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Ecuador, 29 de enero de 2001


Estudian dejar al Jéssica embancado

El impacto visual del barco encallado, en caso de abandonar el rescate, sería perjudicial, afirman

Es grave el peligro que acarrea el trabajo de estabilización del buque petrolero Jéssica, encallado frente a la isla de San Cristóbal desde el 16 de enero. Al menos eso dejó entrever Ed Stanton, del Comando de Guardacostas de los Estados Unidos. "En cuestión de costo beneficio se debe tomar en cuenta lo que significa arriesgar la vida de las personas. El riesgo del personal es admisible cuando implica salvar la vida de otras personas. Ha existido un exceso de riesgos razonables", sostuvo.

 

LOBOS MARINOS MACHOS
El combustible sigue vagando entre Isabela, San Cristóbal y Española; el riesgo parece haber disminuido, sobre todo porque la fauna afectada no es endémica.

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Piden tomar en cuenta costo/beneficio de rescate

FAMILIA DE LOBOS MARINOS


Juan Tibanlombo, enviado especial

Es grave el peligro que acarrea el trabajo de estabilización del buque petrolero Jéssica, encallado frente a la isla de San Cristóbal desde el 16 de enero. Al menos eso dejó entrever Ed Stanton, del Comando de Guardacostas de los Estados Unidos.
"En cuestión de costo beneficio se debe tomar en cuenta lo que significa arriesgar la vida de las personas. El riesgo del personal es admisible cuando implica salvar la vida de otras personas. Ha existido un exceso de riesgos razonables", sostuvo.
De acuerdo con el experto estadounidense, el costo de removerlo es evidentemente mucho mayor que el que implica dejarlo ahí. El ministro de Medio Ambiente, Rodolfo Rendón, reconoció que la ayuda del servicio de Guardacostas de Estados Unidos cuesta entre los $300 000 y $400 000; el alquiler diario del remolcador Pacific Salvor, desde donde se coordinan los trabajos de taponamiento del buque para inyectar aire, están en alrededor de $10 mil diarios; la Armada ha realizado 13 vuelos transportando 54 mil libras de dispersante y equipos necesarios para la mitigación del impacto ambiental.
Y a pesar de toda la movilización de equipos solo se han logrado sacar 70 mil galones de diésel y 7 500 de búnker, cantidad mínima en relación al esfuerzo y los gastos realizados.
Además, se estima que en el buque ahora solo deben existir 600 galones de combustible concentrados en el tanque pequeño que el Jéssica utilizaba para su movilización, en la popa. Es decir, si se derrama lo que queda de combustible puede ser controlado, es mitigable, según las palabras del subdirector del Parque Nacional Galápagos, Diego Bonilla.
Pero es precisamente el Parque Nacional Galápagos el más firme opositor a tal posibilidad, por el impacto visual que provoca un barco encallado en las costas de San Cristóbal. El mismo comandante de la Segunda Zona Naval, Francisco Andrade, aseguró que legalmente el armador debe sacar el buque de ahí.
Por ello, ayer continuaron los trabajos de taponamiento para inyectar aire con compresores y eliminar el agua de los tanques. Ese trabajo es realizado por la compañía de reflote contratada por la propietaria del Jéssica, Acotramar. El buzo encargado de realizar esa labor, Olimpo Arboleda, estima que, debido al oleaje, el buque podría estar taponado y listo para ser inyectado de aire en varios días. De fracasar este intento se podría despedazar el Jéssica y empujarlo a alta mar, para que le haga compañía al otro buque que Olimpo Arévalo encontró cerca del barco encallado.

Riesgo disminuye

Doce pelíkanos fueron limpiados en un laboratorio improvisado en el casino de la Armada. Aunque el combustible sigue vagando entre Isabela, San Cristóbal y Española, el riesgo parece haber disminuido, sobre todo porque la fauna afectada no es endémica. Isabela podría correr el mayor riesgo en un futuro cercano debido a que su ecosistema es el más frágil, pues existen mangles.
El fin de semana se reportó que la mancha avanzaba a esa isla, pero se cree que es combustible mezclado: diésel con búnker. Lo cual resultaría positivo, debido a que el diesel ayuda a disolver el búnker y es más fácil la mitigación del impacto. Las cosas parecen regresar a la calma. La población más afectada es la de pescadores, que piensa reclamar una indemnización de $20 millones, porque el encallamiento del Jéssica les dejó sin trabajo. (JT)

 

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