El otro yo del coronel
Alberto Acosta
Comparando lo que el coronel ofreció en campaña con
lo que hace o deja de hacer en el Gobierno, hay material suficiente para editar una
historieta interminable, cargada de contradicciones, traiciones y mentiras, algo así como
aquella vieja tira cómica: El otro yo del doctor Merengue. Incluso una lectura de sus
mensajes como presidente alimentaría dicha historieta. Recuérdese cuántas veces ha
atacado a la deuda externa y qué es lo que hace su Gobierno. Como muestra reciente sobra
su alocución en el Foro Económico Mundial en Davos, en donde reclamó a los poderosos
del mundo su "corresponsabilidad en la solución del problema de la deuda
externa".
Su Gobierno, a contrapelo de la verborrea presidencial, ha conseguido algo notable. Al
atender puntual y sumisamente las demandas de los acreedores (muchos de ellos
ecuatorianos), en su primer año de gestión llevó la cotización de los papeles de la
deuda a niveles nunca antes registrados. Los Bonos Global a 12 años pasaron del 64% a
más del 100% y los Bonos Global a 30 años del 47,5% al 85,1%. Algo posible porque la
prioridad de su gestión es el servicio de la deuda pública, en especial la externa, para
lo cual escamotea sistemáticamente recursos para la inversión social e incluso para la
reactivación del aparato productivo. El pago de intereses y amortizaciones representa
más del 44% de los egresos efectivos del Ministerio de Finanzas. A esos recursos hay que
sumar gran parte de la diferencia de ingresos producidos entre el precio presupuestado
para el petróleo, $18 por barril, y el precio efectivo, que el año pasado bordeó los
$27. Adicionalmente, el 70% de los ingresos que se generen por la exportación de crudo
pesado, sin importar por qué oleoducto se transporte, están preasignados por ley para el
pago anticipado -vía recompra- de los Bonos Global; para ampliar el fondo destinado a
dicha recompra (Feirep), vía decreto, el coronel redefinió qué es petróleo pesado, que
antes era de hasta 18° API y que ahora será de hasta 23° API. No solo que las tasas de
interés de parte de esos bonos son del 12%, sino que su pago está asegurado por medidas
punitivas que castigarían al país si se atrasa en el servicio de la deuda. Además, los
acreedores saben que si se aprueba la Reforma Tributaria, los ingresos adicionales irán a
engrosar dicho servicio. Y como complemento a tanto beneficio, el Gobierno del coronel,
quien se vanagloria de haber bajado el riesgo-país, promueve el alza de los Bonos Global,
anunciando que los recomprará, aspirando a colocar nuevos bonos en el mercado financiero
internacional... ¡Qué gran negocio para los acreedores!
En buen romance, las altas cotizaciones de la deuda y el bajo nivel del indicador de
riesgo país -indicador restringido a medir la rentabilidad de los papeles de la deuda-
demuestran que el coronel, en la práctica, preside un Gobierno de los acreedores, con el
respaldo de unos cuantos "tontos útiles", como califica el presidente
argentino, Néstor Kirchner, a quienes le piden que otorgue mayores ventajas a los
acreedores. Y ya está claro que la historia que recogerá las contradicciones del
coronel, plagada cada vez más con actos de autoritarismo y violencia, no tendrá mucho de
cómica, pero sí de trágica.
Publicado el 04/02/2004

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