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EL
DÓLAR, ESE DESCONOCIDO
"Lucy, Christian te ama". Se
lee en el reverso de un billete de veinte dólares en circulación. ¿Qué hacer con él?
¿Todavía es válido?
Asumidos en cierta forma los dos primeros desconciertos -la muerte de la moneda nacional y
el ajuste y especulación con los precios- la dolarización tendrá otra prueba de fuego:
el rápido deterioro del billete sujeto a las 'bárbaras' rutinas que aplicamos con el
sucre. Es el destino de un dólar del primer mundo, en medio de la promiscuidad y la
pobreza del Tercer Mundo. Los rollos de billetes en el seno de una tercenista o entre las
manos callosas de un mayorista de cebollas. El Banco Central dice que asumirá las
pérdidas. ¿Hasta qué límite? ¿Qué nivel de deterioro será soportable? ¿Cómo
reaccionarán las ventanillas de los bancos?
Recogemos aquí algunas historias de todos los días y algunas explicaciones técnicas.
Pero solo la experiencia nos dirá qué ocurre y hasta qué punto se modifican los
hábitos de la población. De todos modos, los problemas ocurrirán entre los informales,
que se distanciarán aún más del mercado formal. (JP)

En Cuenca se vende el vaso de leche de chiva en 5 000 sucres, lo
que equivaldría a 20 centavos de dólar
Si le preguntan a Rosa Mayla sobre los
poderes curativos de la leche de chiva, seguro que responderá con un derroche de
conocimientos en la materia. Que los animalitos comen malva, y eso es bueno para el
estómago; que comen mora y eliso, y por eso la leche tiene rico sabor... en fin.
Pero si le preguntan ¿cuánto valdrá un vaso de la prodigiosa bebida cuando comience la
dolarización?... Ahí sí que su sabiduría entra en crisis.
El vaso de leche de chiva que esta mujer vende a un costado del parqueadero de El Tejar
cuesta 5 000 sucres, que equivaldría a 20 centavos de dólar de 25 000. Aparentemente
fácil.
Pero para Mayla y sus cuatro ayudantes todavía es un acertijo el manejo del dólar
"¿Cómo vamos a dar los vueltos?... ¿y cuánto vale un centavo de dólar?...
¿querrán pagar un dólar por un vaso?".
Por lo que se ve, el sector informal será el más confundido cuando se inaugure este
artificio económico llamado dolarización. Por eso, algunos vendedores a lo largo de la
calle Ipiales toman precauciones, como es el caso de Luis Oña, un vendedor de ropa, que
no se desprende de su calculadora, que será su única brújula en el futuro. "Verá:
solo hay que calcular. Y lo que no salga exacto, lo redondeamos para poder dar el vuelto.
Si algo sale a 45 centavos, lo ponemos a 50, y ya está."
Algo parecido hará Plinio Sánchez, dueño del restaurante Vasija de Barro, del mismo
sector. "Si un mineral vale 4 000 sucres, la subiremos a 5 000, y si un cuarto de
pollo vale 28 000, lo pondremos a 30 000 y listo".
En el sector de la Ipiales hay dos grupos principales de vendedores: los dueños de
negocios grandes que trabajan con mercadería importada, y los comerciantes de la calle,
que venden artículos menores como peinillas, pasadores, medias, etc. Para los primeros no
será mayor problema el nuevo sistema monetario, pues están acostumbrados a utilizar el
dólar en su trato con los importadores, pero en los segundos, quienes manejan valores
inferiores a 25 000 sucres, sí es un gran problema aquello de las equivalencias.
Si no, hay que preguntarle a Jorge Herrera, un limpiabotas de la calle Chile, quien cree
que podrá cobrar cuatro dólares por una lustrada, pero se sorprende cuando le aclaran
que tendrá que cobrar centavos de dólar.
¡Centavos!-dice decepcionado- y ya no quiere saber más del asunto. (GA)
Hay a quienes 'les vale...'
El 'Jockey' es un limpiabotas que trabaja hace 46 años en los
bajos del Palacio Episcopal (Chile y García Moreno). Acuclillado sobre su banquito, ha
visto todos los sobresaltos de la vida política y económica del país: golpes de Estado,
batallas campales entre estudiantes y policías, bombas lacrimógenas a granel, etc. Por
eso dice que ya nada le asusta, y menos la dolarización.
"Ahora estamos en el limbo, pero cuando comiencen a circular los dólares tendremos
que subir el precio de la lustrada, porque también van a subir los salarios ¿o acaso
cree que todos van a ganar más y nosotros nada?" El 'Jockey' también dice que
redondeará el valor de su servicio para no hacerse problemas con los cambios.
A quienes no les va ni les viene la dolarización es a los artesanos de la Amazonas.
Lothar es un desenfadado joven que vende pulseras de cuero y anillos de plata. A él le da
lo mismo cobrar en dólares, en sucres o en pesos. "Y si las cosas se complican, me
voy para Colombia o Perú", dice este joven oriundo de Macas.
Pero si a los minoristas de la Ipiales se les complica la vida, para los negocios de los
centros comerciales, como El Jardín o El Bosque, no será ningún problema, pues están
acostumbrados a importar su mercadería en dólares y venderla en la misma moneda o en
sucres. Ahora, con un precio fijo de 25 000, habrá incluso menos problemas, según un
dependiente de Radio Shack, almacén de equipos electrónicos. (GA)
Casos de dolarización
La Lotería Nacional no sufrirá cambios
drásticos. Según su administrador, Alfredo Morla, los premios en sucres que actualmente
reparte se transformarán en dólares.
Así, el premio mayor de 2 500 millones
de sucres se convertirá en 100 000 dólares. Lo mismo ocurrirá con el precio de los
enteros y 'guachitos'.
Pero Morla comenta que esa transición no
será inmediata, sino a partir de julio, puesto que hasta esa fecha todavía habrá sucres
en circulación.
Mientras tanto, los loteros trabajarán
con las dos monedas. (GA)
Los temores
de Maruja García
Maruja García dice que se siente como un soldado. Casi nunca come en casa y siempre está
en camino a algún lugar del país. Solamente los sábados y domingos su presencia es
indispensable en la plaza De las Flores del Carmen. Maruja trae plantas del norte y de la
Costa y las vende en Cuenca, en Macas y otros lugares del Oriente.
En estas andanzas ha encontrado tantas reacciones a la dolarización como personas
diferentes ha tratado. En Nayón, casi en la frontera con Colombia, donde se venden hasta
en cientos de miles de sucres en flores, existen sin embargo "personas muy
duras", que conocen el dólar, pero no lo desean y pelearán en su contra.
Así, lo han anunciado, advirtiéndole que se informe antes de emprender su próximo viaje
para que "no caiga en el levantamiento". En cambio, en su natal Chilcapamba, a
las afueras de Cuenca, prácticamente todos saben calcular los precios en dólares, porque
tienen algún familiar en Estados Unidos que les envía remesas.
En la plaza, Maruja García tranquiliza a sus compañeras, temerosas sobre todo porque no
saben calcular el cambio y porque creen que perderán mucho a causa de la manipulación de
los billetes. "Aquí todas manejamos abono, flores mojadas, macetas sucias y con esas
manos cobramos rápido la plata. Hasta ahora, abajo, en el Banco, nos cambian. Así tienen
que hacer con el dólar también", dice, pero insiste en que las autoridades
deberían informar mejor sobre estas cosas.
Otra mujer canosa, que dice que guarda su plata entre los senos o en un bolsillo de tela
que tiene bajo la pollera y que viene de muy lejos para vender dos patos, no sabe cómo
será lo del dólar, pero si le llega uno, lo meterá allí mismo, para que esté seguro.
La plaza Diez de Agosto, después de las cinco de la tarde, es un indicio de lo que
pasará con la moneda norteamericana en nuestras latitudes. Las vendedoras comienzan a esa
hora a sacar los billetes de los delantales, bolsas plásticas y jarros con o sin tapa
para contarlos. Aparecen enrollados, arrugados, salpicados de humedad de las verduras,
sangre de la carne, grasa del hornado. Los ordenan por denominación y los cuentan.
Grandes fajos doblados, esta vez sólo en dos, desaparecen otra vez en el delantal. Nadie
se preocupa de la suciedad ni de las roturas. "Eso cambiará", dice un vendedor
de medias nailon, "ya no podremos aceptar los rotos, pero sí seguiremos cogiendo los
sucres, porque, si no, no vendemos nada". Y una mujer de la provincia de Bolívar,
casada con un cuencano que la dejó en esta ciudad para ganar en dólares en Estados
Unidos, no se hace problemas: "El dólar es más resistente que el sucre, el otro
día se me metió uno en la lavadora y no le pasó nada. Salió limpiecito".
El lavado de otra índole preocupa a Mariano Cueva de la casa de cambios
"Cambistral". Hasta ahora el lema que se divulgaba para protegerse del
narcolavado era "Conozca a su cliente!". Con la dolarización eso va a ser
imposible. Tampoco será someterlo uno por uno a una inspección visual y de tacto, como
lo hacen sus empleadas. Muchos se han propuesto no recibir denominaciones elevadas para
protegerse. De todas maneras, Cueva no cree que tendráestos problemas, porque está
seguro que su casa de cambios cerrará pronto. (SK)
Publicado el 1 de
abril de 2000 |