Los coches de
madera, a 140 Km/h en Las Casas
Las fiestas de Quito se pusieron en marcha
gracias a la tradicional carrera de Coches de Madera que organiza Radio Bolívar. Familias
enteras se aglomeraron para mirar a sus hijos competir en el vertiginoso descenso de la
avenida Las Casas, en un recorrido que permitió desarrollar velocidades de hasta 140
kilómetros por hora.
Cerca de un millar de personas se desplegó en la empinada transversal quiteña, que
lucía limpia sin residuos de ceniza, y disfrutó por tres horas de las emocionantes
competencias, en medio de un imponente sol.
La primera válida contempló diez mangas, cada una con cinco competidores. La octava fue
la más rápida y la novena, la más apretada.
El mejor tiempo, 1m13s correspondió a Santiago Valencia, de 14 años, lo cual le permite
acceder, junto con los dos mejores registros de cada lanzada, a la prueba final, que se
correrá la noche del 4 de diciembre en la avenida Río de Janeiro, sector de San Juan.
(ROB)
Publicado el 17 de noviembre de 2002 |
| La historia sin
fin de los coches de madera
Si de coches de madera se trata, la familia
Valencia está al día. Lleva más de 30 años dedicada a fabricar estos simpáticos
carros, además de participar en la tradicional carrera que forma parte de las Fiestas de
Quito.
Pese a ser fabricantes, no se han caracterizado por los triunfos, sino por la alegría que
propinan al evento. "No somos conocidos por campeones, somos conocidos por ser
bastantes", señala René Valencia de 47 años, quien no deja de bromear con las
anécdotas sin fin de la competencia quiteña.
Toda la familia es parte de la laboriosa creación de los carros. Doña Lucila, de 54
años, y su hermano Edmundo Valencia, de 48, son los más antiguos. René cuenta que de
niños se robaron parte del lecho de sus padres para fabricar un coche y participar por
primera vez, "solo se dieron cuenta que faltaban las tablas cuando se cayeron de la
cama".
Ahora son 10 competidores, en años anteriores han llegado hasta con más de 15 coches a
participar y en alguna ocasión no intervinieron. "Una vez, preparando los coches,
nos tomamos unos tragos, nos dormimos y no llegamos a la carrera", comenta y sonríe
René.
Tienen historias de nunca acabar sobre este curioso torneo de velocidad. Doña Lucila dice
que una hermana lideraba la carrera pero al final se confundió de pancarta y paró frente
a un aviso publicitario que estaba cerca, en lugar de ingresar a la meta.
En otra ocasión, a un sobrino suyo le vencieron los nervios, "creímos que se le
rompió el radiador, pero lo que pasó es que le ganaron las necesidades
biológicas".
Las anécdotas no paran. En otra ocasión le prestaron un coche a un vecino, quien hoy es
parte de la familia luego de casarse con una de las hermanas Valencia, "le prestamos
el coche y se va llevando hasta mi hermana", dice René,
De esta manera, lo que iniciaron los hermanos Valencia lo prosiguen sus hijos, sobrinos y
nietos. Después vendrán más generaciones que correrán por afecto a los coches de
madera que son elaborados en la cerrajería familiar ubicada en el mercado Los Andes, al
sur de la capital. "Cada año nos unimos más". (ROB)
Publicado el 16 de noviembre de 2002 |