El ganado bravo
El toro que sale a los ruedos lleva detrás de sí muchos años de
esfuerzo y cuidados especiales en el campo. Sus características físicas y su carácter
son el producto de diversas pruebas a las que es sometido, de una buena y balanceada
alimentación, del clima y de la selección de sangre, entre otras muchas. Por esta
razón, quienes se dedican a este oficio aseguran que es una actividad cuyos frutos
mejores los cosechan las siguientes generaciones.
Como todo lo que rodea la fiesta brava, la crianza del ganado bravo está llena de
mística y de belleza. En esta página, una aproximación a lo que es el toro de lidia en
su propio hábitat.

El toro
de lifia infunde respeto dentro de la plaza y fuera de ella
Un
oficio de alquimia
El toro ya de por sí es un
espectáculo. En el campo, en el trigal, cuando lo enchiqueran, cuando sale. Solito él.
No necesita de capa, de muleta, de banderilla, de roseta, nada. No necesita de nada.
Manolo Franco
Toque de trompetas que anuncian el primer
tercio. Se abren las puertas de toriles y aparece en la arena una figura imponente, de
hermosas formas, ágil y fuerte. Un murmullo de comentarios se generaliza en los tendidos:
es un ejemplar bellísimo. Luego de algunas vueltas y varios capotazos, las trompetas
anunciarán el cambio de tercio y, con ello, las pruebas que permitirán calificarlo más
allá de cómo se ve.
Todas estas características no son producto del azar. Detrás de ese ejemplar y de su
comportamiento existen muchos años de investigación, sacrificio y dedicada labor en el
campo. Una labor que mucho se asemeja a la de un alquimista en su laboratorio.
Detrás de ese ejemplar está el ganadero y cada una de las decisiones que, en los años
de crianza, va tomando para moldearlo, tal como una escultura. Con la misma pasión y la
mística que requiere una obra de arte.
Detrás de ese ejemplar se encuentra un meticuloso proceso desde que nace hasta cuando
asustado y estresado sale a la plaza para dar una lucha a muerte o tal vez salvar su vida,
donde hay mucho de suerte y de embrujo.
Están los parajes de la serranía, donde pasea imperturbable su casta y su bravura, la
alimentación, las pruebas de tienta; la larga selección del semental.
En este fascículo, una aproximación a la crianza del toro de lidia, su historia en el
Ecuador y un tributo a ese hechicero, científico y artista que es el criador de ganado
bravo.
En los páramos de
la serranía
"La taurología es la
ciencia del toro de lidia. en el estudio científico del toro de lidia cabe la biología,
la veterinaria, la zoología, la genética, la ecología y otras ciencias sociales como la
economía, la
ciencia y la filosofía de la religión, la historia, la mitología y el folklore."
Jorge Laverón, investigador español
El vaquero inicia, entre la espesura del
campo, la búsqueda del becerro recién nacido, al que la madre ha ocultado por instinto.
Sorteando la celosa presencia de la vaca brava, se acerca con cuidado y verifica que ha
llegado uno nuevo al grupo. Así comienza la vida del toro de lidia en los páramos de la
serranía.
A las pocas horas, el pequeño becerro salta entre las patas de su madre y, poco a poco,
se une al resto de la camada de un mismo padre que permanece en un lugar determinado de la
hacienda. Los juegos entre los pequeños demuestran muy temprano su casta brava.
Desde lejos, el ganadero, con el cuidado de quien maneja un laboratorio, observa uno a uno
los movimientos de los recién llegados -a cuyas madres se ha dedicado durante los nueve
meses de gestación- y abre una hoja en el celosamente guardado libro de la ganadería, el
tesoro más preciado de un criador de ganado bravo, donde constan todos los secretos de
sus terrenos.
Llama la atención los cuidados y delicadeza en la crianza de tan bravo animal. Cada paso
que se da en los primeros meses es decisivo para hacerlos parte de un encierro, un
semental o una vaca brava que los procree.
Cerca de los nueve meses, se desteta a los becerros y comienza su primera faena: la del
herraje, que dejará marcada en ellos el origen de la divisa bajo la cual se crían.
Machos y hembras son separados a distintos lugares de la hacienda donde esperarán llegar,
a los dos años y medio, a la tienta: el tribunal que los juzgará como buenos
especímenes de su raza. Mientras tanto, se preparan caminando, con sus hermosas formas,
por los pastizales, terrenos marcados -por el alambrado y por las leyes de la naturaleza-,
en una profunda soledad. Y con gran sensibilidad, oculta bajo su majestuosa presencia,
tendrán el privilegio de crecer al pie de un volcán o un nevado, como una auténtica
postal ecuatorial, siempre bajo la cuidadosa tutela del ganadero.
Su debut en los ruedos deberá esperar pacientemente el trabajo de alquimia del criador
quien irá viendo en sus características físicas y en su actitud, la posibilidad de
incluirlo en un encierro. Pero su enigmática existencia continúa puesto que ni siendo el
escogido se conocerán a ciencia cierta sus cualidades, sino hasta que se de el duelo a
muerte con el torero, en alguna plaza del mundo.
Yo te bautizo...
Se pudiera creer que el nombre que lleva el toro de lidia es proporcionado al azar o
capricho por el ganadero o por el mayoral o vaquero. Sin embargo, hay algo de ciencia en
esto: el nombre de los machos deriva directamente del de la madre. Si la progenitora lleva
el nombre de "Clavelina", su hijo se llamará "Clavelino". Si la madre
se llama "Domitila", el vástago se llamará "Domitilo". Los nombres
del resto de crías de la camada o reata conservarán las primeras tres letras del nombre
de la madre, por ejemplo, "Dominico" o "Dominicano" o
"Dominador".
En el caso de las hembras, es costumbre el bautizarlas después de la tienta, dejando a la
imaginación de sus dueños o mayordomos de las haciendas, pero casi siempre ligados a la
camada o reata de las cuales provienen.
Algunos ganaderos suelen reservar iniciales concretas para los nombres de los becerros,
dependiendo su origen o casta.
El hábitat del toro
En el Ecuador, las ganaderías de
toros bravos se han asentado y
desarrollado exclusivamente en los páramos de la serranía, en las estribaciones de las
montañas, con clima
Antaño se creía y hasta ahora en ciertas
regiones que los pastizales de algunas regiones tienen relación directa con la bravura de
los toros de lidia y que cualquier otro alimento que no sea la hierba de los campos
generaba mansedumbre. Sin embargo, es cierto que existe una variedad de pastos y que cada
uno tiene sus características y conveniencias.
Actualmente, se ha hecho indispensable por las exigencias de presentación y peso de las
reses, el someterles a una dieta que contiene además sales minerales, cereales,
leguminosas y azúcares preparadas en piensos.
En todo caso, la alimentación de las reses bravas depende de su edad; así, desde que
nace hasta los diez meses, se alimenta de leche materna, por tal razón la madre debe
estar bien nutrida. Luego del destete, los añojos, los erales, los utreros y los
cuatreños, reciben la nutrición aconsejada por sus nutricionistas y veterinarios.
La cría de los toros bravos está asociada, por lo general, con la cuenca de los ríos.
Para muchos, el trapío, el color, la bravura, el poder y más características de los
toros, dependen del lugar de donde provienen, en una suerte de "contaminación"
con el medio.
En España se cría en lugares de climas más adversos, lo que por muchos ha sido
relacionado a la bravura.
Siete años de
espera
Además de probarse sus
características en la tienta, se estudia la
historia familiar del candidato. Unicamente se dará por concluido el
proceso cuando el ganadero esté satisfecho con el desempeño de sus hijos
'La ganadería brava es cosa de
brujos", decía Don Joaquín Buendía quien, seguramente, pensaba en el hecho de que
siete años son necesarios para saber si un toro sirve para semental.
Y es que la elección del semental constituye una de las elecciones más delicadas y
trascendentales de cuantas debe tomar el ganadero. Cada uno de los escogidos de entre los
erales (dos a tres años) de la camada, es padre de treinta o cuarenta crías.
Existen dos maneras de elegir un semental. La primera es la tienta de machos: los que
mejor juego dieron a campo abierto y, entre ellos, los de mejor tipo, serán los
escogidos. La segunda forma es estudiando su ascendencia y descendencia, sacando los de
mejor familia. Los seleccionados por uno o por otro método (no más de cinco o seis) son
llevados a la plaza de tientas para probarlos en el caballo. Los toreros no utilizan el
capote para pararlos, sacarlos del caballo y volverlos a poner en suerte, se valen de las
piernas y de unas ramas peladas.
Todos lucirán sanos y sin defectos físicos (toros limpios).
En la plaza, el eral recibirá tantas puyas sean necesarias hasta que evidencie su falta
de cualidades. En caso de que muestre clase y bravura durante ocho o nueve puyazos se le
quemará (invalidarlo para su lidia en corridas o novilladas), utilizando ya los capotes
para pararlo y colocarlo en suerte, hasta que tome doce, quince y hasta veinte puyazos, en
los que no deberá hacer nada "feo", como lo describe el investigador español
Santi Ortíz. Tendrá que demostrar clase, fijeza y claridad en la muleta, sin aburrirse
ni desfallecer. Y si lo logra, habrá superado la prueba; caso contrario, ira de cabeza al
matadero.
En este punto surge otra pregunta: ¿Será capaz de transmitir el toro que superó la
prueba todas esas cualidades a su descendencia? Para despejar la incógnita se le enlota
(encierra) con 20 a 25 vacas y se le retira una vez cubiertas estas. Luego se tentarán
sus hijas cuando sean eralas. Un año más tarde se lidiarán sus hijos como utreros en
novilladas y se observará el resto de su prole, como utreros también, en festejos
mayores.
Concluye el proceso: si tuvo buenos resultados con su prole será semental de plantilla.
Si tiene malos resultados será sacrificado. Han pasado siete años. |
De becerro a novillo
Los becerros
permanecen hasta los 9 meses con su madre. Los machos son separados de las hembras a los 9
meses
El becerro nace, después de nueve meses
de gestación, en un grupo de reses llamado punta. En ella se encuentran un semental y
hasta 30 vacas bravas reproductoras.
Durante los primeros nueve meses se
alimenta únicamente de leche materna y permanece junto a las crías de la misma camada,
sus madres y el semental.
A los nueve meses el toro es destetado y
herrado. Con un hierro caliente se marca, en su costado la divisa de la ganadería.
Inmediatamente, los machos son separados
de las hembras y ubicados en diferentes puntos de la hacienda ganadera.
Las edades del toro

Añojo
Becerro de uno a dos años.
Eral
Novillo de entre dos y tres años.
Utrero
Novillo que ha cumplido los tres años.
Cuatreño
Toro de cuatro años.
Desecho
de cerrado
Toros defectuosos como los tuertos, mogones y despitarrodos.
Desecho
de tienta
Los que, en la prueba, demuestran poca bravura y codicia.
Desahijar
Separación de las crías de sus madres. |
Morucho
El toro que procede de padre bravo y madre mansa, o viceversa.
|
Cunero
El toro de origen desconocido, un toro que ha escapado al control del criador. Hecho
curioso, pero no del todo infrecuente. |
Reata
Antecedentes genealógicos ganadores. |
Piara
Conjunto de gran número de reses. |
Punta o Hatajo
Un conjunto de pocas reses. |
La tienta
La tienta es la prueba que el ganadero
realiza a sus erales para apreciar o comprobar la bravura de machos y hembras. En ella, el
ganadero es el juez, es quien dirige personalmente la tienta como si tuviese una lupa; de
sus errores o aciertos depende el éxito o fracaso de su ganadería. Es ejecutada por el
tentador (generalmente el mayoral de la ganadería) y un matador de confianza del ganadero.
La tienta de machos

La tienta de hembras en la plaza constituye un verdadero experimento de alquimia. La
prueba en el caballo es la primera: se le ubica a la vaquilla contra querencia para que le
cueste acudir, y luego de cada puyazo, se le coloca lejos de la cabalgadura, para que
arranque una y otra vez. No deberá escarbar o exponer cualquier otra manifestación de
mansedumbre. En el caballo se capta no solo la bravura de la becerra, sino la fijeza de su
embestida, el son que lleva en ella, si lo hace derecho, la distancia a la que se arranca,
si es pronta o tarda, si se estrella en el peto o le busca las vueltas al caballo, si se
entrega o se defiende.
En la primera vara, la vaca deberá colocarse a una distancia razonable; en los sucesivos
puyazos se colocará más lejos, si ha peleado con clase.
La segunda parte de la prueba se lo realiza con la muleta, donde el diestro probará a la
erala por los dos pitones, para medir su nobleza.
La tienta de hembras

No siempre están de acuerdo los ganaderos en el tentadero de machos; para unos, el toro
debe llegar a la lidia totalmente virgen para evitar cualquier resabio. Un toro avisado
(toreado previamente) debe quedar invalidado para la lidia, porque llega a conocer los
engaños y comienza a buscar el cuerpo. Por lo tanto, la tienta de los machos se reduce a
la prueba con el picador, sin que intervenga capote ni muleta. Es aconsejable que la
tienta de machos se realice en campo abierto, en su hábitat natural, ajena a corralones,
portones, burladeros o tapias que se pueden grabar en la memoria del becerro y puedan
echar a perder la corrida cuando sea toro. La prueba de bravura comienza por el derribo
del animal, precedido por el juego de hacerlo correr hacia la querencia, donde le esperan
las picas. El picador deberá colocarse de tal forma que deje libre su camino natural, tal
como lo hace en el ruedo: el becerro entonces es libre de irse o quedarse y pelear. En las
dos o tres veces que entra al caballo, el ganadero, al igual que en la tienta de hembras,
observará si eral es fijo, si duda en arrancarse, si escapa, la distancia a la que
embiste, si embiste de frente o de costado, su galope, si trota o se viene andando, si se
estrella contra el peto o se frena; si humilla o lleva la cara alta, si empuja con fijeza
o cabecea.

Un hábitat de frío y altura
En el Ecuador, el toro de lidia se cría en
los páramos de la serranía y en las estribaciones de los volcanes y nevados, a más de
tres mil metros.
Su dieta básica se compone de pastizales y es complementada con alimento balanceado que
contiene sales minerales, cereales y leguminosas.
Ganaderías del Ecuador
Existen más de treinta ganaderías de
toros de lidia en el Ecuador. La mayoría de ellas se asientan en los páramos y
estribaciones de los volcanes y nevados de las provincias de Pichincha, Cotopaxi,
Tungurahua y Chimborazo.
La crianza de ganado bravo está categorizada en tres tipos de ganaderías, según el
reglamento de crianza y se basa, principalmente, en el origen de las reses: ganaderías
del primer grupo, ganaderías de segundogrupo y ganaderías del tercer grupo.
Todos quienes se dedican a esta actividad deben estar reconocidos por la Asociación de
criadores de ganado de lidia del Ecuador.
Primer grupo
Pura procedencia ibérica: el padre y la madre son de España o Portugal y las crías
nacen en el Ecuador.
Segundo grupo
Ganaderías formadas por vacas nacionales de media casta y sementales del primer grupo.
Tercer grupo
Puntas compuestas por vacas criollas y sementales del primer grupo.

Los colores y los hierros son la identidad de una ganadería. En más de una ocasión, se
elaboran a la manera de monogramas, con las letras de los nombres y apellidos de los
dueños.
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