'Escribo en HOY porque
soy masoquista... es mi Lorenzo Ponce'
Simón
Espinosa Cordero, editorialista
'Diego
Araujo Sánchez, subdirector del diario y un santo, me pidió una columna de 2 500
caracteres con el título '¿Por qué escribo en HOY?' para la edición del vigésimo
aniversario. Nadie se niega a la petición de un santo.
Puedo, cínicamente, contestar porque soy persona no grata en los otros diarios de Quito y
Guayaquil. Y no mentiría, pero tampoco diría toda la verdad.
Escribo en HOY porque en su planta hallo un grupo de amigos inteligentes, cordiales,
buenos lectores, reflexivos, bien intencionados, que me quieren. ¿Qué mas puedo pedir?
Escribo en HOY porque es un periódico pluralista, informal, que tolera y publica
experiencias de escritura, no te cortan ni te editan y cuando lo hacen, te consultan. Es
mi Lorenzo Ponce. Y sus periodistas son mis Hermanas de la Caridad. ¿Qué más puedo
pedir?
Escribo en HOY por lealtad a Jaime ('El Gringo') Mantilla Anderson. La crisis de Jamil, de
la banca, del sucre dejó a HOY desnudo.
Y el 'Gringo' ha hecho malabares para que no desaparezca ni caiga en manos menos cálidas,
y se inventa una cantidad de trucos y es un genio de ingenio para sobrevivir con decencia
y bien, muy bien.
¿Cómo no voy a estar con este ingenioso don Quijote de la Mancha?
Escribo en HOY por capricho.
En cocteles, sacristías, vestíbulos de impresionantes edificios, calles desdentadas,
nunca falta una persona que me hace el honor de decir: "Yo ya no leo HOY".
Por mil razones: por amarillista, por falto de información, por tibio, porque no se
vende, porque ya lo han comprado fulato, zutano y la menganita, porque no vale, porque
escriben mal o simplemente porque soy un dios omnisapiente que sin abrir sus páginas ya
sé que no vale un centavo.
¿Cómo no voy a perseverar en este papelucho tan malo, tan calumniado, tan envidiado?
Escribo en HOY por masoquismo. Siempre hay en sus páginas una letra saltada, una coma de
más, una nota que se corta, tres notas que se repiten, alguna sintaxis chueca. Le hace a
uno sufrir. Pero allí está el defensor del Lector predicando en el desierto cual Juan
Bautista codiciado por Salomé, la sobrina de Herodes. ¿Cómo voy a privarme de estos
placeres de la carne y del incesto?
Escribo en HOY porque nunca me pagan a tiempo. Y, a fines de mes o a comienzos de mes vivo
unos días como vive la mayoría de ecuatorianos.
¿Me avanzará la plata para cigarrillos? ¿Cómo voy a renunciar a esta hambreadora
experiencia? Son 2 500 caracteres. Me acabo de comer veinte."
LA FICHA
Simón Espinosa Cordero. Periodista y editorialista de varios medios de comunicación en
Ecuador. Profesor universitario nacido en Cuenca y con estudios en Humanidades Clásicas,
Literatura, Filosofía y Teología.
'El
espacio en el que escribo es simbólico, con una significación de sutil conquista'
Carlos
Viteri Gualinga, editorialista
"Empecé
con esporádicas colaboraciones hace ocho años, en las que mi amistad con algunos
redactores tenía que ver. La invitación a ser editorialista me la planteó Diego Araujo
en 1996, ya que HOY había considerado la necesidad de incorporar 'voces' de las diversas
regiones e identidades del país. De entrada me pareció un gran reto, al punto que pensé
unos días antes de aceptar. Escribir cada semana un tema diferente y, sobre todo,
mantener una constancia fiel me parecía una responsabilidad nada fácil, más aún la
idea de someterme al escrutinio semanal de lectores y lectoras. Ahora puedo decir que la
razón por la qué escribo en HOY, además de la amistad, es porque el espacio se ha
tornado para mí en algo simbólico, con una significación de sutil conquista, un lugar
en donde puedo explorar mis imaginarios y razones, y plantearlos en palabras que toman
partido, ante una diversidad de personas con quienes, sin planearlo me encuentro, me cruzo
o me desencuentro cada semana. Escribir un artículo es, cada vez, un desafío nuevo, que
me coloca siempre frente a fortalezas, vacíos, fronteras, valores y cosmovisiones mías y
de otros. Asumirlos en cada tema me forma. Compartir esta suerte de tender un puente de
letras, sin duda, construye."
Cada
editorial es una suerte de reto y rito que enfrenta mis puntos de vista con otros
Carlos
Arcos, editorialista y profesor e investigador de la Flacso
"¡Vaya
pregunta! ¿Por qué escribo en HOY desde 1993? ¿Por qué seguir ese rito semanal de
buscar un tema, investigarlo y luego darle forma en el breve espacio de un editorial? La
respuesta es simple: ¡Me gusta! Es a la vez reto y rito. Reto de participar en la
innovadora experiencia de HOY; reto de vivir el privilegio, pues es un privilegio decir lo
que pienso, y por ese decir, asumir la responsabilidad en la vida ciudadana. Es una
opinión que será compartida, criticada, tamizada, rechazada, recreada y olvidada por los
lectores. Encuentro y desencuentro entre mi opinión y esa otra, la del lector y la
lectora.
Lo escrito se hace diálogo, que eventualmente se traduce en una nota de apoyo o de
crítica. Me gusta ese diálogo que contiene acuerdos, contradicciones y dudas, simbiosis
y rupturas a través de las cuales se hace un punto de vista. El rito del diálogo es la
antítesis de la demostración de verdad que, por lo demás, es una pretensión inútil
porque cada una descubre la suya. El editorial es solo una parte de ese rico, voluble,
escurridizo camino en la formación de la opinión. La columna de opinión será aún más
diálogo de lo que es ahora. Y los editorialistas, dialogadores. Por eso me gusta escribir
en HOY."
'Escribir
es una forma de encontrarle sentido al mundo, aunque sea el sentido de uno'
Pepe
Laso, profesor universitario y ex defensor del Lector, editorialista
"Hace
algunos años, Carlos Vera me hizo entender una gran verdad. Una cosa es teorizar sobre
los medios de comunicación, y otra muy distinta es producir un programa de televisión o
escribir editoriales. Hasta comenzar a escribir en HOY, yo me pertenecía al grupo de los
pontífices enmarcados en los templos universitarios.
Nunca hasta entonces había sentido el síndrome de la página en blanco, enfermedad que
se cura únicamente con la llamada furibunda del editor: "Vamos a cerrar la página y
tu editorial no llega", y la página y la cabeza, en el más absoluto de los blancos.
Cuando fui defensor del Lector y compartía de cerca las angustias de la Redacción, las
rabias de los diagramadores, de los impresores y hasta de los canillitas, entendí que,
como en una panadería, uno no podía pasarse diseñando hasta la madrugada un nuevo
modelo de pan.
Todas estas experiencias me hicieron transitar humildemente por los caminos de mis
elucubraciones universitarias y me hicieron entender las complejidades de las prácticas
mediáticas. Ya irás cogiendo 'oficio', me decían mis amigos de HOY. Esto del oficio es
bastante complejo, pero es profundamente gratificante. Un periodista es también un
artesano."

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