El
festín de la mirada |
|
Sin duda los sesenta y tres pintores que aportaron su colaboración a cada una de las obras literarias publicadas en Periolibros no tuvieron propósito tan servil como el del ilustrador de la postrera narración dickensiana, ni el interés de su arte magistral puede ser degradado a mera pista de los propósitos ocultos del escritor que les tocó en suerte. Pero algo hay de todos modos que, al repasar sus trabajos recuerda ese otro frontispicio enigmático donde desde hace más de un siglo se oculta el secreto de un hombre muerto y de una novela inacabada: también aquí los artistas supieron trascender el libro que ilustraban, reforzando lo dicho y sugiriendo lo aún no expresado, con esa disipación cada vez más sutil de significados hacia la que aletean las páginas cuando la voz de su autor retorna al silencio. Porque todos los libros guardan los secretos de alguien ya muerto? el fantasma que los escribió, cuyo nombre quizá siga llevando aún otro mortal sobre la tierra? y porque en ellos cuenta tanto lo que se dice como lo que se calla. No es cierto que una imagen valga más que mil palabras, pero es verdad que cada palabra resuena mil veces más si las imágenes aciertan a potenciarla. Vuelven ahora esos sesenta y tres pintores ya sin los textos literarios a los que antes honraron con su complicidad y vuelven en una exposición irrepetible que constituye un friso si no completo, al menos sumamente significativo de la pintura iberoamericana actual. Aquí se codean los veteranos más respetados con los jóvenes de mejor empuje, como en las filas de aquellos batallones valientes que los griegos de la primera democracia opusieron con éxito al afán tiránico de los persas. O mejor, no: ¡nada de metáforas bélicas, que bastantes vanguardias, invasiones y conquistas hemos soportado ya en el lenguaje artístico de nuestro siglo! Pintores viejos y jóvenes comparten aquí más bien una fiesta luminosa, una orgía presidida sin puritanismo por el sentido de la vista (ese sentido que por algo da nombre a nuestra facultad de pensar, la teoría), un festín para la mirada cuyos múltiples platos nos dejan esbeltos y alertas, sin producir la modorra de otras borracheras. |
IMAGENES Apuntes
sobre el arte de ilustrar mientras Iberoamérica pinta Para
pintarla de cuerpo entero |