La afición quiteña

Afición: pasión y tesoros

"Abandonar la condición de simple espectador y pasar a la de buen
aficionado requiere iniciación: no todos pueden contar con el maestro que les ayude a desentrañar ese universo tan complejo que es el mundo de los toros"
José Del Moral

toro92.gif (62558 bytes)RELIQUIA. Por lo general, los rincones taurinos son coronados por cabezas de toro con alguna historia. Este, que se encuentra en el rincón taurino de Humberto Jácome, es un ejemplar de Miura que desorejó "El Viti", en 1967.

La fiesta brava traza su historia basada en un relato compartido: toro, torero, y sin lugar a dudas, afición; toda esa gente que llena tarde a tarde los tendidos y que sabiendo mucho o sabiendo poco, son los testigos del ritual.
Sin embargo, se sabe que de toros se aprende solo a base de ver, ver mucho y saber ver cuando se ve, decía algún entendido. Eso es lo que son los aficionados de verdad, en definitiva, gente que ha visto muchos toros saltar al ruedo, pero más que nada, que ha aprendido a verlos, a admirarlos y a "leer" en ellos.
Ser aficionado es participar de una devoción, de una creencia, de cierta manera, hasta de un culto. Un culto que se lleva en las venas; es por esto, que quienes comparten sus historias en estas páginas han decidido darle a la fiesta un poco más que su admiración: un lugar en sus casas donde atesoran recuerdos de tardes de gloria o de tragedia, objetos, trajes, documentos de la historia taurina, carteles, obras de arte y hasta testimonios de propias vivencias.
Y más allá de coleccionar piezas fríamente, conocen y creen en lo que cada uno de esos trofeos significa y lo describen con tanta vehemencia que, literalmente, vuelven a vivir cada momento.
Estas páginas son un tributo a todos los aficionados de Quito, los que aquí constan y los que no, que con su pasión permiten que la fiesta siga viviendo.

Una historia contada a pincel

Una secuencia de los más de 80 cuadros que conforman esta colección podría convertirse en la más detallada narración de la fiesta brava

toro93.gif (44940 bytes)PATIO. Hierros de ganaderías famosas, carteles y algunas obras enmarcan este escenario de tertulias y reuniones taurinas: un patio interior diseñado en cerámica andaluza

Más de 80 cuadros de pintura taurina forman la colección de Carlos Solines, en su quinta en el valle de Los Chillos.
Dominan la escena ocho grandes lienzos de Fausto Machuca, un pintor riobambeño de la década de los cincuentas, que pintaba pasajes de toros y toreros en cuadros de gran tamaño y con colores muy vivos.
Mientras se sigue recorriendo el salón principal se descubre una colección de tintas de Oswaldo Viteri, con todas las suertes del toreo, y otra de acuarelas de Ramón Gortaire, que expresan gran movimiento y plasticidad.
Una secuencia de todos estos cuadros permitiría narrar una a una las facetas de la fiesta brava: desde la vida del toro en el campo hasta la suerte suprema. Lienzos de los ecuatorianos Moncayo, Pedro Herrera, Teodoro Gómez de la Torre y Marcelo Tejada acompañan a los del español Alvaro Pradera, en la narración imaginaria.
Y extensa. En todos los cuartos de la parte baja de la casa existen enmarcadas una y otra tela y cartulina avivadas con las más diversas técnicas. Pero la colección no termina ahí: las obras continúan su camino hacia el piso superior. En el descanso, una réplica de la imagen del Jesús del Gran Poder, patrono de la Feria de Quito, supervisa el recorrido.
En medio de las obras, una de las pocas reliquias taurinas que conserva: el primer rabo cortado por Santiago Martín "El Viti" en Quito, en 1970.
También hay una que otra fotografía de sus actuaciones, como aficionado práctico y vestido de corto y carteles y fotografías de sus hijos, quienes comparten su pasión.
Su colección es la prueba material de la afición que tuvo desde muy pequeño hacia la fiesta brava y todo lo que se desarrolla a su alrededor. Forma parte de la ya legendaria peña taurina "El Siete" y no se pierde, a pesar de ser abogado y no médico, ni un solo congreso internacional de cirugía taurina que se celebran en el mundo, cada dos años.

EL CORDOBES

De entre todas las obras de arte, Carlos Solines tiene una preferida, "por su personalidad". Se trata de un grabado del pintor español Prieto, quien retrata a "El Cordobés" en una obra hiperrealista. El diestro está de pie, mirando al frente, apoyado en una sola pierna. La pierna que sostiene su cuerpo tiene una cornada, dibujada con increíble realismo, al igual que el detalladísimo traje de luces destrozado.
El rostro tiene una expresión impresionante y la mirada fija se enmarca en la cabellera despeinada de la leyenda del toreo.



Una historia de pared a pared

Tiene una colección de recortes de periódicos y revistas, acerca de temas y taurinos, organizados mes por mes desde hace muchísimos años

toro94.gif (48633 bytes)SOMBREROS. Patricio Espinosa conserva en su bar el sombrero cordobés con el que toreó sus primeros años de aficionado y el de policía municipal, con el que logró a engañar a todo el callejón, sobre su verdadera identidad

Si estas paredes hablaran... ¿Cuántas historias contarían? Las que puede traer consigo, toda una vida de afición y mucho más.
Patricio Espinosa es una de esas personas que puede definir con su vida la palabra aficionado. La primera vez que pisó un ruedo tenía doce años de edad y desde ahí, confiesa, nunca más pudo alejarse de la fiesta brava.
El rincón taurino que levantó en su casa es, de cierta forma, el resumen de los últimos cuarenta años de la historia taurina ecuatoriana.
Como un coleccionista de los buenos, conserva recortes de periódicos, minuciosamente clasificados por años, carteles, libros y revistas del mundo de los toros, que consulta cada vez que tiene una duda en un nombre o una fecha.
En esta habitación se encuentran colgadas fotos de tardes de gloria, de toreros nacionales y extranjeros, de personajes de la fiesta, fotos con su hijo quien ha heredado su pasión taurina, de las plazas tradicionales y de su admirada Conchita Cintrón. Colecciona además carteles de las más famosas plazas y ferias del mundo.
Entre las cosas más valiosas está una colección de estampillas taurinas de la época de Franco en España, en la que también consta una emitida por los 50 años de la muerte de Manolete. La otra colección también de estampillas taurinas, llama la atención por su procedencia: Guinea Ecuatorial.
La cabeza de toro que corona el rincón es la del primero que mató "El Cordobés" en su vuelta a los ruedos en 1979, en Quito.
En su bar, "La Mamona", existen los objetos más curiosos que se pueden encontrar: decenas de figuritas, serias y picarescas y hasta un "licor" para abstemios. Ahí descansan un sombrero cordobés con muchas tardes a cuestas y otro, uno de policía municipal, con el que una vez llegó hasta la plaza de toros.
Como periodista, ha transmitido 38 de las 40 ferias quiteñas que se han celebrado en la plaza de Iñaquito, en siete emisoras radiales diferentes. Como aficionado, se ha involucrado directamente en la constitución de dos de las tres peñas taurinas más activas en la capital. Y en su hoja de vida constan otras responsabilidades más: en su rincón guarda el carné número 7 (en el que constan seis meses de pago) de la Asociación de Toreros del Ecuador, de la cual fue el fundador en 1948.
Entre los toreros que más admira está Santiago Martín "El Viti", con el que logró entablar una buena amistad. En su bar conserva los fundones de las astas de los toros que trajo el diestro la primera vez que vino como ganadero.

'ADIOS VIAJE A IPIALES'

"El destino hizo humo mi posibilidad de hacerse torero. Siempre escondido de mi padre por la "mala fama" de los toreros, asistía a la Escuela Taurina.
Max Espinosa "Marinero", a cargo de la enseñanza, me invitó a ir a Ipiales junto con Hugo Oquendo, "El Niño de la Guitarra".
A pocos días del viaje en el que iba a arriesgarlo todo, comencé a entrenar en la explanada de Iñaquito (hoy convertido en centro comercial) con el ganado que ahí pastaba.
Una cornada seca. Adiós viaje a Ipiales."


La Plaza de 'Doña Charo'

El sueño de Manolo Franco siempre fue el tener un pedazo de Sevilla en su casa y aunque le costó muchísimos años cumplirlo -se deshizo de cientos de cosas que coleccionaba y para las que no encontraba espacio- hoy lo disfruta cada segundo. Se llama La Giralda, como el símbolo sevillano, y tiene -como es de suponerse- un patio andaluz a la entrada. Cuelgan de las paredes exteriores, una colección de pequeños carteles y hierros españoles y un letrero que dice "Plaza de doña Charo" (el nombre de su esposa), que hace referencia a la plaza de doña Elvira, en el barrio Santa Cruz, en Sevilla. "Está es la casa en la que me retiraré", asegura.
Pero lo más significativo está del umbral para adentro. Se trata de un tablado de flamenco que tiene pintado en el centro la obra arquitectónica española. Es la prueba de su afición por la música y el baile flamenco, los cuales, toda su familia cultiva.
En una de las paredes cuelga el regalo de un gran amigo: un cuadro que pintó su hermano que ya murió. A su lado, una caricatura y una tinta del pintor español Alvaro Pradera, de quien aprendió el oficio del pincel y la paleta.
El resto, son fotografías, carteles y algunos lienzos, cada uno con su historia. En el bar, una colección de etiquetas de licores de principio de siglo.
Guarda además el crucifijo del corbatín del nimeño Montecolqui, que fue un regalo de una amiga suya.
De vuelta al patio andaluz, como en todo buen rincón, reposa la cabeza de un toro negro. "Habría querido que tenga más historia, pero con la que tiene es más que suficiente". Es que a este apasionado aficionado le costó muchísimo conseguir una cabeza de toro que remate su sueño arquitectónico. El tenía en su poder, la cabeza del último toro que mató "El Cordobés" en Quito, pero cuando la mandó a disecar se dio cuenta que no tenía donde ponerla, por su tamaño y su peso, y tuvo que regalarla. Una vez construida La Giralda la búsqueda se inició de nuevo: "Sombrerito", un toro de Santa Rosa, había sido el escogido. Todo estaba listo para la operación cuando Paco Barona lo indultó en la plaza de Iñaquito. Decidió buscar otros horizontes y encontró un ejemplar en la feria de Ibarra. Por fin lo consiguió y se fue con el vicealcalde de Ibarra, amigo suyo, a buscar un taxidermista. En el camino, los para un policía porque la cajuela del carro "estaba sangrando" y le parecía algo "muy sospechoso". El policía se encontró la cabeza del toro y se llevó el susto de su vida. Pero ahora La Giralda tiene su cabeza.

Un rincón de solera

Fernando Sevilla Herrero fue nombrado el primer asesor taurino en la Plaza Monumental Quito. Tiene una gran colección fotográfica y anecdótica

toro95.gif (49609 bytes)FOTOGRAFIAS. Entre las piezas preferidas de la colección de fotografías están la de sus hijos y su nieto en festivales y capeas

El nombramiento como el primer asesor taurino de la Monumental Quito (26 de mayo de 1960, año de inauguración de la plaza) cuelga de una de las paredes del rincón taurino de Fernando Sevilla Herrero.
Más de 150 fotografías comparten el espacio con carteles de célebres tardes de fiesta. Se trata de una colección de instantes del mundo del toreo nacional y aficionados prácticos.
Este rincón se levanta entre una gran colección obras de arte, principalmente de la época de la Colonia y la Escuela Quiteña.
Fernando Sevilla Herrero es un aficionado "de solera", que se inició en la afición taurina desde la infancia, tradición que ha transmitido a otras generaciones: se destacan fotografías de su nieto actuando, de muy pequeño, en una capea en el cortijo "Los Manolos".
Su hijo Fernando también ha sido autoridad en la plaza Quito y aficionado práctico, al igual que su hermano Francisco.
Antes de haber sido nombrado autoridad en Iñaquito, se había ya desempeñado como asesor en los últimos años de la Plaza Arenas.
Otras de las fotografías que tiene en su rincón de su casa en Tumbaco son imágenes de Paco Barona (padre), Edgar Puente, Armando Conde, Manolo Cadena, Edgar Peñaherrera y de casi todos los matadores de toros nacionales.
Sus fotografías en tardes de aficionado práctico también están acompañadas por las de sus primos Sevilla, Holguín y Barona. Cada fotografía tiene su historia y su recuerdo.

Un altar para Manolete

toro96.gif (63118 bytes)TRIBUTO. El cartel de la trágica tarde en la que perdió la vida Manolete, el hierro y la divisa a la que pertenecía "Islero" son parte del rincón que Humberto Jácome ha levantado como tributo a la figura del toreo

Es el 28 de agosto de 1947. El escenario: la plaza de toros de Linares. El cartel lo conforman Manuel Rodríguez "Manolete", Rafael Vega "Gitanillo de Triana" y Luis Miguel Dominguín. El quinto de la tarde es un ejemplar Miura, negro, lleva el número 21. Su nombre es Islero. Manolete entra a matar despacio y resulta herido en el muslo derecho. Cae abatido de muerte en la arena y llega a la enfermería con graves destrozos musculares y vasculares. Muere en el hospital municipal a la cinco horas y siete minutos de la madrugada del día 29.
Se fue el ídolo.
La escena impactó en los pocos años que tenía Humberto Jácome, quien se convenció que debía rendírsele tributo de alguna manera. Años más tarde erigió un altar a esta, inigualable para muchos, figura del toreo en su rincón taurino. Allí colgó el hierro y la divisa de la ganadería Miura, el cartel de la trágica tarde, un busto del matador y fotos de sus mejores lances.
El lugar esta lleno de simbolismo, cada cosa tiene un significado especial, la escena es perfecta para la conversación que transcurre entre notas de pasodobles: conoce la historia de Quito, sus personajes y anécdotas como pocos. Recuerda las fechas, los nombres, los hechos. Lo recuerda todo. Y lo narra con admirable vehemencia. Se inició como aficionado práctico desde muy joven. Es uno de los fundadores de la peña taurina "El Siete" y por eso, un defensor apasionado de la pureza de la fiesta. Así lo ha demostrado en todos sus años como periodista y crítico taurino.
Como disputando el protagonismo, se levanta frente al altar, una cabeza de toro bellísima al que desorejó El Viti, el 4 de diciembre de 1967. Es un Miura, la ganadería más famosa de todos los tiempos. El resto de la sala está enmarcada con hierros de otras ganaderías españolas, carteles y lienzos.
Debajo del vidrio del bar se encuentra una colección de boletos de entrada a corridas célebres: el de la inauguración de la plaza Arenas, el de la primera temporada taurina de la Plaza Quito, el de la presentación de Manolete en Lima y otros como de la Maestranza de Sevilla, Las Ventas de Madrid y la plaza México.
La selecta colección histórica se completa con carteles de un mano a mano entre Belmonte y Joselito y de la trágica tarde en la que muriera el segundo.

HELADOS

"Esta es la foto de una gloriosa tarde en el cuartel Epiclachima, en 1965.
Alternaba con varios aficionados prácticos como Galo Plaza Pallares, Mario Pallares, Gonzalo Bueno y Fernando Iturralde, con quienes disputaba la "Oreja de oro".
Salí al ruedo, con un traje de corto que me lo había prestado un amigo (tampoco era suyo, era del tío). Alcancé a dar dos pases muy elegantes pero, al tercero, volé por los aires y destrocé la calzona.
Un pariente, lo recuerdo muy claramente, le compró el pantalón a un heladero que estaba por ahí y me lo dio.
Triunfé esa tarde y con pantalón blanco di la vuelta al ruedo. Me lanzaban rosas, claveles, sombreros y no faltó el simpático que me gritara "¡helaaadooos!"


Doscientas horas de películas taurinas

El rincón taurino de Jorge Garzón está lleno de reliquias de personajes de la fiesta, fotos curiosas y hasta un organillero que toca música flamenca

toro97.gif (43167 bytes)HISTORIA. En un rincón reposan el traje autografiado de "El Cordobés", el capote de paseo de Edgar Puente y una escultura en madera de un encierro con vaqueros

La puerta de piedra que enmarcaba los toriles de la antigua Plaza Belmonte tiene tallada un "1920" en la superficie y ahora se encuentra en el patio de la casa de Jorge Garzón. Frente con frente está la puerta que conduce a su rincón taurino: "Reservado derecho de admisión".
Se abre la puerta y detrás de ella se descubre un mundo de curiosidades. Una enorme foto en blanco y negro de "El Viti" con su nieta en brazos domina el lado derecho del rincón que también tiene otros huéspedes ilustres como Paco Camino y "El Cordobés". Hacia abajo, la esquela real con la que le fue impuesto el título de "Comendador" por el mismo rey de España, en enero de 1980.
En la pared de "El bebedero", como ha bautizado a este rincón, cuelgan fotos curiosísimas: Galo Plaza Lasso toreando cuando tenía 15 años y monseñor Alberto Luna Tobar, Arzobispo de Cuenca, en plena faena y con sotana. Y aún queda más: otra fotografía, tomada en el Colegio San Gabriel de 1936 en la que constan, junto con el famoso padre Armijos, uno de quienes dicen avivaba la afición de los jóvenes gabrielinos, Guillermo Acosta y Arturo Gangotena.
En el rincón no podía faltar una cabeza de toro: un español con el cual "no pudo" "El Viti" en diciembre de 1972. Debajo de esta figura, un organillero espera las instrucciones para comenzar a tocar su repertorio de música flamenca.
Su más preciado tesoro es tal vez su colección de más de 200 horas de películas taurinas que recogen los clásicos en cine y en blanco y negro y la mayoría de editadas en este género. Películas históricas y épicas que le ayudan a entender la evolución de este arte y a recordar los grandes momentos de su historia.
Este es el sexto rincón taurino que tiene Jorge Garzón, quien también fue empresario de la plaza a principios de la década de los setentas. Cada vez que se cambia de casa, cuenta orgulloso, regala y vende todo y vuelve a armar otra colección taurina nueva. "Claro que hay cosas que se llevan en el alma", asegura, "pero siempre tengo suerte para conseguir los objetos precisos para los lugares que yo tengo pensados".

LA ESQUINA MAS HISTORICA

En la esquina del rincón taurino se encuentran, en una vitrina, un traje de luces que "El Cordobés" le regaló la primera vez que visitó el Ecuador, en 1959. A su lado, reposa el capote de paseo del torero ecuatoriano Edgar Puente, con la imagen de la Virgen Dolorosa.
Al costado de la vitrina está la única pieza que no vendió cuando se fue a vivir a España al final de los setentas: un encierro con vaqueros hecho en madera, que esculpió un artesano ambateño quien nunca vio un toro en su vida.

Un rincón de tradición familiar

HERENCIA. Fabián Arregui heredó la afición y muchas de las piezas de su rincón, de su padre, quien era un gran aficionado

Desde la época en que pasaba meses enteros en la hacienda de sus abuelos en la provincia de Bolívar, Fabián Arregui no ha parado de recolectar piezas taurinas y de alimentar su afición. Creció con la imagen del toro en el campo y de los festejos en los pueblos aledaños para los que su abuela regalaba los ejemplares. La primera casa en la que vivió en Quito estaba enfrente de la legendaria plaza Belmonte.
Y así, poco a poco siguió con la colección de piezas que ahora ocupan un buen espacio en su casa.
Algunas de las piezas que más le gustan son esculturas de escenas taurinas. Su pieza preferida es una italiana de un torero gitano moldeado en cerámica. Otras como una escultura en gres en pleno remate de muleta, un relieve mexicano de una escena en el campo y otra escena esculpida en yeso forman parte de la colección. Tiene además figuras de toros, en diversos materiales, originarias de Perú, México y Bolivia y platos cuencanos antiguos con motivos taurinos.
Entre las obras de arte de este rincón se distingue una colección de litografías que pertenecían a su padre y en las que constan escenas del toreo en los primeros tiempos, como son caballos sin peto y caballeros con garrocha.
Dos de las esquinas de la habitación son adornadas por pequeñas plazas de toros de barro cocido hechas en Pujilí y algunos carteles de ferias españolas y americanas cuelgan de las paredes.
En uno de los rincones del bar donde tiene una colección de miniaturas metálicas con temas taurinos cuelga una placa que dice "Al Mejor Rincón Taurino" que le fue otorgada por el programa radial "Ecuador Taurino", en 1998.
Adelante, en una silla, reposa el regalo de un gran amigo: el traje de picador de Hernán Tapia.

PASES DIMINUTOS

Una colección de doce escenas taurinas diminutas, pintadas en media tabla de parquet, es una de las piezas que más llaman la atención en el rincón de Fabián Arregui.
Se trata de óleos miniaturas pintadas por el artista ecuatoriano Franklin Lucero, exclusivamente para este rincón. Cada uno de los cuadros representa una suerte del toreo y en él se llegan a divisar hasta los graderíos repletos de aficionados.

 

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