Informe especial: guerrilla y narcotráfico

Regresar a Hoy online

Entrevista

"EE.UU. no ataca las mafias compradoras de droga"
Don Kaimel, narcotraficante

El encuentro con Don Kaimel, un narcotraficante que trabajó para mafiosos legendarios como Gonzalo Rodriguez Bacha --segundo de Pablo Escobar, jefe del cártel de Medellín muerto en 1993--, pareció casual. Pero con los narcos siempre quedan dudas

zguerra6.gif (48854 bytes)
UN NIÑO JUEGA CON HOJAS DE COCA EN UN LABOROTARIO DE PRODUCCION DE BASE, EN PUERTO ASIS, POBLACION SITUADA EN EL CORAZON DE LA ZONA COCALERA COLOMBIANA

Mario, un joven taxista colombiano que sirvió al equipo de periodistas como guía en Leticia, preguntó: "¿Le interesa conocer a alguien que trabajó para los grandes?". La cita se concretó, ya por la noche, en un bar al aire libre, ubicado en un barrio dónde termina Leticia y empieza la selva amazónica. A escasos metros, era posible observar una muralla impenetrable de árboles y lianas. Durante el encuentro, los mosquitos sobrevolaron la mesa de la reunión causando estragos. En medio del zumbido que provocaban, hubo un pacto: ninguno de los nombres que figuran en esta crónica son reales. "Usted sabe. Puedo aparecer acribillado".

Kaimel, de 44 años, afirmó que EE.UU. ataca la oferta de droga. "Pero no hacen un mínimo gesto para liquidar la otra parte de esa cadena: la mafia norteamericana compradora".

Comentó que sus funciones eran la de transportador y pistolero. "Fui entrenado, militarmente, en Libia", señaló cuando ya llevaba consumidas unas 8 botellitas de cerveza. En ese punto, fue difícil establecer cuánto había de leyenda y de realidad en su relato. Lo cierto es que Kaimel logró una especialización muy apreciada por los grandes traficantes que almacenan y distribuyen la cocaína por el mundo: la del transporte fluvial hacia los puertos de dónde la carga de la droga saldrá para Europa y EE.UU.

Don Kaimel transportó, por lancha, grandes lotes de cocaína por las cuencas de los ríos Amazonas y Orinoco. Parte de sus viajes tuvieron como destino a Manaos, con paradas intermedias en plena selva amazónica, donde conseguía aprovisionarse de combustible. Pero sus grandes desafíos pasaron por la navegación del Orinoco, que desemboca en Venezuela. "De allí salíamos para el Golfo de Maracaibo en lanchas pequeñas. Para enfrentar las grandes olas del Atlántico, nos amarrábamos con cinturones por los pies y por el torax". Kaimel confirma la conexión Surinam. "Anduve varias veces por la capital de esta ex colonia holandesa". De allí --confirma-- sale la droga para Europa y La Florida (Estados Unidos).

Kaimel fue esa clase de hombres formado por los narcotraficantes para enfrentar el peligro con sangre fría y sin apego afectivo a su familia. Hoy, Kaimel está arrepentido de haber permanecido en Leticia. "Me llamaron para instalarme en España. Pero no quise dejar a mi mujer" admitió. Kaimel tiene un hijo preso en Bogotá por narcotraficante y carece de diálogo con sus dos hijas mujeres. La personalidad de Kaimel es compulsiva: es que durante los últimos 18 años su objetivo excluyente consistió en "coronar" un viaje. Es decir, garantizar que la droga llegara a destino.

En la noche de Leticia, en el bar colindante con la selva, Kaimel tuvo un ataque de desconfianza. Acusó: "Usted no parece periodista, no pregunta nada". Sólo cabía una respuesta: presentar los documentos. La mañana siguiente, Kaimel se apareció por el Hotel Anaconda, en Leticia.

--¿Hay guerrilla y paramilitares aquí?

--Claro que sí. La guerrilla domina la región. Está apenas a 50 kilómetros de Leticia. Y sobre los paras: ¿ve esos que pasan por ahí?. De día son soldados de la Policía Nacional colombiana; de noche, paramilitares. Y aquí tenga cuidado: la palabra guerrilla y comunismo están prohibidas.

--¿La narcoguerrilla es algo reciente?

--No. Viene hablándose del tema desde 1982. El problema es que EE.UU. siempre habla de atacar la oferta, o sea, plantaciones, laboratorios y carteles. Pero no hacen un mínimo gesto para liquidar la otra parte de esa cadena: la mafia norteamericana compradora.

 

Viaje a un santuario de los narcos en plena selva
"Acaban de matar a dos: un colombiano y un peruano". - ¿Quiénes son?. ¿Cómo se llaman?

Los extremos finales de dos mundos
Esta triple frontera amazónica, contiene una sociedad trinacional antigua: viene del siglo XVIII. Y carga con varias guerras entre las coronas española y portuguesa.

Una historia de hoteles y carteles

El Hotel Anaconda, de Leticia, fue célebre en los años 80. Allí, solía parar para cerrar negocios, el capo del cartel de Medellín: Pablo Escobar Gaviria.

Entrevista
Habla el Jefe Policial brasileño para el Amazonas.

La Triple Frontera, bastión de la guerrilla colombiana

La frontera trinacional entre Brasil, Perú y Colombia, es todavía uno de los lugares más importantes de producción, procesamiento y salida de la cocaína hacia el mundo.

Entrevista a Don Kaimel, narcotraficante
"EE.UU. no ataca las mafias compradoras de droga".

Dos ciudades que crecen y mueren por el negocio del narco
Son la brasileña Tabatinga y la colombiana Leticia. La mayoría de sus pobladores viven de esa industria ilegal. Pero el fenómeno narco en la región ahoga cualquier otra actividad que surja como reemplazo.

Droga vendida en las calles
En cada esquina de la localidad brasileña de Tabatinga, que se une por un cordón umbilical -la avenida Internacional-a la colombiana Leticia, aparecen por la noche los marginales de la droga. Nadie los reprime.

Impresiones de un viaje: miedos y mitos
La selva amazónica tiene dos rostros. Uno es el del turismo de aventura, del que gozan americanos y europeos, hartos de la vida confortable en sus países de orígen. Otro es el de la miseria y la violencia que sufren, día a día, quienes viven en la región en forma permanente.


Regreso a HOY ON LINE


Escríbanos


Página siguiente