Ecuador, más allá de la crisis
JoaquÍn Hernández Alvarado
Es un grave
error entender los recientes acontecimientos producidos en el Ecuador como una muestra
más de la inestabilidad que existe en la región. O algo peor, confundirlos con la
repetición, folclórica de cambio de mandatarios que no terminan su período. Aunque los
latinoamericanos, incluidos, por supuesto, los ecuatorianos, tienen una extraña pasión
por el sarcasmo hacia sí mismos, que les lleva a magnificar sus propios errores para
reírse de ellos, este análisis es rechazado tajantemente por la mayoría de la
población del país. Ni un simple cambio de presidente y peor algo que parezca un golpe
de Estado. El proceso que llevó a la destitución del presidente Gutiérrez y a su
reemplazo por el vicepresidente Palacio es el resultado de una formidable movilización
ciudadana de los quiteños, hombres y mujeres de todas las edades y condiciones que viven
en la capital de la República, que se negaron a permanecer impávidos ante el abismo de
corrupción, violencia y fragmentación al que se estaba precipitando al país. Jóvenes
de ambos sexos, de todas las universidades y colegios de la capital, asumieron con
entereza y humor su ciudadanía en medio de las marchas, las bombas lacrimógenas y
amenazas de represión. Probablemente, buena parte del futuro dependerá de su presencia y
vigilancia del proceso.
Entonces, más que una repetición de lo mismo, la insurgencia de lo nuevo cuya
originalidad no es entendida por la mayoría de los análisis que se están haciendo sobre
el Ecuador. En una América Latina cuyas clases medias han olvidado conceptos como ética,
decencia, ciudadanía, solidaridad, rendición de cuentas y los han substituido por el
discurso del éxito individual a expensas de los demás y la entrega incondicional a la
competitividad y al mercado, lo sucedido en Quito es de una novedad estimulante, síntoma
de mejores tiempos pese a lo complejo de articular racionalidad y crítica.
"Gutiérrez' -comentaba el editorialista de diario El Comercio Fabián Corral- fue
derrocado por una rebelión popular". No un golpe militar ni una maniobra oscura en
el Congreso. Por ello, la democracia, siempre frágil, espera mejores días en el Ecuador.
Los militares, simplemente, "sellaron el destino final de Lucio Gutiérrez",
como tituló La Jornada de México al informe de su enviado especial en Quito. No entonces
"una democracia sin soportes" como decía Álvaro Vargas Llosa en La Tercera de
Santiago de Chile, "...dependiendo de los humores de la calle y de quienes, en el
Congreso, la magistratura y, sobre todo, los cuarteles, operan con sentido más de
facción que de Estado".
Sí un movimiento ciudadano al que se acercaba Le Monde en los artículos de su
corresponsal: "Lucio Gutiérrez ha desencadenado la cólera de sus conciudadanos, al
tomar, el 8 de diciembre de 2004, el control de la Corte Suprema para lograr que sean
amnistiados dos ex presidentes acusados de corrupción y de evitar él mismo ser
inculpado". Lo sucedido en Quito, entonces, no debiera ser un motivo de preocupación
por la democracia en la región, sino todo lo contrario.
Publicado el 26/04/2005

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