Estados Unidos impone su agenda
luego del 11-S

El instante del impacto del segundo avión en el WTC
El
mundo tiene grabada en la retina la secuencia de imágenes de la destrucción de las
torres gemelas, el 11 de septiembre pasado. Y el efecto pronosticado, aparentemente, no se
ha cumplido, pues la guerra posterior concretó su cometido en parte y el objetivo
fundamental, la captura de Usama Ben Laden, está por realizarse.
En los últimos 20 años, Estados Unidos, la nación más poderosa del mundo después de
la Segunda Guerra Mundial, no había sentido un golpe tan duro y en su propio territorio.
Lo más cercano, temporalmente, fue la guerra de Vietnam. En estos 20 años, además,
había consolidado su poderío y hegemonía y, tras la caída del Muro de Berlín, se
suponía que no habría poder opuesto de nación o grupo extranjero que minara esa
posición.
Con la muerte de más de cinco mil personas, la pérdida económica todavía no definida
por los efectos que persisten (aunque hay cifras que apuntan a más de $1 000 millones),
el golpe sicológico en los estadounidenses y el restablecimiento de una política de mano
dura con todo tipo de extremismo u oposición ideológica, el presidente George W. Bush
marcó la agenda para el presente siglo: el terrorismo no tendrá tregua, aunque se
revista de nacionalismo o religiosidad; la seguridad mundial impone el comportamiento de
las relaciones comerciales, económicas, políticas y diplomáticas entre las naciones; la
economía se sustentará en el desarrollo tecnológico acelerado a todo nivel; y los
países subdesarrollados recibirán mayor atención de parte de los organismos
internacionales y las naciones poderosas.
Esto último está por verificarse como una línea de comportamiento a largo plazo y en
todos los escenarios. (OP).
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