Con espíritu de torero

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El novillero ecuatoriano, Guillermo Albán, torea de capote
en la plaza de Iñaquito

Por Santiago Aguilar
Especial para HOY

Los alumnos de la universidad norteamericana de Cornell, curiosos y sorprendidos, miraban a un joven sudamericano que, con una toalla en sus manos, efectuaba lentos y extraños giros en los estrechos pasillos de la residencia estudiantil. Pocos se atrevieron a preguntarle sobre el inusual rito que producía un claro deleite a su intérprete.
Esto sucedía en 1990, año en que Guillermo Albán dedicaba sus mayores esfuerzos intelectuales a culminar su carrera de economía. Sus escasos momentos de descanso los consagraba a cultivar su extraordinaria afición a los toros que ya amenazaba con desbordarle. Más de un sacrificio debió realizar para que los textos, sobre productividad y leyes del mercado, no resultaran desplazados por el capote y la muleta.
Sin embargo, tras recibirse de economista, el torero que llevaba en el alma se impuso.

De la universidad a la plaza

De vuelta al Ecuador, varias invitaciones de amigos ganaderos, a fiestas y tentaderos, terminaron por potenciar su vocación, pero su Guayaquil natal no era el medio más adecuado para la formación de un torero. Decide, entonces, viajar a México, donde desarrolla su aprendizaje e inicia formalmente su trayectoria de novillero. En más de una ocasión estuvo a punto de abandonar su nueva e incipiente profesión, desilusionado por las dificultades encontradas.
Con su debut como novillero en ruedos mexicanos, en 1992, su carrera encontró el cauce definitivo. Llegaron los primeros triunfos y con ellos la ocasión de presentarse en su tierra. En 1993, Guillermo Albán hace el paseíllo en la plaza de Toros Quito. Luego de una correcta actuación inicia una larga comparecencia en la primera plaza del país, donde se identifica plenamente con la afición.

De Quito a Madrid

Tras los triunfos en Quito, Guillermo Albán viaja a España para continuar con la difícil tarea de cuajarse como novillero. De mano del maestro Manolo Escudero actúa en dos temporadas consecutivas. Su solvencia técnica lo impulsa a comparecer ante la afición de Madrid, sin duda, la más exigente del mundo. Al establecer esos hitos en su campaña, un Guillermo Albán mucho más experimentado, maduro y seguro, suma un total de 13 festejos en plazas españolas y francesas.
Hoy llega al día de su alternativa con el oficio aprendido, sintiendo la gran responsabilidad que supone el convertirse en matador de toros y, por sobre todas las cosas, reivindicando sus convicciones y aspiraciones.
No en vano han transcurrido siete años desde que Guillermo Albán exorcizó aquellos espíritus que lo consumían y liberó al torero que llevaba dentro.

Seria novillada en Iñaquito

toro85.gif (52469 bytes)El debut del novillero mexicano Polo Casasola fue auspicioso

"Yo quiero ser torero", una y otra vez, decían hacia sus adentros los tres novilleros que hicieron el paseíllo ayer en la plaza de toros Quito. Es que los jóvenes espadas, debieron apelar a toda su afición, valor y conocimientos para lidiar una serísima novillada de los hierros de El Pinar y Santa Rita.
Seis novillos de correcta presentación, cuajados y astifinos, asistidos por importantes dosis de raza y temperamento, fueron los elementos que determinaron que el espectáculo taurino de ayer, estuviera cargado de verdad, emoción y peligro.

Los novillos

Bajo el denominador común del trapío, las reses de El Pinar saltaron al ruedo en primero, cuarto y quinto lugares, Avispado, blando y descompuesto, Quisquilloso enrazado y bueno para el torero, y Holgazán bravo, encastado y noble.
Los novillos de Santa Rita, también de notable trapío, fueron lidiados en el segundo, tercero y quinto lugares. Soñador, colaboró en la muleta, Pocas-Pulgas, descastado y peligroso y Quisquilloso, bravo y codicioso.
Con esta materia prima, los toreros tuvieron que esforzarse para resolver una difícil papeleta y tratar de dar la talla que reclama un festejo de temporada.
El novillero colombiano, Ramiro Cadena, se mostró sobrio y seguro en el manejo de capote y muleta. En el primero de la tarde su quehacer adquirió interesantes niveles de calidad, pero el errado uso del estoque malogró su faena. En el quinto, lo notamos desconcertado; una fuerte voltereta al torear de capote hizo que su faena de muleta nos supiera a poco, aunque instrumentó naturales de buen trazo.

Casasola, triunfador de la tarde

Sin duda el triunfador de la tarde, más allá de cortar la única oreja del festejo, el espada mexicano es ya un matador de toros sin alternativa. Su solidez y solvencia en el manejo de la técnica del toreo le permitieron aprovechar las notables condiciones del quinto de la tarde, al que recetó una poderosa y templada faena de muleta.

Juventud, valor y voluntad

José Luis Gordillo, el más joven de la terna, superó con voluntad y valor las graves dificultades que presentó Pocas - Pulgas de Santa Rita. La seriedad del novillo y la cogida sin consecuencias que sufrió, llenaron de drama su presentación. En el sexto se superó y consiguió buenos muletazos con la derecha. Le notamos los vacíos técnicos propios de su corta carrera. Debe seguir adelante.
En suma, una novillada interesante, con un destacado saldo ganadero.

Publicado el 2 de diciembre de 1999

 

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