rodeada de numerosas y profundas quebradas, la hacía ideal como punto de defensa ante eventuales ataques de los aborígenes.
A partir de su fundación hispana, la ciudad vivió un proceso de rápido y dinámico desarrollo, que la llevó a ser designada centro de poder político, económico, judicial, militar y religioso el 29 de agosto de 1563, cuando se creó la Real Audiencia de Quito.


La importancia que había adquirido la urbe, en relación con otras similares, queda demostrado en el hecho de que el territorio asignado a la audiencia comprendía territorios que iban desde la actual región colombiana del Valle del Cauca hasta Maynas y Paita (en el actual Perú) y desde el Océano Pacífico hasta "las regiones que se descubrieren y conquistaren" en la amazonía.

Por desgracia, las difíciles condiciones geográficas y de comunicación de la época y la imprevisión e indolencia de las autoridades españolas hicieron que el título de capital no se ejerciera de forma absoluta en todos los territorios. Así, los habitantes de poblaciones como Cali, Popayán, Buga (hoy en Colombia) preferían, por ejemplo, acudir a Bogotá para buscar solución a sus dificultades administrativas. Cosa similar acontecía con asentamientos ubicados muy al sur, para quienes resultaba más fácil viajar hasta Lima. Incluso dentro del actual territorio ecuatoriano, los ciudadanos de Loja, Cuenca o Guayaquil encontraban difícil acceder al centro de poder, por lo que algunos sectores desarrollaron sentimientos regionales muy fuertes y, en algunos casos, anti quiteños; estos se sienten incluso hasta el día de hoy.
No obstante, Quito sí logró erigirse como un eje integrador de la zona centro y norte del territorio actual del país.

En relación con el ámbito económico, el siglo XVI fue testigo del florecimiento de una pujante industria textil. Las telas producidas en la región de Quito eran comercializadas en regiones tan distantes como Panamá y Bolivia.
De manera paralela a la producción de telas, en las zonas cercanas se produjo la creación de una industria agrícola y pecuaria extensiva. La principal forma de ganado que se crió fue la de ovejas, pues su pelaje complementaba la necesidad de materia prima textilera. Además, muchas tierras fueron dedicadas al cultivo de nogal y cochinilla, de donde se obtenían tintes para las telas. Adicionalmente, el aparecimiento del régimen hacendatario de tenencia de tierras y la fertilidad del suelo permitió la obtención de productos como papas, maíz, morocho, trigo, cebada y frutas, para el abastecimiento alimentario de la región.

En el ámbito artístico, la creación en la ciudad de escuelas de arte, a cargo de órdenes religiosas, permitió que los indígenas y mestizos pobres aprendan las técnicas de creación provenientes de Europa y las enriquezcan con su forma de expresión artística. Esta simbiosis produjo el aparecimiento de obras de gran calidad, que juntaron lo mejor de ambos mundos, y a las que se ha agrupado bajo el nombre de 'la escuela quiteña'. De entre el grupo de artistas nacionales de la época colonial merecen destacarse los nombres del pintor Miguel de Santiago y de los escultores Miguel Chili (a) 'Caspicara', José Olmos (a) 'Pampite' y Bernardo de Legarda.

En el plano arquitectónico, Quito ofrece también una de las muestras más extensas y hermosas de construcción religiosa, inspirada en el barroco europeo. Prueba de ello son las iglesias 'La Compañía', 'San Francisco', 'Santo Domingo', 'San Agustín', entre otras.
Durante los siglos XVII y XVIII, la ciudad y sus zonas de influencia soportaron el embate de la naturaleza que se manifestó en la presencia de constantes erupciones y terremotos.

El inicio del reinado de la dinastía de los Habsburgo en España marcó un aumento de las limitaciones de orden económico y político para los habitantes de las colonias americanas, entre ellas de los quiteños. Esta situación motivó el surgimiento de un sentimiento antihispano entre las clases adineradas. Los miembros de estas, influenciados por la independencia de los Estados Unidos y la propagación de las ideas de la Revolución Francesa, fueron madurando la idea de conseguir la emancipación política de España.

Como producto de este proceso, la madrugada del 10 de agosto de 1809, un grupo de "prominentes quiteños" destituyó al Conde Ruiz de Castilla como presidente de la Real Audiencia de Quito y constituyó un "gobierno popular" en su reemplazo. Este hecho es considerado el "primer grito de independencia" de la América hispana, pues aunque los habitantes de la ciudad de Charcas (Bolivia) se adelantaron y emitieron un pronunciamiento similar en contra de sus autoridades el 9 de agosto del mismo año, este no tuvo repercusiones en la práctica.

El gobierno quiteño logró, en cambio, sobrevivir 10 meses, hasta que las fuerzas realistas enviadas desde Lima y Bogotá sofocaron la sublevación y asesinaron a los dirigentes independentistas quiteños el 2 de agosto de 1810 en las mazmorras de la cárcel de la Audiencia.
Tras la declaración de independencia de la ciudad de Guayaquil, sucedida el 9 de octubre de 1820, los habitantes del actual Ecuador solicitaron la asistencia militar del Libertador Simón Bolívar para consolidar el proceso de liberación.
Bolívar, interesado en lograr la anexión de los territorios de la Audiencia de Quito a su proyecto de una gran nación americana, envió a Antonio José de Sucre al mando de tropas para ayudar en la campaña emancipadora.


La independencia del país se consolidó la mañana del 24 de Mayo de 1822 en las faldas del volcán Pichincha, que domina a la capital de los ecuatorianos, en una célebre batalla.
A partir de aquel momento, y tras las negociaciones producidas en Guayaquil entre Simón Bolívar y José de San Martín (el Libertador de Argentina y Chile), las regiones de influencia de Quito, Guayaquil y Cuenca pasaron a formar parte de la Gran Colombia, el sueño unitario de Bolívar.

Por desgracia, la época de permanencia de Ecuador dentro de la Gran Colombia contribuyó poco para el florecimiento de la ciudad, en particular, y del país, en general. Nos convertimos en punta de lanza y abastecimiento de los ejércitos que marchaban hacia la liberación del Perú, lo que condujo a una depresión de las actividades económicas y a una reducción de la población masculina, obligada a participar en las campañas militares a través de levas forzosas. Incluso nuestro territorio fue mermado a favor de nuestros vecinos próximos (Colombia y Perú).

Con la separación del Ecuador de la Gran Colombia en 1830, Quito pasó a ser designada como capital política de la nueva República, condición que la ha mantenido hasta ahora.
Durante el siglo XIX, fueron pocos los adelantos que tuvo la urbe. Inclusive sus límites físicos se mantuvieron casi inamovibles: el extremo norte ubicado en el parque de El Ejido y el extremo sur en la quebrada de Jerusalén, actual avenida 24 de Mayo. Además, los servicios básicos como arreglo de vías, agua entubada y electricidad llegaron bastante tarde.

No sería hasta mediados del siglo XX, que la ciudad se vería involucrada en un proceso de modernización, consistente en la generalización del uso de pavimento en las calles, aumento de la cobertura del servicio de agua potable y la multiplicación de la electricidad, tanto en las calles como en los hogares.

Sin embargo, estos intentos de organización urbana chocaron casi de manera inmediata con el violento proceso de crecimiento de la ciudad, ocasionado por la persistente llegada de habitantes desde todo el país como migrantes. Este proceso motivó a partir de los años 60 el surgimiento continuo de barrios marginales, los cuales crecen de forma desordenada y sin planificación.
No obstante, de manera paralela, la llegada de la época petrolera motivó también el surgimiento de sectores residenciales y comerciales modernos, en donde florecieron casas elegantes, altos edificios y modernos centros comerciales.

 

     
  

   PANORAMICAS DE QUITO
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