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Ecuador, 28 de enero de 2001


Mancha de 100 kilómetros

El ministro Rendón calificó de grave la situación de las islas, luego de que un tanquero encallara con combustible

'El problema es grave, es muy grave". Con esas palabras calificó el ministro del Ambiente, Rodolfo Rendón, a la situación creada en Galápagos a causa de un tanquero que encalló en días pasados, cargado con 240 mil galones de combustible que han comenzado a derramarse.
Hasta la tarde del sábador, la mancha contaminante alcanzó los cien kilómetros cuadrados de extensión. Se ha derramado buena parte de uno de los tanques, pues el barco presenta ya una inclinación de 45 grados; y el peligro amenaza a las islas.

Juan Tibanlombo, enviado especial.

 

INCLINACION DE 45 GRADOS  PARA EL 26 DE ENERO
La inclinación del buque era el 28 de enero de 45 grados. La mayor parte del combustible almacenado había caído al mar y se esperaba aún conocer la dirección de la mancha contaminante

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Arévalo llegó a pensar en el suicidio


Juan Tibanlombo, enviado especial

El 11 de enero anterior, el patrón de Altura Tarquino Arévalo recibió una llamada a su casa para informarle que el buque Doras I había sufrido una avería y que le encargarían el traslado de búnker a San Cristóbal, su antiguo hogar, en el petrolero Jéssica. "Soy amamantado con pescado", bromeó para hacer notar que podía asumir el reto. Tuvo dos días para estudiar las cartas naúticas de la zona. El 13 de enero la tripulación del Jéssica estaba lista para zarpar a las 12:00. Cuando se disponían a salir, una vez cargado el búnker desde el Doras I, se enteraron en el puerto La Libertad que el Jéssica no tenía permiso para llevar el combustible a Galápagos. El permiso del Doras I no le servía.
Tarquino Arévalo llamó por su celular a Operaciones de Acotramar, la propietaria del Jéssica, para que gestionaran el permiso en la dirección General de la Marina Mercante. Era sábado y con unas llamadas telefónicas, ubicaron al encargado de otorgar los permisos y obtuvieron uno para el Jéssica. Zarparon a las 19:30.
El patrón de Altura cree que todos esos hechos estuvieron escritos en el libro del destino para que terminara en el encallamiento del Jéssica, en Bahía Naufragio, frente a las costas de San Cristóbal: se dañó el Doras, demoró la hora de zarpe, dejó de ver el radar para guiarse por el Sistema de Posicionamiento Global (GPS) y en lugar de llegar en la tarde arribaron a la isla en la noche. "Sucedió porque debía suceder", dice.
Después de haber vivido 45 años en Guayaquil, 10 en San Cristóbal y tres en Paute, su tierra natal, donde nació un 1º de enero de 1943, el tercero de seis hermanos se aficionó del mar por necesidad. Regresó al mar (cuando creía que estaba retirado) por la misma razón.
Cuando cumplió tres años, la muerte de su padre obligó a su familia a emigrar a Guayaquil.
En 1964 llegó a San Cristóbal, siguiendo los pasos de su hermano, el primer marinero de la familia. En ese año el muelle era hecho con palos de mata sarno, las langostas se recogían en la playa y solo se comía bacalao, según recuerda Carmen Herrera, armadora de pangas. Ahí conoció a María Lascano, con quien se casó y tuvo cuatro hijos.
En San Cristóbal lo recuerdan porque atendía el comisariato de la Armada y siempre fiaba a la gente los comestibles. Llegó como marinero y ascendió a Cabo primero- entre el comisariato, el fútbol y la BAE Píntag, su primera embarcación. Se trataba de un barco camaronero incautado, adaptado para la Marina.
Alfonso Lozada, pescador de la isla, recuerda a Arevalo a bordo del Píntag, trayendo los comestibles que un avión de la Armada llevaba a Baltra, porque en esa época San Cristóbal no tenía aeropuerto.
Antes de emigrar de San Cristóbal hizo un curso de seis meses, fundamental en su vida, el de patrón Costanero, en donde dice que aprendió la navegación celeste, a utilizar el sextante, a guiarse por las estrellas. Le dieron el pase a Guayaquil y estuvo a punto de renunciar para quedarse en la isla. Se divorció de María Lascano. En Guayaquil volvió a casarse y tuvo tres hijas. En 1981 puso fin a su vida en la Armada y comenzó en la Marina Mercante.
En 1985 llegó por primera vez a Acotramar y navegó en el Jéssica, bautizado así en honor a la hija de los propietarios. Pero solo estuvo un mes y medio. En 1989, volvió a Acotramar como administrador de la motonave Piquero.
Más tarde en la Veinticinco de Julio de Guayquil instaló un soda bar y le fue tan bien que incluso pensó en abrir sucursales, pero comenzaron a arreglar la vía. Los trabajos duraron un año; cerró el negocio y estuvo desempleado, gastándose sus ahorros. Entonces pidió trabajo en Acotramar, en 1995.
Fue primero capitán del buque Tatiana 5, luego del Tatiana 6, cuando el anterior quedó inservible, y, finalmente, otra vez del Jéssica. Hace tres meses pensó en renunciar, porque asegura que tenía una mejor oferta de trabajo. Desistió cuando le arreglaron el sueldo. El 13 de enero zarpó de la Libertad y el 16 encalló en Bahía Naufragio. Encalló, asegura, por exceso de confianza. Dejó de mirar el radar, porque así estaba escrito en el destino, porque si hubiera maniobrado diez metros más adelante del bajo de Schavoni cree que nada habría pasado. Que no se habría convertido en el hombre más famoso del país, en el más buscado por periodistas nacionales e internacionales. Por eso pensó en el suicidio, cuando se quedó solo en el Jéssica, que seguía escorándose, con la cabeza rota por un golpe.
Pero en ese momento, asegura que vio la cara de su esposa, de sus tres nietos, como en una película fugaz, y desistió. Ahora espera ver qué otra cosa ledepara el destino.

Cambio de estrategia

La nueva estrategia para enderezar el buque Jéssica es imprimir aire con compresores.
Los 300 mil galones de agua que inundaron los tanques del buque petrolero impidieron al remolcador moverlo una sola pulgada.
Para imprimir el aire, un buzo y cinco personas trabajaron en el taponamiento de todos los huecos del buque, con madera y fibra flexible. Los técnicos apuntan a que el aire logre evacuar el agua de los tanques y el Jéssica pueda reflotar con ayuda del remolcador.
Ayer debieron concluir las labores y hoy esperaban terminar esas maniobras seguidas. Los marinos del Jéssica solo esperaban a que el representante de Acotramar, Galo González, concluya los últimos trámites para poder salir de San Cristóbal rumbo a Baltra. Hoy estaba previsto su arribo a Guayaquil. El viernes en la noche, por gestión de los abogados de Acotramar, la tripulación fue liberada de toda culpa. Solo el capitán Tarquino Arévalo espera de que comience el Consejo de Capitanes. (JT)

 

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