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A la entrada del paraíso

A la entrada del paraíso (36834 bytes)
A la entrada del paraíso, 1982-89 *óleo, temple/lino * 162 x 114 cms.

 

JUAN PABLO RULFO

(Ciudad de México, México, 1955)
Además de su labor como artista plástico, es un diseñador gráfico reconocido por su trabajo en importantes proyectos editoriales.

Formó parte de equipo fundador del periódico Uno más Uno, trabajó en la imprenta Madero (1973-1977), y en el taller de grabado Lacouriere et Frélaut, París (1978-1985). Actualmente diseña portadas para las editoriales Joaquín Mortiz y Alfaguara. Su obra ha sido expuesta en diversas galerías de México tales como la OMR (1985-1986-1990), la A Negra (1989), la del Instituto Francés de América Latina (1987) así como en el museo Carrillo Gil (1988), y forma parte de las colecciones de los museos de la Basílica de Guadalupe, el Carrillo Gil y el Nacional de la Estampa en México, y del Grabado de la ciudad de Curitiba, Brasil.

Tomando como punto de partida la memoria y sus atributos, este artista pretende crear un origen, un jardín del edén, formando con elementos de lo cotidiano. En su serie pictórica "El paraíso"se aprecia cómo las figuras representan sentimientos, emociones o estados del ser.

El efecto se logra con un trabajo pictórico clásico, que no es ni figurativo ni abstracto, sino que precisamente en su ambigüedad trata de atrapar los mecanismos que nos llevan a la remembranza y al olvido. Las figuras tratan de aparecer de la misma forma como surgen los recuerdos. Este paraíso artificial, este génesis privado, sirve de base para que los sentimientos puros tengan un espacio donde ser representados.

En la obra de Pablo Rulfo encontramos el revertimiento de la perspectiva natural del género de las "vanidades", como una referencia a la muerte y a la vanidad de nuestras ocupaciones. De lo casi vivo a lo ya muerto, el presente contiene ya la corrupción inevitable del futuro.

Invertir el punto de vista de las "vanidades" quiere decir mirar en el presente el ser que desaparece, imágenes y rostros, voltear la vista para ver la desaparición de los gestos, de la vida, quizás de la felicidad.

La pintura de Rulfo está cercana a la memoria, al elogio y al duelo. Lo patético en la pintura es el respeto. Es decir, el movimiento que mira hacia el pasado, el olvido de lo que desaparece; es la pintura de las desapariciones, sin trascendencia, en un esbozo de duelo.

Cada nombre se encierra en un destino ya olvidado pero persistente en su inmortalidad ridícula y anónima. Un monumento es aquello que nos advierte de los vivos de los muertos. Una vanidad es por lo tanto un monumento.

Rulfo recuerda sus olvidos.

El rechazo a una figuración no se debe a un gusto propiamente por lo abstracto sino al titubeo, a las vacilaciones de la memoria, a la consideración de quien pierde su nombre, al desaparecer tras su destino, ante la "inquietante otredad" de la humanidad y dignidad totales.

Leibnitz dice que cada mónada expresa a su manera, es decir según su grado de complejidad (de la piedra a Dios) la totalidad del mundo (las otras mónadas): cada una es un punto de vista total sobre las otras, Rulfo expresa este punto de vista a su manera: rostros, fotografías, pinturas. Su singularidad se encuentra en la capacidad de gratitud y en la ausencia de privilegios que sus pinturas muestran. Amor por el otro en el horizonte de su pérdida.

David Lefebvre. De "De la ética y lo patético en la pintura", en el núm. 2 de la revista Alfil del Instituto Francés de América Latina, México.

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