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En tarde triunfalista se cortaron
cinco orejas y los toreros
salieron en hombros

Cátedra de Esplá en Iñaquito

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El toreo con la mano derecha de Luis Francisco Esplá a Cantaclaro de Huagrahuasi

 

Por Santiago Aguilar C.
Especial para HOY


El séptimo festejo de la Feria Jesús del Gran Poder registró un saldo final de cinco orejas cortadas por la terna compuesta por los matadores Luis Francisco Esplá, Antonio Ferrera y Juan Pablo Díaz quienes estoquearon ejemplares de las ganaderías de Huagrahuasi y Triana.

La exhuberante cifra de trofeos concedidos y la salida en hombros de los espadas no reflejan la realidad de lo que sucedió en el ruedo de la Plaza de Toros Quito, pues, la actitud dadivosa del presidente de plaza determinó la sobrevaloración de la labor de los toreros. Los sucesivos errores de apreciación, crearon un clima de injusticia, menoscabaron la calidad del espectáculo e infringieron un fuerte golpe a la imagen y a la jerarquía de la plaza y de la Feria.

El encierro compuesto por reses de Huagrahuasi y Triana ha sido, con diferencia, el más serio de los lidiados a lo largo del ciclo de corridas. Toros de correcto trapío, rematados con ofensivas cornamentas, que contaron además con el fondo de raza y calidad que facilitó el quehacer de los diestros. Pese a la escasez de fuerzas de varios astados, sobre un notable conjunto destacaron Bramador y Retoñito corridos en tercer y sexto lugar, respectivamente.

En una corrida de aire triunfalista supo destacar con nítidez el veterano torero español Luis Fancisco Esplá quien convirtió al ruedo de Iñaquito en un aula en la que ejerció con gran seriedad su cátedra taurina. En el primero, Pajarero de Triana, toreó con vitosidad de capote, compartió el tercio de banderillas con sus alternantes, con la muleta atemperó peligrosas embestidas y luego de la estocada aguantando, cortó una oreja. En el cuarto, Cantaclaro de Huagrahuasi, su magisterio y torería crecieron; al saludo por verónicas sucedió el quite por orticinas y faroles y tres sobrios pares de banderillas. Con serenidad recetó derechazos y naturales a un toro que reclamaba una muleta sapiente. Ejecutó la suerte de recibir a la hora de matar y dejó una estocada baja que no le impidió conseguir una oreja.

Antonio Ferrera lidió con acierto al segundo de la tarde, del que extrajo interesantes series de muletazos por el pitón izquierdo, factibles gracias a una adecuada propuesta técnica. El mando con que manejó la muleta y una estocada caída de rápido efecto le permitieron cortar una oreja, premio que repitió con el entablerado quinto pese a su discreto quehacer.

El compatriota Juan Pablo Díaz volvió a rozar el triunfo, en el cuarto, un toro de alta nota y nobilísima embestida, logró una voluntariosa y aseada faena de capote y muleta, pródiga en desplantes y adornos. Cobró una estocada entera y alcanzó una oreja.

En el sexto, el bravo y repetidor Retoñito de Triana, banderilló con facilidad y su labor muleteril bajó de tono pues no consigiuió acoplarse a las claras embestidas de la res. Nuevamente mató con gran solvencia y dio una vuelta al ruedo con petición de oreja.