¡Mucho
cuidado!
Marena Briones Velasteguí
Un corto tiempo y varios hechos de violencia en
circunstancias nada claras. Un corto tiempo y sospechosos atentados y amenazas a medios de
comunicación y a comunicadores sociales. Demasiado para un país como el nuestro, cuyo
bienestar social y económico continúa pendiendo de un hilo. Demasiado para un pueblo
cuyos líderes, en general y salvo las excepciones de siempre, no han sabido demostrar
aún que disponen del temple y de la sabiduría necesarios para gobernar, legislar,
fiscalizar, dirigir, administrar justicia y ser copartícipes de la gestión pública sin
someterse a la vanidad del poder y a intereses particulares. Demasiado para un territorio
pequeño, cuya ubicación geopolítica regional lo torna extremadamente vulnerable.
Demasiado para una ciudadanía que ha debido acumular frustración tras frustración, que
ha debido ser testigo o protagonista del éxodo que alienta la esperanza de un futuro
mejor. Demasiado para una población que cada vez pierde más la confianza en sus
instituciones y en sus dirigentes.
De lo que haya habido y haya detrás del caso 'Fybeca', del ataque a Leonidas Iza, de la
muerte del Ing. Campana, de la agresión al vehículo de Carlos Muñoz Insua y la muerte
de su chofer, de las intimidaciones a representantes de las radios Quito y La Luna, y de
cómo se vayan esclareciendo o no esclareciendo esos hechos, dependerá la luz o la
oscuridad de los próximos días del Ecuador. Si alguna vez dije que creía que los
ecuatorianos habíamos hecho carne la incomunicación, hoy penosamente también tendría
que decir que estamos al borde de empezar a hacer carne la violencia.
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El ataque, nunca aclarado,
contra el diputado del partido socialista, Enrique Ayala Mora, fue uno de los hechos de
violencia de los que se acusó al régimen anterior |
El diálogo, para alcanzar fines comunes y entenderse colectivamente en y desde las
diferencias, como se ha dicho tantas veces, no ha sido un don que haya caracterizado la
vida pública de este país. Los permanentes enfrentamientos económicos y conflictos
políticos lo demuestran. ¿Cuándo no hemos estado tirados por unos o por otros, según
el grado de injerencia o poder que hayan tenido en un determinado momento y respecto de un
asunto en particular? ¿No hemos llegado a la situación en la que estamos precisamente
por eso? La vía más comúnmente usada para resolver las contiendas ha sido la
imposición: el que terminó teniendo la sartén por el mango, aunque sus fundamentos
hayan sido endebles o aunque su postura no haya sido una postura de país, ese gana.
Recordemos nomás lo que ha ocurrido con la inmunidad parlamentaria y el diputado Haro.
Lo más grave ahora es que la violencia está adquiriendo otros rostros y que, mientras no
se descubra lo contrario, tiene incluso un mal olor a institucionalización. Es
indispensable, pues, que se despejen todas las sombras, sin temor y con entereza. Sería
el colmo que, encima de tantos desatinos y egoísmos de los que Ecuador ha sido víctima,
esta vez se lo condene a la perdición.
Publicado el 13/02/2004

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