Dos imágenes
Ana MarÍa Correa
Difícil encasillar a Lucio Gutiérrez luego de 15 meses al frente de la Presidencia de la
República. ¿En dónde quedó aquel hombre desarticulado e insurgente que encabezó los
sucesos del golpe de Estado en el año 2000? Luego de transcurridos algunos años,
campañas, recorridos y, sobre todo, vivida la cruda y triste realidad de gobernar un
país fragmentado y de voluntades contrapuestas, el Lucio que un día conocimos en medio
del tumulto y la vorágine se desdibujó.
Entonces, ¿quién es Lucio hoy en día, y quién será Lucio al final de sus días como
presidente? Es extraño y sorprendente pensar que el personaje de ayer y el de hoy sean la
misma persona. El discurso incendiario y revolucionario, antimercado y
antiliberalización, migró hacia un discurso convencional, aperturista y sobre todo
mesurado. Los minutos en que el Consejo Editorial de Diario HOY pudo compartir con el
presidente de la República fueron tremendamente reveladores, no solo de la consolidación
de este discurso, sino de una nueva faceta de la personalidad del presidente.
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La masiva presencia de las
mujeres en las manifestaciones que antecedierona la caída de Lucio Gutiérrez fue uno de
los rasgos característicos de la revuelta de los forajidos. |
Cuando los ecuatorianos conocimos a Lucio, el
coronel de aquel 21 de enero del año 2000, fuimos testigos de las acciones de un hombre
temerario, que no cedió ante el miedo y que quebrantó el orden establecido de la
institucionalidad, al tiempo que se alineó con aquel grupo de ecuatorianos
tradicionalmente excluidos del ejercicio público en nuestro país. Recuerdo mi sorpresa
luego de escuchar al coronel Gutiérrez pocos meses después del fallido golpe de Estado,
era un hombre carente de un discurso articulado, sin destrezas políticas, controversial y
con una visión maniquea del mundo.
Hoy en día, por el contrario, Lucio está entrenado en el manejo del discurso, contesta
con fluidez cada una de las preguntas y muestra consistencia en sus respuestas; sin
embargo, paradójicamente, ha perdido la seguridad de sus días de lucha y de campaña, y
su candidez y vulnerabilidad denotan poca fuerza para afrontar el duro trajín de gobernar
este país. Lo que aparentemente podría ser una de sus fortalezas - la poca resistencia
que ocasiona en un diálogo - parece al mismo tiempo ser su tremenda debilidad. Lucio ha
perdido su ardor, se muestra prudente y convencional, como un hombre que ha bajado las
armas. ¿Será este el hombre que haga frente con solvencia a las acusaciones, así como a
los retos económicos que se le presentan al Ecuador?
Lucio luce más robusto, ya no trota junto a sus "encuestados de carne y hueso"
y parece deleitado con su nueva vida de gran burgués en el Palacio de Carondelet donde
disfruta del brillo de los suntuosos espejos, y de las delicias de la cocina palaciega. Ha
aprendido el arte de la rectificación y del reconocimiento de sus errores, sin embargo,
eso parece más el resultado de un entrenamiento en el discurso que un real
dimensionamiento de los problemas. Quince meses después, los ecuatorianos esperamos que
el presidente alcance su madurez política, superando los extremos de su antigua lucha que
pretendía romper con la democracia y su recientemente adquirido confor burgués.
Publicado el 18/05/2004

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