Torpeza burocrática agrava el desastre en Galápagos
Jessica está varado en Schavoni,
con una escora de 45 grados. Nada evitará la tragedia ecológica
La tragedia en Galápagos, pudo haber sido
menos grave si se hubiese continuado con las medidas decididas antes de que el combustible
se derramara del barco.
El comandante de la II Zona Naval dispuso a los pesqueros que recogiesen el combustible,
pero el representante de Petrocomercial se opuso alegando que la carga debía ser vendida.
La operación no se realizó y hubo lentitud para contratar al equipo especializado de
EEUU, que llegó recién el domingo y que ya anunció su retirada, porque "es casi
nada lo que puede hacer para salvar el desastre".
Ecologistas creen indispensable declarar las aguas del archipiélago como "zona
marítima particularmente sensible". Así se limitaría el transporte de todo tipo de
sustancias peligrosas por la zona.
Ayer, el Gobierno declaró en estado de emergencia al archipiélago y estableció una zona
de seguridad, lo que permitirá situar recursos económicos sin mayores trámites
burocráticos para afrontar la crisis. |

Guardacostas de EEUU apoyan las labores para
evitar más daños en el ecosistema del archipiélago
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Galápagos: suerte
del buque Jessica depende del azar
Trabajadores
bañan a los pelícanos que estuvieron cubiertos del conbustible derramado por el Jessica
En San Cristobal, se viven
dos realidades. Mientras los surfistas, que llegan por la temporada, están ansiosos por
que comience el oleaje, los miembros de la Armada, del Parque Nacional Galápagos y todos
quienes participan en la emergencia causada por un buque que almacenaba 240 mil litros de
combustible, rezan para que ese oleaje no aparezca, al menos hasta evacuar todo el
material inflamable.
Unas 500 personas entran y salen de la Capitanía del Puerto Baquerizo, en San Cristóbal,
realizando diversos trabajos de limpieza de las aguas, que son coordinadas por radios de
largo alcance. Esto es lo que ha producido una mala maniobra del barco Jessica, al
encallar a 800 metros de la isla, el martes de la semana anterior.
La embarcación no se ha hundido todavía porque descansa en un montículo de arena. Su
suerte dependerá en mucho de que no llegue el oleaje, que se espera para estos días.
De no producirse ese fenómeno, es posible que en tres días logren evacuar el combustible
que queda en las bombas, con la ayuda de los 11 estadounidenses de la Mobile Alabama, que
llegaron el domingo último con cinco mil toneladas en equipos: generadores, barcazas
inflables, bombas, traídas desde EEUU, a fin de evitar una tragedia ambiental.
Los estadounidenses estiman que pueden sacar 50 mil litros de combustible diarios,
trabajando las 24 horas del día.
Los materiales fueron llevados hasta el sitio en el que está el Jessica, inclinado en un
ángulo de 45 grados, por una barcaza del Parque Nacional Galápagos, mientras unos 140
guardianes recorrían las aguas de Española, Santa Fe y San Cristóbal, lanzando
disolventes y recogiendo en chimbuzos (recipientes de cuatro litros) el combustible más
denso. En todo el muelle se han arrinconado los restos del material en grandes galones.
En un recorrido realizado por HOY, se comprobó el penetrante olor a combustible que se
extiende diez kilómetros aguas adentro, y la existencia de una densa mancha que avanza a
donde le lleva la corriente, al suroeste.
Pero, ¿cuál es el resultado de la tragedia? Aunque el ministro del Ambiente, Rodolfo
Rendón, asegura que hasta el momento solo se sabe de la muerte de un pelícano, algunos
pescadores reportaron la muerte de varios peces. Además, cuatro lobos marinos fueron
rescatados totalmente cubiertos de combustible.
El grupo que enfrenta la emergencia dispuso un área especial en la playa para que un
equipo a cargo de Carlos Carvajal sea el encargado de limpiar a todos los animales que se
hayan visto afectados por el diésel y el fuel oil que ha salido del barco.
Pero la mancha de combustible, sobre todo ha generado un caos en los microorganismos del
mar. Ese impacto ambiental solo podrá ser evaluado en varios meses.
Ahora, toda la suerte del Jessica está en manos del azar y de la ayuda estadounidense,
debido a que la primera estrategia de quienes participan en la evacuación del
combustible, de nivelar el barco mediante la inyección de bombas de agua en la parte
saliente, fracasó.
Esta tragedia fue creciendo por la demora en sacar el combustible. Ha pasado una semana y
el Jessica ya es parte del paisaje del puerto. A quienes más ha afectado este percance es
a los pescadores que ya no pueden salir a tirar sus redes.
Rodolfo Rendón asegura que los responsables serán sancionados. Incluso, asegura que ya
presentó una demanda penal, por pedido del presidente de la República, para que se
investigue al capitán y al dueño del barco. El primero continúa dirigiendo las
operaciones de limpieza en su barco.
Esta tragedia no tiene precedentes en las islas. La única que se recuerda, aunque no de
dimensiones tan grandes, es la ocurrida en 1988, cuando una mancha de diésel bañó las
costas de la isla Santa Cruz.
A pesar de que no existe un acuerdo de cuánto combustible queda aún en el Jessica (unos
hablan de que 50 mil litros, otros de 130 mil), los moradores de San Cristóbal continúan
su vida normal, la que solo ha cambiado en el área de la zona naval, en donde entran y
salen las fibras (botes con motores fuera de borda), las que algunas veces son
acompañadas por los lobos marinos.
Solo se sabe que la tragedia ambiental puede estar a la vuelta de la esquina o puede
evitarse si el azar no es esquivo. (JT)
Tortugas, a salvo
Ninguna de las diez mil
tortugas gigantes fue afectada por la marea negra, en este archipiélago donde viven,
además, en armonía 60 000 leones de mar y cantidades de iguanas marinas y terrestres.
Seiscientas toneladas de
carburante estaban a la deriva en Galápagos ayer, en la mañana, en un área de 1 200
km2.
El jefe de la misión del
servicio de Guardacostas de EEUU, Edwin Stanton, afirmó que ''es un barco viejo y tiene
graves daños en su estructura. Va a ser muy difícil recuperarlo'', dijo. El buque fue
armado en 1973.
Ramiro Morejón, Jefe de
Control y Vigilancia Marina del Parque Nacional Galápagos, dijo que ''después de vaciar
el combustible vamos a tratar de remolcar al barco hacia aguas más profundas. Lo más
factible es que hundamos al Jessica porque es muy difícil recuperarlo''. (AP)
¿Quién es responsable del desastre?
Cuando el capitán Tarquino Arévalo
encalló el Jessica en Schavoni, en la Bahía Naufragio, el comandante de la II Zona
Naval, Francisco Andrade, dispuso un operativo para el rescate del personal. A poca
distancia, junto al muelle estaba el Galápagos Explorer, el barco de la operadora de
turismo Canodros (con sede en San Cristóbal), que se negó a ir hasta donde estaba el
Jessica para descargar el combustible. La negativa era lógica. El encargado de la
capitanía asegura que nadie llevaría un barco a donde la profundidad en marea baja es de
1,7 metros y en marea alta de 4,3 metros. La alternativa que quedaba era llamar a los
pescadores para que recogiesen el combustible. Ellos aceptaron con una condición: sin
pagar. El 17 de enero, se movilizaron 150 lanchas y el comandante ordenó entregar el
combustible. Pero la operación se suspendió, debido a que el representante de
Petrocomercial (propietaria del combustible) se opuso; alegó que debía ser vendido. El
funcionario propuso a los pescadores pagarles cuatro centavos por cada galón que recojan
del Jessica. Esa fue una de las razones por la que se dejó crecer la tragedia. La otra,
es la falta de celeridad del Gobierno para gestionar la ayuda estadounidense, que llegó
el domingo. Al parecer, esa demora ocurrió porque las autoridades no se ponían de
acuerdo en el precio. Finalmente acordaron pagar $300 mil por evacuar el combustible.
(JT). |
Solicitan medidas drásticas
GLAND, Suiza.- Sian Pullen,
miembro de la organización ecologista Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), afirmó que
la organización cree crucial que el Gobierno de Ecuador y la comunidad naviera
internacional consideren declarar las aguas que rodean al archipiélago como "zona
marítima particularmente sensible".
"Tal medida ayudaría a asegurar un mayor nivel de protección para este área única
en el mundo", afirmó en un comunicado, difundido ayer en Suiza.
La WWF expresó su preocupación de que la marea negra cercana a las Islas Galápagos
tenga un impacto "profundo y duradero" en las especies salvajes del
archipiélago.
"Estas islas son uno de los lugares de mundo con la más excepcional diversidad
biológica y está claro que un incidente de este tipo puede tener un impacto profundo y
duradero", afirmó Peter Kramer, otro miembro de la organización ecologista. (AFP) |
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