Ma i creu obre gris

Ma i creu sobre gris, 1990 * tinta,
collage/papel * 194.5 x 95.5 cms.
ANTONI TÀPIES
(Barcelona, España, 1923)
Estudia leyes en la universidad de Barcelona, pero se interesa
más en las áreas de política y religión, así como en el
sistema filosófico de Heidegger. En forma simultánea comienza
su trabajo plástico en su estudio particular, donde empieza a
crear influido por el romanticismo catalán para luego tomar
contacto con el movimiento surrealista y con la obra de Klee,
Miró y Picasso.
Entre sus múltiples exposiciones destacan las llevadas a cabo en el museo Guggenheim, Nueva York (1962), Institute of Contemporary Arts, Londres (1965), en el Museo de Arte Moderno de la Ville, París (1972), y en el Español de Arte Contemporáneo, Madrid (1980).
Es uno de los principales representantes del informalismo, movimiento que no sólo comenzó a cambiar la comprensión pictórica española, ya en la década del 40, sino que difundió su influencia por largo tiempo también en América Latina. Su principio abstracto se diversifica y personaliza al convertir la textura en un valor primordial del cuadro, para lo cual hace intervenir la materia antes que los objetos como componente sustancial de la obra. Así Tápies reinventa a su manera el collage, que deja de lado el sentir anecdótico y se convierte en elemento natural del cuadro.
Si tuviéramos que caracterizar la contribución de Antoni Tápies a la estética de nuestro siglo con un solo elemento, tendríamos que referirnos al uso particular que desde 1954 hace de las texturas y los materiales, los cuales dan a su pintura el aspecto de una pared. Como el mismo Tápies lo explicó en su texto "Comunicació sobre el mur" (Comunicación sobre la pared), rápidamente captó la riqueza expresiva que le ofrecía esta temática. La pared no solamente niega el acceso y obstaculiza la visión (la imagen anti-Renacimiento por excelencia) sino que además es la superficie en la que se consignan los graffitti y en la que se refleja el paso del tiempo. Empero, sobre todo, por la asociación de esta imagen con el nombre del artista (tápies significa "paredes" en catalán), la pared adquirió un carácter mágico que impregnaría toda su pintura. Para Tápies, la ejecución de una pintura ofrece la posibilidad de trascenderse a uno mismo, de romper las barreras que nuestra naturaleza nos impone y que nos disgregan de nuestro entorno. La obsesiva recurrencia en la obra de Tápies, de un número limitado de objetos extraídos de su ámbito inmediato, tales como sillas, puertas, ventanas y pantuflas, transmite la necesidad del artista de identificarse con los objetos que pinta. Análogamente, muchas de sus pinturas incorporan marcas y signos de caligrafía, particularmente cruces o las iniciales A y T. La obra de Tápies revela su concepción del artista como un chamán, es decir, como el alquimista capaz de descubrir la naturaleza de los materiales, transformar las substancias y dar significado a la vida.
Manuel J. Borja Villel. De "Antoni
Tápies" en el catálogo de la exposición, Tápies 1995,
Museo Guggenheim, Nueva York.