Afición:
pasión y tesoros
"Abandonar la condición de
simple espectador y pasar a la de buen
aficionado requiere iniciación: no todos pueden contar con el maestro que les ayude a
desentrañar ese universo tan complejo que es el mundo de los toros"
José Del Moral
RELIQUIA. Por lo general, los
rincones taurinos son coronados por cabezas de toro con alguna historia. Este, que se
encuentra en el rincón taurino de Humberto Jácome, es un ejemplar de Miura que desorejó
"El Viti", en 1967.
La fiesta brava traza su historia basada en
un relato compartido: toro, torero, y sin lugar a dudas, afición; toda esa gente que
llena tarde a tarde los tendidos y que sabiendo mucho o sabiendo poco, son los testigos
del ritual.
Sin embargo, se sabe que de toros se aprende solo a base de ver, ver mucho y saber ver
cuando se ve, decía algún entendido. Eso es lo que son los aficionados de verdad, en
definitiva, gente que ha visto muchos toros saltar al ruedo, pero más que nada, que ha
aprendido a verlos, a admirarlos y a "leer" en ellos.
Ser aficionado es participar de una devoción, de una creencia, de cierta manera, hasta de
un culto. Un culto que se lleva en las venas; es por esto, que quienes comparten sus
historias en estas páginas han decidido darle a la fiesta un poco más que su
admiración: un lugar en sus casas donde atesoran recuerdos de tardes de gloria o de
tragedia, objetos, trajes, documentos de la historia taurina, carteles, obras de arte y
hasta testimonios de propias vivencias.
Y más allá de coleccionar piezas fríamente, conocen y creen en lo que cada uno de esos
trofeos significa y lo describen con tanta vehemencia que, literalmente, vuelven a vivir
cada momento.
Estas páginas son un tributo a todos los aficionados de Quito, los que aquí constan y
los que no, que con su pasión permiten que la fiesta siga viviendo.
Una historia contada
a pincel
Una secuencia de los más de 80
cuadros que conforman esta colección podría convertirse en la más detallada narración
de la fiesta brava
PATIO. Hierros de ganaderías
famosas, carteles y algunas obras enmarcan este escenario de tertulias y reuniones
taurinas: un patio interior diseñado en cerámica andaluza
Más de 80 cuadros de pintura taurina
forman la colección de Carlos Solines, en su quinta en el valle de Los Chillos.
Dominan la escena ocho grandes lienzos de Fausto Machuca, un pintor riobambeño de la
década de los cincuentas, que pintaba pasajes de toros y toreros en cuadros de gran
tamaño y con colores muy vivos.
Mientras se sigue recorriendo el salón principal se descubre una colección de tintas de
Oswaldo Viteri, con todas las suertes del toreo, y otra de acuarelas de Ramón Gortaire,
que expresan gran movimiento y plasticidad.
Una secuencia de todos estos cuadros permitiría narrar una a una las facetas de la fiesta
brava: desde la vida del toro en el campo hasta la suerte suprema. Lienzos de los
ecuatorianos Moncayo, Pedro Herrera, Teodoro Gómez de la Torre y Marcelo Tejada
acompañan a los del español Alvaro Pradera, en la narración imaginaria.
Y extensa. En todos los cuartos de la parte baja de la casa existen enmarcadas una y otra
tela y cartulina avivadas con las más diversas técnicas. Pero la colección no termina
ahí: las obras continúan su camino hacia el piso superior. En el descanso, una réplica
de la imagen del Jesús del Gran Poder, patrono de la Feria de Quito, supervisa el
recorrido.
En medio de las obras, una de las pocas reliquias taurinas que conserva: el primer rabo
cortado por Santiago Martín "El Viti" en Quito, en 1970.
También hay una que otra fotografía de sus actuaciones, como aficionado práctico y
vestido de corto y carteles y fotografías de sus hijos, quienes comparten su pasión.
Su colección es la prueba material de la afición que tuvo desde muy pequeño hacia la
fiesta brava y todo lo que se desarrolla a su alrededor. Forma parte de la ya legendaria
peña taurina "El Siete" y no se pierde, a pesar de ser abogado y no médico, ni
un solo congreso internacional de cirugía taurina que se celebran en el mundo, cada dos
años.
EL CORDOBES
De entre todas las obras de arte, Carlos Solines tiene una preferida, "por su
personalidad". Se trata de un grabado del pintor español Prieto, quien retrata a
"El Cordobés" en una obra hiperrealista. El diestro está de pie, mirando al
frente, apoyado en una sola pierna. La pierna que sostiene su cuerpo tiene una cornada,
dibujada con increíble realismo, al igual que el detalladísimo traje de luces
destrozado.
El rostro tiene una expresión impresionante y la mirada fija se enmarca en la cabellera
despeinada de la leyenda del toreo. |
Una historia de pared a pared
Tiene una colección de recortes
de periódicos y revistas, acerca de temas y taurinos, organizados mes por mes desde hace
muchísimos años
SOMBREROS. Patricio Espinosa
conserva en su bar el sombrero cordobés con el que toreó sus primeros años de
aficionado y el de policía municipal, con el que logró a engañar a todo el callejón,
sobre su verdadera identidad
Si estas paredes hablaran... ¿Cuántas
historias contarían? Las que puede traer consigo, toda una vida de afición y mucho más.
Patricio Espinosa es una de esas personas que puede definir con su vida la palabra
aficionado. La primera vez que pisó un ruedo tenía doce años de edad y desde ahí,
confiesa, nunca más pudo alejarse de la fiesta brava.
El rincón taurino que levantó en su casa es, de cierta forma, el resumen de los últimos
cuarenta años de la historia taurina ecuatoriana.
Como un coleccionista de los buenos, conserva recortes de periódicos, minuciosamente
clasificados por años, carteles, libros y revistas del mundo de los toros, que consulta
cada vez que tiene una duda en un nombre o una fecha.
En esta habitación se encuentran colgadas fotos de tardes de gloria, de toreros
nacionales y extranjeros, de personajes de la fiesta, fotos con su hijo quien ha heredado
su pasión taurina, de las plazas tradicionales y de su admirada Conchita Cintrón.
Colecciona además carteles de las más famosas plazas y ferias del mundo.
Entre las cosas más valiosas está una colección de estampillas taurinas de la época de
Franco en España, en la que también consta una emitida por los 50 años de la muerte de
Manolete. La otra colección también de estampillas taurinas, llama la atención por su
procedencia: Guinea Ecuatorial.
La cabeza de toro que corona el rincón es la del primero que mató "El
Cordobés" en su vuelta a los ruedos en 1979, en Quito.
En su bar, "La Mamona", existen los objetos más curiosos que se pueden
encontrar: decenas de figuritas, serias y picarescas y hasta un "licor" para
abstemios. Ahí descansan un sombrero cordobés con muchas tardes a cuestas y otro, uno de
policía municipal, con el que una vez llegó hasta la plaza de toros.
Como periodista, ha transmitido 38 de las 40 ferias quiteñas que se han celebrado en la
plaza de Iñaquito, en siete emisoras radiales diferentes. Como aficionado, se ha
involucrado directamente en la constitución de dos de las tres peñas taurinas más
activas en la capital. Y en su hoja de vida constan otras responsabilidades más: en su
rincón guarda el carné número 7 (en el que constan seis meses de pago) de la
Asociación de Toreros del Ecuador, de la cual fue el fundador en 1948.
Entre los toreros que más admira está Santiago Martín "El Viti", con el que
logró entablar una buena amistad. En su bar conserva los fundones de las astas de los
toros que trajo el diestro la primera vez que vino como ganadero.
'ADIOS VIAJE A
IPIALES'
"El destino hizo humo mi posibilidad de hacerse torero. Siempre escondido de mi padre
por la "mala fama" de los toreros, asistía a la Escuela Taurina.
Max Espinosa "Marinero", a cargo de la enseñanza, me invitó a ir a Ipiales
junto con Hugo Oquendo, "El Niño de la Guitarra".
A pocos días del viaje en el que iba a arriesgarlo todo, comencé a entrenar en la
explanada de Iñaquito (hoy convertido en centro comercial) con el ganado que ahí
pastaba.
Una cornada seca. Adiós viaje a Ipiales." |
La Plaza de 'Doña Charo'
El sueño de Manolo Franco siempre fue el tener un pedazo de Sevilla en su casa y aunque
le costó muchísimos años cumplirlo -se deshizo de cientos de cosas que coleccionaba y
para las que no encontraba espacio- hoy lo disfruta cada segundo. Se llama La Giralda,
como el símbolo sevillano, y tiene -como es de suponerse- un patio andaluz a la entrada.
Cuelgan de las paredes exteriores, una colección de pequeños carteles y hierros
españoles y un letrero que dice "Plaza de doña Charo" (el nombre de su
esposa), que hace referencia a la plaza de doña Elvira, en el barrio Santa Cruz, en
Sevilla. "Está es la casa en la que me retiraré", asegura.
Pero lo más significativo está del umbral para adentro. Se trata de un tablado de
flamenco que tiene pintado en el centro la obra arquitectónica española. Es la prueba de
su afición por la música y el baile flamenco, los cuales, toda su familia cultiva.
En una de las paredes cuelga el regalo de un gran amigo: un cuadro que pintó su hermano
que ya murió. A su lado, una caricatura y una tinta del pintor español Alvaro Pradera,
de quien aprendió el oficio del pincel y la paleta.
El resto, son fotografías, carteles y algunos lienzos, cada uno con su historia. En el
bar, una colección de etiquetas de licores de principio de siglo.
Guarda además el crucifijo del corbatín del nimeño Montecolqui, que fue un regalo de
una amiga suya.
De vuelta al patio andaluz, como en todo buen rincón, reposa la cabeza de un toro negro.
"Habría querido que tenga más historia, pero con la que tiene es más que
suficiente". Es que a este apasionado aficionado le costó muchísimo conseguir una
cabeza de toro que remate su sueño arquitectónico. El tenía en su poder, la cabeza del
último toro que mató "El Cordobés" en Quito, pero cuando la mandó a disecar
se dio cuenta que no tenía donde ponerla, por su tamaño y su peso, y tuvo que regalarla.
Una vez construida La Giralda la búsqueda se inició de nuevo: "Sombrerito", un
toro de Santa Rosa, había sido el escogido. Todo estaba listo para la operación cuando
Paco Barona lo indultó en la plaza de Iñaquito. Decidió buscar otros horizontes y
encontró un ejemplar en la feria de Ibarra. Por fin lo consiguió y se fue con el
vicealcalde de Ibarra, amigo suyo, a buscar un taxidermista. En el camino, los para un
policía porque la cajuela del carro "estaba sangrando" y le parecía algo
"muy sospechoso". El policía se encontró la cabeza del toro y se llevó el
susto de su vida. Pero ahora La Giralda tiene su cabeza.
Un rincón de solera
Fernando Sevilla Herrero fue
nombrado el primer asesor taurino en la Plaza Monumental Quito. Tiene una gran colección
fotográfica y anecdótica
FOTOGRAFIAS. Entre las piezas
preferidas de la colección de fotografías están la de sus hijos y su nieto en
festivales y capeas
El nombramiento como el primer asesor
taurino de la Monumental Quito (26 de mayo de 1960, año de inauguración de la plaza)
cuelga de una de las paredes del rincón taurino de Fernando Sevilla Herrero.
Más de 150 fotografías comparten el espacio con carteles de célebres tardes de fiesta.
Se trata de una colección de instantes del mundo del toreo nacional y aficionados
prácticos.
Este rincón se levanta entre una gran colección obras de arte, principalmente de la
época de la Colonia y la Escuela Quiteña.
Fernando Sevilla Herrero es un aficionado "de solera", que se inició en la
afición taurina desde la infancia, tradición que ha transmitido a otras generaciones: se
destacan fotografías de su nieto actuando, de muy pequeño, en una capea en el cortijo
"Los Manolos".
Su hijo Fernando también ha sido autoridad en la plaza Quito y aficionado práctico, al
igual que su hermano Francisco.
Antes de haber sido nombrado autoridad en Iñaquito, se había ya desempeñado como asesor
en los últimos años de la Plaza Arenas.
Otras de las fotografías que tiene en su rincón de su casa en Tumbaco son imágenes de
Paco Barona (padre), Edgar Puente, Armando Conde, Manolo Cadena, Edgar Peñaherrera y de
casi todos los matadores de toros nacionales.
Sus fotografías en tardes de aficionado práctico también están acompañadas por las de
sus primos Sevilla, Holguín y Barona. Cada fotografía tiene su historia y su recuerdo.
Un altar para
Manolete
TRIBUTO. El cartel de la trágica tarde en la que perdió la vida
Manolete, el hierro y la divisa a la que pertenecía "Islero" son parte del
rincón que Humberto Jácome ha levantado como tributo a la figura del toreo
Es el 28 de agosto de 1947. El escenario:
la plaza de toros de Linares. El cartel lo conforman Manuel Rodríguez
"Manolete", Rafael Vega "Gitanillo de Triana" y Luis Miguel
Dominguín. El quinto de la tarde es un ejemplar Miura, negro, lleva el número 21. Su
nombre es Islero. Manolete entra a matar despacio y resulta herido en el muslo derecho.
Cae abatido de muerte en la arena y llega a la enfermería con graves destrozos musculares
y vasculares. Muere en el hospital municipal a la cinco horas y siete minutos de la
madrugada del día 29.
Se fue el ídolo.
La escena impactó en los pocos años que tenía Humberto Jácome, quien se convenció que
debía rendírsele tributo de alguna manera. Años más tarde erigió un altar a esta,
inigualable para muchos, figura del toreo en su rincón taurino. Allí colgó el hierro y
la divisa de la ganadería Miura, el cartel de la trágica tarde, un busto del matador y
fotos de sus mejores lances.
El lugar esta lleno de simbolismo, cada cosa tiene un significado especial, la escena es
perfecta para la conversación que transcurre entre notas de pasodobles: conoce la
historia de Quito, sus personajes y anécdotas como pocos. Recuerda las fechas, los
nombres, los hechos. Lo recuerda todo. Y lo narra con admirable vehemencia. Se inició
como aficionado práctico desde muy joven. Es uno de los fundadores de la peña taurina
"El Siete" y por eso, un defensor apasionado de la pureza de la fiesta. Así lo
ha demostrado en todos sus años como periodista y crítico taurino.
Como disputando el protagonismo, se levanta frente al altar, una cabeza de toro bellísima
al que desorejó El Viti, el 4 de diciembre de 1967. Es un Miura, la ganadería más
famosa de todos los tiempos. El resto de la sala está enmarcada con hierros de otras
ganaderías españolas, carteles y lienzos.
Debajo del vidrio del bar se encuentra una colección de boletos de entrada a corridas
célebres: el de la inauguración de la plaza Arenas, el de la primera temporada taurina
de la Plaza Quito, el de la presentación de Manolete en Lima y otros como de la
Maestranza de Sevilla, Las Ventas de Madrid y la plaza México.
La selecta colección histórica se completa con carteles de un mano a mano entre Belmonte
y Joselito y de la trágica tarde en la que muriera el segundo.
HELADOS
"Esta es la foto de una gloriosa tarde en el cuartel Epiclachima, en 1965.
Alternaba con varios aficionados prácticos como Galo Plaza Pallares, Mario Pallares,
Gonzalo Bueno y Fernando Iturralde, con quienes disputaba la "Oreja de oro".
Salí al ruedo, con un traje de corto que me lo había prestado un amigo (tampoco era
suyo, era del tío). Alcancé a dar dos pases muy elegantes pero, al tercero, volé por
los aires y destrocé la calzona.
Un pariente, lo recuerdo muy claramente, le compró el pantalón a un heladero que estaba
por ahí y me lo dio.
Triunfé esa tarde y con pantalón blanco di la vuelta al ruedo. Me lanzaban rosas,
claveles, sombreros y no faltó el simpático que me gritara "¡helaaadooos!" |
Doscientas horas de películas
taurinas
El rincón taurino de Jorge
Garzón está lleno de reliquias de personajes de la fiesta, fotos curiosas y hasta un
organillero que toca música flamenca
HISTORIA. En un rincón reposan el
traje autografiado de "El Cordobés", el capote de paseo de Edgar Puente y una
escultura en madera de un encierro con vaqueros
La puerta de piedra que enmarcaba los
toriles de la antigua Plaza Belmonte tiene tallada un "1920" en la superficie y
ahora se encuentra en el patio de la casa de Jorge Garzón. Frente con frente está la
puerta que conduce a su rincón taurino: "Reservado derecho de admisión".
Se abre la puerta y detrás de ella se descubre un mundo de curiosidades. Una enorme foto
en blanco y negro de "El Viti" con su nieta en brazos domina el lado derecho del
rincón que también tiene otros huéspedes ilustres como Paco Camino y "El
Cordobés". Hacia abajo, la esquela real con la que le fue impuesto el título de
"Comendador" por el mismo rey de España, en enero de 1980.
En la pared de "El bebedero", como ha bautizado a este rincón, cuelgan fotos
curiosísimas: Galo Plaza Lasso toreando cuando tenía 15 años y monseñor Alberto Luna
Tobar, Arzobispo de Cuenca, en plena faena y con sotana. Y aún queda más: otra
fotografía, tomada en el Colegio San Gabriel de 1936 en la que constan, junto con el
famoso padre Armijos, uno de quienes dicen avivaba la afición de los jóvenes
gabrielinos, Guillermo Acosta y Arturo Gangotena.
En el rincón no podía faltar una cabeza de toro: un español con el cual "no
pudo" "El Viti" en diciembre de 1972. Debajo de esta figura, un organillero
espera las instrucciones para comenzar a tocar su repertorio de música flamenca.
Su más preciado tesoro es tal vez su colección de más de 200 horas de películas
taurinas que recogen los clásicos en cine y en blanco y negro y la mayoría de editadas
en este género. Películas históricas y épicas que le ayudan a entender la evolución
de este arte y a recordar los grandes momentos de su historia.
Este es el sexto rincón taurino que tiene Jorge Garzón, quien también fue empresario de
la plaza a principios de la década de los setentas. Cada vez que se cambia de casa,
cuenta orgulloso, regala y vende todo y vuelve a armar otra colección taurina nueva.
"Claro que hay cosas que se llevan en el alma", asegura, "pero siempre
tengo suerte para conseguir los objetos precisos para los lugares que yo tengo
pensados".
LA ESQUINA MAS
HISTORICA
En la esquina del rincón taurino se encuentran, en una vitrina, un traje de luces que
"El Cordobés" le regaló la primera vez que visitó el Ecuador, en 1959. A su
lado, reposa el capote de paseo del torero ecuatoriano Edgar Puente, con la imagen de la
Virgen Dolorosa.
Al costado de la vitrina está la única pieza que no vendió cuando se fue a vivir a
España al final de los setentas: un encierro con vaqueros hecho en madera, que esculpió
un artesano ambateño quien nunca vio un toro en su vida. |
Un
rincón de tradición familiar
HERENCIA. Fabián Arregui heredó
la afición y muchas de las piezas de su rincón, de su padre, quien era un gran
aficionado
Desde la época en que pasaba meses enteros
en la hacienda de sus abuelos en la provincia de Bolívar, Fabián Arregui no ha parado de
recolectar piezas taurinas y de alimentar su afición. Creció con la imagen del toro en
el campo y de los festejos en los pueblos aledaños para los que su abuela regalaba los
ejemplares. La primera casa en la que vivió en Quito estaba enfrente de la legendaria
plaza Belmonte.
Y así, poco a poco siguió con la colección de piezas que ahora ocupan un buen espacio
en su casa.
Algunas de las piezas que más le gustan son esculturas de escenas taurinas. Su pieza
preferida es una italiana de un torero gitano moldeado en cerámica. Otras como una
escultura en gres en pleno remate de muleta, un relieve mexicano de una escena en el campo
y otra escena esculpida en yeso forman parte de la colección. Tiene además figuras de
toros, en diversos materiales, originarias de Perú, México y Bolivia y platos cuencanos
antiguos con motivos taurinos.
Entre las obras de arte de este rincón se distingue una colección de litografías que
pertenecían a su padre y en las que constan escenas del toreo en los primeros tiempos,
como son caballos sin peto y caballeros con garrocha.
Dos de las esquinas de la habitación son adornadas por pequeñas plazas de toros de barro
cocido hechas en Pujilí y algunos carteles de ferias españolas y americanas cuelgan de
las paredes.
En uno de los rincones del bar donde tiene una colección de miniaturas metálicas con
temas taurinos cuelga una placa que dice "Al Mejor Rincón Taurino" que le fue
otorgada por el programa radial "Ecuador Taurino", en 1998.
Adelante, en una silla, reposa el regalo de un gran amigo: el traje de picador de Hernán
Tapia.
PASES DIMINUTOS
Una colección de doce escenas taurinas diminutas, pintadas en media tabla de parquet, es
una de las piezas que más llaman la atención en el rincón de Fabián Arregui.
Se trata de óleos miniaturas pintadas por el artista ecuatoriano Franklin Lucero,
exclusivamente para este rincón. Cada uno de los cuadros representa una suerte del toreo
y en él se llegan a divisar hasta los graderíos repletos de aficionados. |
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