Los 'forajidos'
Pepe Laso R.
Solo el que vive
amurallado en Carondelet no puede mirar, ni siquiera a través de las alambradas de púas,
lo que acontece apenas a su alrededor. Es que las voces de la gente penetran, a través de
la radio, todos los resquicios de la ciudad y van creando nuevas formas de socialidad,
nuevas maneras de estar juntos y de autoconvocarse, por celulares o mails, teléfonos o el
ruido de las cacerolas, como antes los tambores de guerra, para protestar juntos. Y nadie
les habla sino que se oyen hablar a sí mismos, comparten sus palabras. Y la indignación
circula con palabras propias y no gastadas. La creatividad se vuelve entonces infinita y
desbordante. No son los actores pagados de la propaganda del Gobierno, que recitan los
guiones dictados por el poder y que, en definitiva, no hablan sino que son hablados por
otros, que se ocultan a través de las retóricas publicitarias, ingeniosas pero
construidas en contextos que pretenden copiar, sin sufrimiento los escenarios en que
vivimos las clases medias o pobres. Y las gentes los descubren y los desenmascaran, porque
estas profundas mutaciones tecnológicas nos han vuelto autorreflexivos y sensibles para
descubrir el doble fondo de las cosas.
Y estas nuevas formas de ver, y estos aprendizajes nuevos afectan también aquello que de
teatral tuvo siempre la política y este empalagamiento ha llevado a la ciudadanía a
perder toda forma de credibilidad y a volver sospechosas las viejas prácticas de la
política tradicional. Cualquier persona que habite este planeta sabe de antemano y puede
predecir cuáles serán las palabras de cualquier político profesional, adivinar qué va
a decir, y quién o qué intereses son los que hablan a través de sus palabras.
La nueva fuerza, entonces, reside en esa palabra ciudadana nueva que se conecta con la de
sus semejantes, a través de esta forma reticular, al igual que sucedió en convocatorias
planetarias contra la guerra de Iraq o contra ese otro mejor aliado y amigo que fue Aznar.
Y todos estamos en esta inmensa red y quizá, contrariamente a lo que se cree, los
usuarios más grandes son aquellos sectores que las usamos para sentirnos más cerca de
los que amamos y que están lejos, en gran medida por la incapacidad de la política para
dar respuesta a los problemas cotidianos.
Estas autoconvocatorias ciudadanas son una parte de aquellas tácticas de la vida
cotidiana, que se juegan en el territorio trazado por el poder y sus aparatos represores,
y obedecen a un juego de aprovechamientos sagaces de las ocasiones, y, como parte de lo
popular, a través de la risa y lo festivo, desacralizan ese poder torpe y mediocre que se
cree soberano y que, tras de sus alambradas, se consume en los laberintos de su propio
juego.
Ojalá estas formas de protesta que anuncian el deseo sentido por miles de ciudadanos, de
un orden distinto, se vuelvan contagiosas, se mantengan encendidas y resistan hasta que
cada uno de nosotros obtenga una respuesta a la pregunta: ¿Quiénes son los forajidos?
Publicado el 17/04/2005

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