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Las protestas populares se
iniciaron frente a la CSJ. Se pedía a los conductores que pitaran para que la Corte se
vaya
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Con esta frase, César Montúfar, de
Participación Ciudadana, concluye su análisis sobre el papel de las protestas en Quito
en la caída de Lucio Gutiérrez. Según este analista, tanto Gutiérrez como la
oposición buscaron copar las calles, porque creían que en estas es donde se expresa y se
vive la democracia. Por esto, el Gobierno de Gutiérrez hizo todo lo posible para tener
partidarios en las vías públicas, sin que le molestara el que fueran pagados. Tampoco
importó que personas con antecedentes penales organizaran el grupo Cero Corrupción como
una fuerza de choque, pues los objetivos fueron aterrorizar a la oposición, demostrar a
la opinión pública el respaldo popular al Gobierno y, de paso, que estos grupos hagan el
trabajo sucio para la Policía y el Gobierno. Con el afán de evidenciar el apoyo popular
al presidente, los líderes desesperados e irresponsables de Sociedad Patriótica no
dudaron el 20 de abril en llevar autobuses con partidarios, simpatizantes y gente pagada
para que 'defiendan al Gobierno' en las calles y se enfrenten a puños, palos y bala con
sus opositores.
Si bien la estrategia de llenar las vías públicas le falló al Gobierno, la oposición
de a poco le fue ganando terreno hasta que lo desbordó luego de que Gutiérrez calificara
de 'forajidos' a quienes fueron llamados y se autoconvocaron para las protestas que se
dieron a partir del 13 de abril. Muchos ciudadanos buscaron llegar a los espacios desde
donde se ejerce el poder para apoderarse de sus símbolos. La creencia de que tanto
Bucaram en 1997 como Mahuad en 2000 habían sido echados por las protestas populares
funcionó como un mito movilizador. Muchos buscaron repetir estas hazañas soportando las
descargas de gases lacrimógenos y tratando de sortear las barricadas con las que
Gutiérrez se había acorralado en el Palacio de Gobierno.
Los objetivos y las formas de las protestas
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La convocatoria realizada por
una mujer anónima a través de radio La Luna para efectuar una manifestación nocturna,
derivó en un movimiento popular de gran colorido y creatividad: los 'forajidos'
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A más de tomarse los espacios donde está el
poder, las muchedumbres atacaron las instituciones que reflejaron la politiquería de la
época de Gutiérrez. Es así que se rompieron los vidrios de los edificios donde sesionó
el Congreso, se atacaron y golpearon a algunos diputados y, sobre todo, se quemó el
Ministerio de Bienestar Social. Este se convirtió en el símbolo de lo que María Paula
Romo, de Ruptura 25, llama las afrentas de Gutiérrez y de sus colaboradores. El uso de
los bienes públicos para la políticas de patronazgo y clientelares del Gobierno, y las
declaraciones racistas y agresivas de Bolívar González transformaron a esta institución
en el mayor símbolo del gutierrismo. Cuando en la mañana del miércoles 20 de abril los
manifestantes buscaban 'defender' Quito de los gutierristas que fueron traídos en buses,
muchos fueron al Ministerio de Bienestar Social, donde, con piedras y palos, se
enfrentaron a los defensores de Gutiérrez y González. Luego de que los pistoleros de
González hirieran a dos personas, alguien lanzó un cóctel molotov y empezó el incendio
del Ministerio. Se utilizó el fuego para erradicar lo que muchos vieron como la
podredumbre del Ministerio y del régimen, para, a la vez, purificarlo, por lo que la
muchedumbre respondió eufórica cuando un ciudadano destrozó un retrato del presidente
Gutiérrez a la vista de todos.
Durante estos episodios se activaron las formas de protesta que la gente normalmente
utiliza. Por esto, muchos jóvenes colegiales y universitarios, que de paso, según la
Cruz Roja, constituyeron la mayor proporción de los heridos atendidos durante las
protestas, atacaron con piedras a los policías, pues protestar para ellos significa
entrar en una confrontación. En palabras de Diego Morales, presidente de la FEUE, y de
Omar Ayabaca, del Friu, la lucha contra el Estado es "con la piedra, la incendiaria y
la papa" (piedra cubierta de pólvora que causa gran estruendo y susto entre los
policías). Para estos muchachos, profesionales de la protesta, el objetivo es arrinconar
a las fuerzas del orden y motivar a que el pueblo les pierda el miedo y el respeto.
Junto a estas formas de protesta violenta aparecieron modelos pacíficos.
Es así que Participación Ciudadana rescató los pitazos con los que la familia Restrepo
demandó conocer la verdad sobre el paradero de sus hijos. Los pitazos sirvieron para que
la gente empezara a manifestar su repudio al autoritarismo de Gutiérrez frente a la Corte
Suprema, o para que las Ciudadanas por la Democracia protestaran frente a la Cancillería.
Otras formas novedosas y pacíficas fueron articuladas a través de las llamadas
telefónicas a la línea abierta de Radio La Luna. Esta emisora se transformó en el
centro desde donde personas comunes y corrientes propusieron formas ingeniosas de
resistencia al Gobierno, tales como los cacelorazos, el 'tablazo' y el 'mochilazo'. A
través de los micrófonos abiertos de Radio La Luna, los ciudadanos se autoconvocaron
para desafiar las declaraciones autoritarias del Gobierno, en el sentido de que el paro
provincial de Pichincha había fracasado el 13 de abril. El 15, este mismo mecanismo fue
utilizado para llamar a que la ciudadanía defendiera las instalaciones de la radio de los
garroteros de Cero Corrupción, y luego para desafiar las disposiciones dictatoriales de
declarar el estado de emergencia. A través de La Luna se organizó la resistencia de
Quito para cerrar el paso a los autobuses que venían para defender al Gobierno. Pero
estas formas pacíficas fueron desbordadas tanto por el afán de llegar al militarizado
Palacio de Gobierno, como por las piedras de los estudiantes que provocaron en muchos
casos la lluvia desmedida de gases lacrimógenos.
La clase media, los jóvenes y las mujeres
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Con el paso de los días, el
pedido inicial de la remoción de los magistrados de la Corte Suprema se fue convirtiendo,
en las calles del Ecuador, en el grito uniforme de 'Fuera, Lucio'
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Es interesante que muchos de quienes no cesaron de
protestar tengan vergüenza de reconocer que la mayor parte de actores de estas protestas
fueron de clase media. Tal vez el temor es dar la razón al Gobierno que los descalificó
como 'aniñados', o tal vez la creencia de que el pueblo, entendido como los sectores más
pobres, es quien tienen el poder físico y moral para poner y tumbar presidentes. A
diferencia de febrero de 1997 y de enero de 2000, los indígenas de la Conaie estuvieron
ausentes. La mayor parte de quienes protestaron fueron de clase media.
Los estudiantes de Derecho de la Universidad Católica fueron los primeros en manifestar
su descontento con la forma en la cual se destituyó a la Corte y se nombró a la nueva.
Las ONG de clase media, como Participación Ciudadana, estuvieron al frente de los pitos y
fueron las primeras víctimas de Cero Corrupción. Grupos ad hoc creados para 'hacer algo'
ante el autoritarismo y defender la democracia, como Ciudadanos por la Democracia,
brindaron un espacio para que Las Manuelas, un grupo de 12 amas de casa y profesionales de
más de 40 años, encontraran un espacio para manifestarse. Las clases media y alta
coparon la avenida Nueve de Octubre el 26 de enero con la Marcha Blanca de Guayaquil,
convocada y liderada por el alcalde Jaime Nebot. Personas en su mayoría de clase media
marcharon en el centro histórico de Quito bajo la mira de los francotiradores de la
Policía el 16 de febrero. Estos mismos sectores no se retiraron de la avenida De los
Shyris y de Radio La Luna el viernes 15 de abril, luego de que Gutiérrez declarara el
estado de emergencia para el Distrito Metropolitano, y regresaron el sábado, con toda su
familia, para desafiar la orden dictatorial.
Otro dato interesante fue la ausencia de organizaciones tanto políticas como de
movimientos sociales. Luego del fracaso relativo del paro provincial organizado por
Izquierda Democrática y Pachakutik, la gente, en palabras de Norman Wray, se autoconvocó
para protestar y echó a los políticos de las concentraciones. En muchos casos, como el
de Paco Rhon, antropólogo y director del Centro Andino de Acción Popular, las razones
fueron personales de rechazo al autoritarismo y a la 'desinstitucionalización' más que
basadas en un plan o proyecto político compartido. Para María Paula Romo, abogada de 25
años, los actores fundamentales fueron las mujeres y los jóvenes que reaccionaron ante
la propaganda del Gobierno 'que decía: "Ustedes a cocinar y ustedes guambras a
aprender para cuando sean grandes".
Los valores
Al conversar con quienes salieron a las calles se constata que valores abstractos, tales
como la democracia, la defensa del estado de derecho, el rechazo al autoritarismo, a la
prepotencia, a la corrupción, al nepotismo, fueron las razones que los llevaron a
movilizarse. La caída de Gutiérrez se da sin un paquetazo económico con el que se
incrementen los precios de los servicios básicos, como cuando Bucaram subió el precio
del gas, de la luz y del teléfono. También, a diferencia de Mahuad, que fue tumbado
luego de una crisis económica que golpeó fuertemente los bolsillos de los ciudadanos con
la hiperinflación y con la crisis bancaria en la que perdieron sus ahorros, esta vez
cayó un Gobierno en una coyuntura de estabilidad y de crecimiento económico. La crisis
fue eminentemente política y las razones por las que mucha gente se sumó a las protestas
fueron políticas y aun éticas.
El retorno de Bucaram también debilitó a Gutiérrez pues para muchos quiteños, en
particular de clase media para arriba, este es la encarnación no solo de la corrupción
sino también de los valores y modales que no debe tener un político y peor un jefe de
Estado. Ver cómo Abdalá, el 2 de abril en Guayaquil, repetía sus hazañas de llegar en
helicóptero, insultar a Febres Cordero con 'malas palabras', observar como sudaba y se
lanzaba agua en la cabeza, y su salida del mitin a caballo por la Nueve de Octubre
enseñado su gordura sin camisa, les recordó lo peor del bucaramato. Cada vez se vio más
a Gutiérrez como un pobre imitador de Bucaram que aún bailaba 'El conejito' mientras
miles de manifestantes le pedían que ratifique y que cambie. A lo mejor, el discurso
populista de Gutiérrez de presentar la política como una lucha sin cuartel entre él,
como la personificación del pueblo, y la oligarquía corrupta lo debilitó. En esta
confrontación maniquea solo había la posibilidad de estar en contra o a favor del
presidente, y de a poco muchos prefirieron ser tildados de 'afeminados', 'deudores
corruptos', 'cachorros de León' con tal de no permitir que este afiance su proyecto
autoritario.
Muchos vimos con terror la posibilidad de que se implantara una dictadura, sobre todo
luego de la cadena de televisión en la que Lucio Gutiérrez, con cara de palo, salió
rodeado de los altos mandos militares, que ni pestañeaban cuando este declaraba el estado
de emergencia en Quito y disolvía la Corte Suprema de Justicia. Muchos opositores habían
sido amenazados con llamadas anónimas y se habían escapado de los garrotes de 'Cero
Corrupción'.
La rabia y la torpeza política del primer mandatario también contribuyeron a que las
manifestaciones en su contra encontraran cada vez más adeptos. Luego de que un grupo de
personas fueran a su residencia privada la noche del 13 de abril, el presidente perdió la
cabeza y los insultó y descalificó como 'oligarcas' y 'forajidos'. Esta palabra marcó
el inicio del fin del presidente, pues cada vez más sectores se autocalificaron como
forajidos en las protestas nocturnas, y las líneas de Radio la Luna fueron copadas por
las llamadas y las visitas de 'forajidos' que daban su nombre y cédula de identidad para
sumarse al rechazo al Gobierno. Es así que la segunda fase de las protestas que
arrancaron el 13 de abril y culminaron con la caída de Gutiérrez fueron calificadas por
muchos de los partícipes y por los medios como La Rebelión de los Forajidos.
No todos se movilizaron por valores abstractos. Los estudiantes de la Federación de
Estudiantes Secundarios del Ecuador, donde manda el maoísmo, lucharon por sus intereses
corporativos del carné estudiantil.
Los trabajadores judiciales salieron a las calles para defender sus puestos de trabajo,
aunque dijeron, sin que convencieran mucho, estar en contra de la 'Pichicorte'. Los
indígenas evangélicos marcharon en apoyo al Gobierno a cambio de prebendas del Estado y
para restarle espacios y fondos a la Conaie. Tal vez los jóvenes revolucionarios del FRIU
y de la FEUE se movilizaron por la Revolución, valor abstracto que en la actualidad suena
como viejo, pero que justifica el empleo de cualquier medio con tal de alcanzar el
preciado fin.
No todos compartieron la consigna de que se vayan todos. Más bien el único punto en
común de los manifestantes, conforme pasaba el tiempo, fue que se vaya Lucio. Al no haber
una organización que centralice las protestas, no hubo un mandato único y compartido por
los llamados forajidos. Para algunos fue la ocasión de plantear un cambio de estrategia
macroeconómica, para otros, la posibilidad de que se refunde el país. Pero, para los
más, fue la necesidad de terminar con prácticas de Gobierno autoritarias, como fueron
las amenazas a la vida de quienes se opusieron al Gobierno y a la formación de grupos de
choque como Cero Corrupción.
Lo feo de las protestas
Si bien lo bueno de las protestas fue la participación de los jóvenes, el valor y
liderazgos de las mujeres, la defensa del estado de derecho y de la democracia, la
desobediencia civil ante el estado de emergencia y la autoconvocatoria de los ciudadanos
sin partidos, caciques ni líderes, no todo fue color de rosa. Para César Montúfar, lo
feo fue el racismo y el clasismo de los quiteños. La confrontación tuvo, en algunos
casos, marcados tonos regionalistas y clasistas. Los quiteños defendieron su ciudad de
las supuestas hordas gutierristas que venían en buses desde la Amazonía y de la Costa.
Ser quiteño significó no ser negro, ni amazónico, ni montubio, ni 'mono', como si estos
no fueran ciudadanos de la capital.
Estudiantes amazónicos de la Flacso fueron agredidos, a Gutiérrez y a los amazónicos
algunos les llamaron "jíbaros incivilizados". Los indígenas evangélicos
fueron construidos por los medios como borregos, animales acarreados sin agencia, cuando
venían con un plan concreto para negociar prebendas corporatistas con el Gobierno.
María Paula Romo y Norman Wray señalan que las confrontaciones entre ecuatorianos fue lo
peor de la coyuntura. Norman cuenta cómo en diciembre de 2004 desmovilizó una protesta
de estudiantes de Derecho, cuando fueron confrontados por gente pobre que defendía a
Gutiérrez, pues el objetivo fue no caer en provocaciones y exacerbar la pelea entre
pobres y estudiantes de clase media. Fue triste escuchar cómo quienes defendieron a
Bolívar González fueron pagados entre $10 y $20 para venir al 'matadero'.
Para Manuela Gallegos, lo imperdonable fue la violencia policial, y señala la necesidad
imperativa de que los ciudadanos monitoreen a la Policía y exige que estos expliquen sus
actos represivos. Por último, preocupa el mito de que las manifestaciones tumbaron al
presidente. ¿Representan al país los 40 mil o 200 mil manifestantes de Quito? ¿Fueron
democráticos los actos del Congreso, que buscó una artimaña legal para sacar a
Gutiérrez del poder? Muchos civiles siguen pidiendo a los militares que les resuelvan sus
problemas. El martes 19 de abril corrió el rumor de que las Fuerzas Armadas retirarían
el apoyo al presidente a la medianoche, y que, para presionarlas, era imperativo llegar a
la Plaza Grande. ¿Fue parte de la estrategia de algunos civiles el provocar el golpe de
Estado? Si bien no creo que el Gobierno haya caído en las calles esta aseveración
continuará perdurándose como un mito movilizador que empujará a que cada vez que no
guste un presidente se salga a las calles. ¿Hasta cuando los militares no reprimirán de
verdad, sobre todo en contextos en los cuales cada vez más son llamados por los civiles a
dar golpes de Estado, a desconocer constituciones y a ser los dueños y árbitros de la
democracia?
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