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CUENCA REZA AL NIÑO VIAJERO
La abigarrada procesión que por más de cuatro
horas se sucede lentamente por la calle Bolívar de Cuenca, cada 24 de diciembre, es
alucinante: multicolores carros alegóricos, música variada, gente de toda condición
social y económica confluyen en un solo escenario y con un solo propósito, homenajear al
Niño Viajero, la víspera de navidad.
Es el
día más lindo del año, la fecha para la que se han preparado niños, jóvenes y
ancianos, las mujeres y los hombres de la ciudad y del campo, parte vital de la
manifestación, símbolo de la cuencanería.
Por eso concita el entusiasmo no solo de los comarcanos, sino de turistas nacionales y
extranjeros que llegan a "acompañar a la imagen".
Entre flores y villancicos
De allí que el 24 de diciembre, Cuenca huela a flores de campo, suene a villancico, vibre
con la presencia de los mayorales, hermosos niños que adormitados de cansancio recorren
la procesión en caballos ataviados con dulces, panes, frutas, caramelos, animales vivos y
otros sabrosamente preparados y una generosa dotación de licores, todo como ofrenda al
Niño.
El desfile abre el ángel de la estrella y detrás una sinfonía de imágenes y escenas se
suceden ante la mirada atónita de miles de personas que se han apostado desde temprano en
balcones y aceras para presenciar esta pintura en movimiento.
En efecto, imágenes bíblicas como las del rey Herodes, la Anunciación, la visita de los
reyes magos, etc. desfilan por las calles y junto a ellas la guapa morlaquita, soberana de
la juventud cuencana, acompaña la procesión que exhibe también retratos de hombres
ilustres, y representaciones de colegios.
El estatus familiar
También el pase del Niño Viajero pone en evidencia el estatus de las familias
campesinas. El lujo de sus atuendos, el valor de las ofrendas, la magnificencia de los
mayorales son exhibidos con orgullo por los campesinos, hoy con economía dolarizada, por
los familiares emigrantes.
Así, cada uno de ellos tiene la "obligación" de demostrar que su economía es
boyante, dando al Niño "lo que éste se merece". Un chancho hornado, un pavo o
un cuy llevan en sus hocicos billetes de diez, 20 y hasta 50 dólares.
Mientras tanto, las cholas de la región, convidadas a la celebración, junto a su
donosura exhiben sus mejores galas, con pollera y bolsicón nuevos; en tanto los hijos de
los inmigrantes, han cambiado sus ropaje autóctono, por importados de la mujer maravilla,
charros mexicanos, el hombre increíble, o Batman que lleva en sus brazos la imagen de un
Niño Dios; celebración profana y religiosa, esencia de nuestro pueblo.
El pase del Niño, igualmente, desarticula la tradicional estructura socio-económica:
hijos de banqueros e industriales de Cuenca comparten el carro alegórico con las hijas de
empleadas y hermosas campesinas, de piel bronce y mejillas sonrosadas, venidas de las
haciendas. Tampoco importa el credo y la religión; allí están los árabes danzando con
ángeles; la mujer maravilla de la mano de Herodes; el chavo del ocho feliz entre los
saraguros y los negros danzan con los jíbaros y los reyes magos; sincretismo excepcional,
una magia que no termina de cautivar a los devotos, que extasiados contemplan el desfile.
(REVISTA DOMINGO - Diario HOY -2000).
MISA
DE GALLO
Una vez que se encuentra ya la imagen del Niño
Jesús en el puesto preferido y arreglado en la Iglesia, se procede a celebrar a media
noche, del día 24 de diciembre, la Santa Misa, que popularmente se la llama "LA MISA
DEL GALLO". El sacerdote oficiante de la Liturgía de esta fecha, en su homilía hace
referencia al gran significado del Nacimiento de Cristo, que vino a la tierra, para
comvertirse en el Salvador del Mundo, trayendo Paz y amor a los hombres. El máximo
acontecimiento de la Navidad, es la venida de Jesús.
Esta es una de las más bellas y arraigadas tradiciones del pueblo católico ecuatoriano,
que tiene sus origenes desde los inicios de la iglesia católica y que perdura hasta
nuestros días.
La Misa de Gallo se celebra la noche del 24 de Diciembre a las 24 horas, para amanecer el
25 en un marco bellamente adornado con hilos de heno, escarcha y esferas; la misa se
celebra para conmemorar el nacimiento del Niño Dios y en ella las 2 lecturas y el
evangelio se enfocan a narrar el nacimiento de Jesús.
En la mayoría de los templos se levanta un nacimiento en el que destacan las figuras de
José, María y el Niño Dios, el cual se coloca al empezar la misa y al final de ella se
le cantan arrullos y villancicos y se les da a besar a los feligreses, los cuales después
de la misa van a sus hogares en donde el Niño Dios ya se ha hecho presente en forma de
dulces, juguetes, ropa, galletas y sobre todo alegría.
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