qui001.gif (1351 bytes) QUITO 2002
lsd{flsdlflfdldfg















 

 

Valor en el cierre de Feria

09002002.gif (56902 bytes)
Miguel Abellán de rodillas en el vibrante inicio de su faena
de muleta con el séptimo toro de la tarde

 

Por Santiago Aguilar C.
Especial para HOY


La entrega sin límites de Miguel Abellán y Fernando Robleño, la mansedumbre de los toros de Atocha y Campuzano Núñez y la lidia de dos toros adicionales fueron los hechos más sobresalientes de la última corrida de feria.

Al término de la lidia del sexto toro de la tarde, los aficionados se preparaban para abandonar la plaza embargados por una profunda decepción, la mansedumbre de los astados había dado al traste con el festejo epilogal del ciclo taurino quiteño. El modesto resultado artístico del espetáculo no correspondía a las expectativas de un público ávido de mayores emociones; sin embargo, la lidia de dos toros de Huagrahuasi corridos en séptimo y octavo lugares restituyó el entusiasmo del tendido y premió la paciencia del público. Se lidiaron un total de ocho toros, mansos y deslucidos resultaron los de Atocha y Campuzano Nuñez, con ellos Miguel Abellán, Fernando Robleño y Cruz Ordóñez estrellaron sus intenciones de triunfo. En el séptimo y octavo lugares se corrieron dos reses de Huagrahuasi con un fondo de mayor bravura, aunque acusaron mucho peligro.

Miguel Abellán demostró -una vez más- su sinceridad y entrega al buscar el triunfo por todos los medios posibles. Con su primero, manso y distraído, poco o nada pudo hacer. Porfió por el pitón derecho y robó algún muleazo de mérito, al final mató de una estocada casi entera. En el cuarto, instrumentó una faena inteligente y valerosa aprovechando las escasas condiciones de su manso y serio oponente. Se entregó a hora de matar y recibió una oreja, premio que repitió en el séptimo de la tarde, de Huagrahuasi, tras confirmar su inagotable voluntad, ejecutó muy buenos muletazos por el pitón derecho pese al evidente peligro del toro. Fue cogido y volteado antes de dejar una estocada entera que le abrió la puerta grande.

El madrileño Fernando Robleño demostró su fondo de afición, valor y capacidad técnica al resolver tres complejas papeletas. En el segundo manso de la tarde ya apuntamos su hambre de gloria, ratificada en el quinto, al que robó muletazos por el pitón derecho que le costaron una voltereta. Mató con verdad y dio una vuelta al ruedo. En el octavo se jugó la vida ante el toro más serio y ofensivo de la feria, un cinqueño de Huagrahuasi que intentó cogerlo a todo momento; pese a ello, el torero extrajo varios derechazos de gran mérito. Pese a la estocada entera, necesitó de varios golpes de verduguillo para terminar con su enemigo. Fue ovacionado.

El ecuatoriano Cruz Ordóñez cumplió una discreta actuación, las complicaciones del encierro terminaron por desanimar al torero; sin embargo, dejó ver algún detalle de su fino corte al manejar el capote. En el tercero, la falta de acoplamiento se convirtió en enganchones y desarmes, mató de estocada baja. En el sexto las dudas se repitieron y tras algunos intentos de torear de muleta por los dos pitones, se perfiló para matar y consiguió una estocada entera.