Bordeando el caos
Claudio Mena Villamar
En la historia republicana del
Ecuador, la actual crisis jurídica, institucional y política que este país sufre, es
una de las más serias y profundas. Para desencadenarla han confluido en ella varios
elementos, de los cuales no se tiene todavía un análisis preciso que de todos modos
deberá hacerse cuando se haya salido del atolladero.
Existe la impresión de que, si en un lapso corto no se produce un momento de seria
reflexión que mire el problema de una manera global y con altura de miras, la crisis se
ahondará a tal punto que se derrumbará la institucionalidad, convirtiéndole al Estado
en una tierra de nadie, donde cada grupúsculo político, cada ambición voraz por el
poder, actuará en una confrontación tal que con el recurso de la irracionalidad, que es
la violencia, nos precipitará en un abismo donde reinará el caos total.
Es alarmante que no se haya producido todavía este momento de reflexión en el que los
sectores involucrados en el problema, en lugar de continuar su batalla y la confrontación
interminable de sus opiniones y apetitos, se despojen de todo ello para mirar hacia un
proyecto de salvación nacional.
Si los elementos que crearon la crisis se mantienen, no podrá producirse el diálogo ni
menos el consenso. Ha llegado el momento en que debe apelarse a una mediación
internacional, lamentablemente para solucionar nuestros problemas internos. Hay una
ceguera en los sectores políticos beligerantes, que no les permite ver sino la pequeña
parcela de sus intereses, lo cual dificulta cualquier salida a la crisis.
Llama la atención que la visita cumplida de manera oficial por el relator de las Naciones
Unidas, persona de alto prestigio internacional, no haya producido ningún resultado. El
señor Despouy tiene ya un criterio formado de lo que ha ocurrido en nuestro folclórico
escenario político y jurídico y sus conclusiones pudieran servir si existiera una
voluntad patriótica, para arribar a una solución nacional.
Existe la impresión de que el presidente Gutiérrez quiere encontrar una salida a la
situación, pero el problema radica en que se ha generado desconfianza en la seriedad y
cumplimiento de sus proposiciones.
Trágicamente, se ha llegado al momento en que dentro del sector público, nadie cree a
nadie y persisten la desconfianza, el recelo, la maniobra oculta.
La situación que vive el país no puede perpetuarse, pero, al mismo tiempo, cada vez se
aleja la esperanza de que algo va a cambiar. Pasan los días y las semanas de una
permanente confrontación y pugna entre los sectores políticos, hasta que un día, sin
que nos demos cuenta, habremos caído en el abismo del desgobierno, de la rebeldía a la
autoridad, de la anarquía. Este sería uno de los últimos capítulos de nuestra historia
republicana.
Por último, nadie repara que este nudo gordiano de la crisis afecta en su integridad al
Gobierno global. La imagen externa del país se deteriora en forma incontenible, los
grandes problemas nacionales permanecen sin resolver, mientras el mundo sigue su marcha.
Publicado el 01/04/2005

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