Impresiones de un viaje:
miedos y mitos
Detrás de las murallas
vegetales de hasta 70 metros del altura, de las boas constrictoras, de las arañas
venenosas, de los leopardos y de la bellísimas aves, hay un mundo misterioso
La selva amazónica tiene dos rostros. Uno
es el del turismo de aventura, del que gozan americanos y europeos, hartos de la vida
confortable en sus países de origen. Otro es el de la miseria y la violencia que sufren,
día a día, quienes viven en la región en forma permanente. Detrás de las murallas
vegetales de hasta 70 metros del altura, de las boas constrictoras, de las arañas
venenosas, de los leopardos y de la bellísimas aves, hay un mundo misterioso. Son pocos
los que se atreven a atravesarlo.
Hasta las aguas marrones del río Solimoes esconden horrores. Mientras los enviados de
Clarín viajaban por esas rutas fluviales con destino al núcleo urbano más próximo a
Tabatinga, el municipio de Benjamín Constant, fluyeron varios cuentos sobre los secretos
de los ríos que erizaban la piel: desde anacondas que devoraban niños hasta peces
capaces de introducirse por debajo de la piel de los seres humanos, por no decir que
revitalizaban en el imaginario de los habitantes de la región el célebre mito femenino
que provoca tanto temor a las ratas.
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| "JUDY"
MIRA A SU NOVIA, "CLAUDIA," DE 19 AÑOS DE EDAD, EN EL CAMPAPENTO DE LAS FARC EN
LOS POZOS, DENTRO DE LA ZONA CONTROLADA POR LA GUERRILLA AL SUR DE COLOMBIA |
Esta vez, los pequeños
mamíferos fueron sustituidos por un pez, que en la imaginación femenina viene a
equivaler al mito descripto por Freud. El guía describió a esta enviada: "Sabemos
de una mujer que se salvó y de otra que murió".
Más allá del miedo de caer en el río, aún con salvavidas y grueso pantalón de jean,
hubo otras cosas que impactaron en esta cobertura. El miedo fue un compañero constante
para los enviados --periodista y fotógrafo--. Hubo momentos en que cada uno temió por la
vida del otro. Por eso ambos habían tomado todos los recaudos: presentarse, prolijamente,
con documentos y credenciales ante las autoridades brasileñas. No se podía dejar un hilo
suelto.
Lo que quedó claro en esta investigación periodística es que el gobierno del Brasil
tiene razón al temer. Lo que se está gestando es más duro que cualquiera de las
historias conocidas hasta el momento. Superará con creces hasta la violencia que supieron
ejercer en los años 80 y principios de los 90, las mafias del narcotráfico. Ahora se
viene una guerra: lo saben en la colombiana Leticia y en la brasileña Tabatinga. Y los
combates serán despiadados. El ejército regular colombiano enfrenta fuerzas guerrilleras
muy entrenadas. No las dominará con "aviones fantasmas" que tienen como base la
estructura de un viejísimo DC3, modernizado con motores turbo-hélices y con equipamiento
infrarrojo. Como dijo un narcotraficante entrevistado por estos enviados, "eso es
chatarra que los Johnnys les venden a las fuerzas colombianas".
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| EN
EL DEPARTAMENTO DE CAQUETÁ, LA VEGETACIÓN SELVATICA ES DERRIBADA PARA CULTIVAR HOJA DE
COCA. LAS AUTORIDADES COLOMBIANAS ASEGURAN QUE DESDE HACE DOS AÑOS LAS FARC PROMUEVEN
ESTE TIPO DE ACTIVIDAD |
Pero hay algo más temible
en la selva brasileño-colombiana: ¿Qué pasará con las comunidades indígenas de la
región, de uno y otro lado, cuando estalle la guerra?. Nadie duda de que eso ocurrirá
entre enero y febrero del 2001. Faltan sólo tres meses para que el escenario bélico en
la región se convierta en realidad.
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"Acaban de matar a dos: un colombiano y un peruano". - ¿Quiénes son?. ¿Cómo
se llaman?

Esta triple frontera amazónica, contiene una sociedad trinacional antigua: viene del
siglo XVIII. Y carga con varias guerras entre las coronas española y portuguesa.
El Hotel Anaconda, de Leticia, fue célebre en los años 80. Allí, solía parar para
cerrar negocios, el capo del cartel de Medellín: Pablo Escobar Gaviria.

Habla el Jefe Policial brasileño para el Amazonas.
La frontera trinacional entre Brasil, Perú y Colombia, es todavía uno de los lugares
más importantes de producción, procesamiento y salida de la cocaína hacia el mundo.

"EE.UU. no ataca las mafias compradoras de droga".

Son la brasileña Tabatinga y la colombiana Leticia. La mayoría de sus pobladores viven
de esa industria ilegal. Pero el fenómeno narco en la región ahoga cualquier otra
actividad que surja como reemplazo.

En cada esquina de la localidad brasileña de Tabatinga, que se une por un cordón
umbilical -la avenida Internacional-a la colombiana Leticia, aparecen por la noche los
marginales de la droga. Nadie los reprime.

La selva amazónica tiene dos rostros. Uno es el del turismo de aventura, del que gozan
americanos y europeos, hartos de la vida confortable en sus países de orígen. Otro es el
de la miseria y la violencia que sufren, día a día, quienes viven en la región en forma
permanente.
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