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.. La acción política en un país al margen de la ley

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 .. ¿Qué será? Será

fle2.gif (131 bytes) CRONOLOGÍA de los hechos más importantes durante la caída de Gutiérrez

fle2.gif (131 bytes) ARTÍCULOS PUBLICADOS en HOY durante el régimen de Lucio Gutiérrez

fle2.gif (131 bytes)Créditos

¿QUÉ SERÁ? SERÁ
Simón Espinosa Cordero
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cuadrito.gif (108 bytes)El actual proceso democrático, iniciado en 1979, afrontó problemas de estabilidad y legitimidad de las acciones desde su inicio. Jaime Roldós (foto) y Osvaldo Hurtado, fueron prueba de aquello

El presente ensayo tiene por objeto reflexionar sobre el futuro de la política nacional luego de la caída, fuga y exilio del presidente Lucio Gutiérrez Borbúa.
Pronosticar el futuro político del Estado y la sociedad ecuatoriana no es tan fácil como el pronóstico atribuido al jefe de la etnia Colorada, Abraham Calazacón. El humor quiteño, que tan bien reflotó en las aguas de la revuelta de abril, cuenta que un joven emprendedor viajó hasta el fondo de la selva subtropical de Santo Domingo de los Colorados para pedir al jefe de esa etnia que le enseñara a pronosticar el futuro. Era el filo de la medianoche. Don Calazacón, recibida la paga, introdujo al joven aprendiz en una choza de bambú y techo de palma, entre un croar de sapos y un refulgir de luciérnagas. El maestro pidió al aprendiz que se quedara totalmente en cueros y que, una vez encuerado, se pusiera en cuatro. El joven aprendiz cumplió con la primera parte de las instrucciones pero se rehusó a ponerse en cuatro: -"Es que, Don Calazacón, usted me va a hacer algo malo". -"Ya ves, le respondió el brujo, ya vas aprendiendo a adivinar el futuro inmediato".

Roldós y Hurtado

El futuro es hijo del ayer y nieto del anteayer. Corría el año de 1978 cuando el Consejo Supremo de Gobierno de la dictadura militar preparaba el retorno a la democracia. Por poco, este retorno corrió el riesgo de caer en manos de los llamados patriarcas de la componenda: los viejos políticos liderados por León Febres Cordero y Sixto Durán Ballén. Los dos cerraron el paso al patriarca de la componenda populista Assad Bucaram, pero no pudieron impedir que gente joven y nueva adviniera al poder.
Jaime Roldós y Osvaldo Hurtado fueron elegidos para gobernar por cinco años. En el Gobierno del primero estalló una "guerra" con el Perú y creció la deuda externa. Una conspiración internacional mató, probablemente, al joven mandatario, según un último libro escrito por un funcionario del Banco Mundial. La democracia empezaba a desestabilizarse. Pero la sucesión de Roldós fue constitucional, y Hurtado debió afrontar la crisis producida por la recesión de los países industrializados que ocasionó una elevación de los intereses bancarios y un cierre del crédito internacional a la América Latina. Las medidas de austeridad tomadas por Hurtado le valieron la violenta oposición de todos los sectores políticos, empresariales y sindicales. Logró mantenerse en el poder concediendo a los empresarios la sucretización de la deuda externa privada de ellos y gracias a un talento político superior. Le golpeó luego la corriente de El Niño. Con todo entregó a su sucesor León Febres Cordero un país y una economía que empezaban a recuperarse.

León, Borja y Sixto

El nuevo presidente combatió con ferocidad a la guerrilla y la extirpó, impulsó la recuperación de la economía, pero sufrió la rebelión de un caudillo militar y más tarde fue secuestrado también por militares. Tuvo que firmar una promesa de rectificaciones políticas. El creciente miedo del que se había valido para gobernar, casi como un dictador civil, desapareció. Golpeado por El Niño y un terremoto que afectó a las exportaciones petroleras, administró las finanzas públicas en el último año de su Gobierno con la dañada intención de dejar malparado el país que iba a ser gobernado por un contrincante ideológico, el demócrata social Rodrigo Borja.
Durante el mandato de Borja, el movimiento indígena cobró importancia nacional y tuvo éxito en sus reivindicaciones étnicas y agrícolas. La sociedad ecuatoriana se democratizaba. A Borja, le siguió un presidente de ideología socialcristiana, pero que ganó las elecciones con un partido formado tan solo para poder competir en ellas. Sixto Durán Ballén pervirtió la función de los partidos. Este mal ejemplo habría de ser seguido por el presidente Lucio Gutiérrez. El Gobierno de Sixto se caracterizó por la corrupción legal, como fue el caso de la Ley de Instituciones Financieras, que dejó huecos abiertos para la práctica legal de la piramidación bancaria, lo que habría de incidir directamente en la crisis financiera de 1998 y 1999 y en la caída del presidente Jamil Mahuad. Desarticuló a Petroecuador al privarle de un presupuesto propio, preparando de esta suerte el camino a la privatización del petróleo, y fue corrupto por eficiencia como en el caso del vicepresidente Alberto Dahik, quien dispuso ilegalmente pero no en provecho propio de fuertes sumas del dinero nacional para gastos reservados.
De este breve recuento se puede concluir que fue la derecha ecuatoriana la que terminó por desestabilizar a importantes instituciones del país. Los gobiernos del centro, Roldós, y de modo particular Hurtado y Borja, administraron bien el Estado y no perdieron su legitimidad como en el caso de Febres Cordero y Durán Ballén.

Los años de la desestabilización

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cuadrito.gif (108 bytes)En el Gobierno de Abdalá Bucaram se hizo patente el desgaste del sistema democrático ecuatoriano, iniciando una época de inestabilidad. En la foto, el ex mandatario, canta junto al grupo Los Iracundos

Tras el Gobierno de este último habrían de venir 10 años desestabilizadores que culminaron en el caos político de la presidencia de Lucio Gutiérrez.
Abdalá Bucaram gobernó con insensatez y escándalo y se cavó la propia tumba pese a un plan económico razonable. Fue el pueblo de Quito quien lo arrojó del poder, pero un pueblo instrumentalizado en su indignación por fuerzas políticas, entre ellas, el Social Cristianismo y la Democracia Popular. Le sucedió, en el fondo inconstitucionalmente, el presidente Fabián Alarcón, quien legitimó su designación de presidente con una consulta popular, pero su Gobierno permitió que creciera la corrupción de modo más abierto. Jamil Mahuad tuvo su momento de gloria cuando dio fin al secular y costoso pleito fronterizo con el Perú. Pero cayó víctima de la crisis financiera, la corrupción electoral y la arterioesclerosis. Tras una ruptura constitucional organizada por el coronel Lucio Gutiérrez, una facción del movimiento indígena y un grupo de coroneles, que no lograron hacerse con el poder por la intervención de los Estados Unidos y las rivalidades en la cúpula de las Fuerzas Armadas, sucedió constitucionalmente a Mahuad el vicepresidente Noboa. La caída de Mahuad fue inconstitucional. En el Gobierno de Noboa, metieron también la mano grupos oligárquicos guayaquileños como se demostró con el nombramiento de sucesivos ministros de Finanzas y Economía, quienes sin razón en unos casos y con razón en otros ocasionaron escándalos que dañaron la administración Noboa y determinaron que, una vez fuera de la Presidencia, tuviese que pedir asilo político en el exterior. Se repetía la historia de la derecha política: manejar el Estado sin distinguir los límites de lo privado y lo público.

Gutiérrez

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cuadrito.gif (108 bytes)Radio La Luna, emisora que expresó a través de sus transmisiones el descontento popular, fue custodiada durante la revuelta por grupos de los forajidosa

Cuando pujaron por elegirse las figuras relativamente nuevas de Gutiérrez y del oligarca banquero y exportador Álvaro Noboa, y las ya gastadas de León Roldós, Rodrigo Borja y Osvaldo Hurtado, el pueblo resentido por los efectos personales de la crisis financiera sepultó políticamente a Hurtado, dejó malparados a Borja y a Roldós, y creyó en las zalamerías de dos partidos nuevos, creados exclusivamente para la contienda electoral: Sociedad Patriótica, que no pasó de ser una sociedad de ignorantes y oportunistas, y el Prian, un partido que de revolucionario nada tenía, pues resultaba una informe mezcla de caudillismo populismo e intereses oligárquicos de la banca y la exportación.
Gutiérrez no tenía mérito alguno para ser presidente, como lo demostró hasta la saciedad. Ofrecía, sin embargo, la esperanza de que representaba a una clase social que nunca había llegado al poder desde la fundación de la República.

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cuadrito.gif (108 bytes)Una de las imágenes más claras de la ira popular en contra de los miembros del anterior Gobierno fue el ingreso violento que hicieron los quiteños al aeropuerto para impedir la huida de Gutiérrrez

La clase de los longos. Esto no se ha dicho nunca por escrito a causa del miedo de que quien lo diga sea tachado de racista. Ya es hora de descontaminar este término de su connotación insultante, puesto que describe bien un estilo de vida y aspiraciones y comportamientos. Gutiérrez estuvo respaldado por un partido que representaba a los indios. El significado histórico y social de su triunfo era esperanzador. Había renovación en la política y en la sociedad ecuatoriana.
La Izquierda Democrática había sucumbido por los peligros del personalismo de Borja y por la mediocridad de la mayoría de sus dirigentes. León Roldós nunca representó a un movimiento organizado. Cosechaba el nombre y el recuerdo de su hermano, la exitosa gestión en la Universidad de Guayaquil y los atinados comentarios en la prensa y en la televisión de propiedad de empresarios centristas.
Un binomio de Roldós y Borja o de Borja y Roldós habría convenido al pueblo y al Estado ecuatoriano. Pero no fue posible por egoísmos personales. Una vez más, lo privado se imponía al bien común. El Partido Social Cristiano no tenía un caudillo con probabilidad de triunfar en las elecciones presidenciales. Triunfó en las del Congreso gracias al arrastre de su plaza fuerte en Guayaquil. Además, lo que importaba a la clase dominante de Guayaquil ya no era la Presidencia de la República sino la autonomía de la provincia. Así pues, los dos partidos nacionales se pusieron a estorbar el Gobierno de Gutiérrez. El Partido Roldosista de Bucaram esperaba en la sombra. Y vino lo que vivimos más intensamente entre diciembre de 2004 y abril de 2005.

¿Qué será?

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cuadrito.gif (108 bytes)Ramiro González (Izq.), prefecto de Pichincha, y Paco Moncayo, alcalde de Quito, aparecieron como los líderes más constantes de la oposición al régimen de Lucio Gutiérrez, incluso en las calles


¿Cabe, entonces, decir que el pueblo se ha equivocado en las urnas? ¿No es más objetivo afirmar que la conducta poco responsable de los partidos políticos le ha puesto al pueblo en la ocasión de equivocarse en las elecciones presidenciales y que una Constitución política irreal y mañosamente escrita le ha puesto al pueblo en el despeñadero de la equivocación? ¿Por qué este mismo pueblo tan zarandeado, en general, no se ha equivocado al elegir a los gobiernos seccionales?
Hechas estas consideraciones, no fue la oligarquía ni la Izquierda Democrática las que lideraron la rebelión de la conciencia de los quiteños de la clase media y alta. Estas clases sociales se levantaron no por un motivo económico inmediato, pero sí por una razón económica de mediano plazo: ¿qué iba a ser del futuro de sus hijos, de ordinario, medianamente bien educados en el propio país o en el exterior? Lucharon por la posibilidad de una vida digna para sus hijos. El pueblo más consciente no estaba en el país: había emigrado a los Estados Unidos, España e Italia. A diferencia de la oligarquía y de la clase alta, no depositaba sus ahorros en el exterior sino los mandaban a sus familiares, aquí en la patria. El pueblo estaba maniatado por los bonos del Gobierno, la compra de conciencias en el mercado del Ministerio de Bienestar Social y la fidelidad de los descamisados al liderazgo de Abdalá Bucaram. El pueblo quiteño solo se rebeló el último día, cuando debió defender su ciudad de los invasores atizados por el Gobierno, que propiciaba criminalmente el comienzo de una guerra civil. El Partido Social Cristiano esperaba el momento de cosechar el resultado de la rebelión quiteña. Y completaba el final de la primera etapa de autonomía de la provincia del Guayas.
Desde este anteayer y ayer hay que ensayar un pronóstico del futuro inmediato y mediato.
Tras las caídas de Abdalá Bucaram y Jamil Mahuad nada cambió. La vieja guardia política, la vieja oligarquía, siguió en el poder directa o indirectamente. Más aún, emergió en el horizonte una nueva oligarquía: la del Prian. Los banqueros de la catástrofe de 1998 y 1999 seguían influyendo sobre todo por medio de la televisión, una televisión irresponsable y regionalista.
Lo nuevo en la caída de Gutiérrez es el movimiento de la clase media y alta de Quito. De modo que el porvenir inmediato y mediato radicará en la capacidad de organización de estas clases quiteñas, en la perseverancia en la lucha y en la capacidad para expandir la protesta a las clases medias y altas de las ciudades de la Sierra, Manabí y Esmeraldas y a la capacidad de proponer opciones nuevas y reales, vigilar socialmente, y salir a las calles con método y perseverancia. La autonomía del Guayas conllevará la sujeción de las provincias de Los Ríos y El Oro al nuevo poder guayaquileño.

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cuadrito.gif (108 bytes)Tras la caída de Lucio Gutiérrez, y la concesión de refugio a este en la residencia del embajador brasileño en Quito, las protestas se mudaron a las afueras de ese inmueble

Por lo pronto, el presidente Palacio y su Gobierno no han escuchado bien las propuestas de la rebelión quiteña. Las han escuchado a medias, y en su afán de formar un Gobierno de concertación nacional han identificado la nación con Guayaquil.
Hay una promesa de asamblea constituyente y de consulta popular. La clase media y alta de Quito, que han empezado a participar en la vigilancia política y que se reconocen con el nombre de los forajidos y sobre todo las forajidas, si intensifican su acción ciudadana de un modo ordenado, metódico, coherente y perseverante, tendrán que llegar a la consulta y a la Asamblea con propuestas concretas, sensatas, mensurables, exigibles. Tienen que buscarse un líder que sea mujer y joven. La que ha destacado por su pensamiento articulado, su sensatez, su buena participación y su solidaridad con los que se tomaron la catedral es la abogada Romo.
Este movimiento unificado debe controlar socialmente al Congreso y no permitir que ni los supremos jueces ni los miembros del Consejo Nacional de la Judicatura ni los Tribunales Constitucionales y Electorales se roben los frutos de la rebelión quiteña. Si roban y dejan estos robos impunes, el movimiento que culminó el 20 de abril se morirá de pulmonía.
Si forajidas y forajidos llegan a influir significativamente en la consulta y en la asamblea, tendrán que alinearse en los próximos cinco años por una sola y única causa: rescatar la educación pública de manos del Movimiento Popular Democrático y de la Unión Nacional de Educadores. Por aquí anda el qué será de la rebelión quiteña. De modo que la lucha apenas si ha comenzado.

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