'Dictócrata'
Simón Espinosa Cordero
Rosita: A los años que te escribo porque no me he
olvidado de vos y también porque aquí en esta semana ha hecho un frío como el de Nueva
York, que me ha despertado una añoranza de tu cuerpo tan calientito mientras
acurrucaditos los dos escuchábamos las noticias de la HCJB y dábamos gloria a Dios en
las alturas y recibíamos la paz que se da a las parejas que juntas se comen un cebiche de
la Guanguiltagua cuando el gallo de la aurora empieza a enamorar.
Nuestro Ecuador dio, Rosita, un salto cualitativo con un invento de nuestro amado coronel
que es un gran químico, pues todo lo que su mano toca se convierte en democracia. Pero no
solo por obra de los dedos del coronel, Rosita. Por más que sea presidente, sus dedos no
son como los tuyos que hacen ver estrellas; pero el coronel ha inventado con su talento
una en apariencia pendejadita a la que ha llamado el dictocrátic y que viene en dos
modelos: uno color caca y otro color vómito, colores ecológicos, Rosita, sancionados por
el uso universal.
El de color K consiste en un dedalito que contiene una minicentrifugadora. Extraes a un
sujeto X una gota de sangre, la pones en la mini, el coronel deposita una gota de su
saliva prodigiosa y el combinado comienza a girar y girar hasta que se convierte en polvo.
Ese polvo se disuelve y en forma de Alka-Seltzer se administra al donante de la gota de
sangre. El efecto es instantáneo.
Así, por ejemplo, Rosita, don Abdalete nunca fue un oligarca hasta que llevó a las
esclusas del Gatún varios millones de billetes del Central del Ecuador. Todos lo
envidiamos, pues con nuestra plata se da una vida de para qué putas quiero más. Perdona
el lenguaje, Rosita, pero a uno se le pegan las expresiones de nuestros próceres. No bien
el exiliado se bebió el Alka-Seltzer color K de nuestro amado presidente, se ha
convertido en víctima de los pecados de la oligarquía costeña y serrana (que es la
peor), y a lo mejor, Rosita, en un par de años estamos todos en la calle gritando
"Abdalá, presidente".
En cambio, Rosita, ese oligarca bueno que construyó el Malecón 2000 cometió el error de
llamar cojudo a nuestro amado coronel, y ¡zas! este se consiguió una gota de sangre de
león, la centrifugó en la centrifugadora color K, echó un salivazo de edecán, y
nuestro amado Malecón en cuanto bebió el brebaje comenzó a decir más cojudo he sido
yo. Y todos, Rosita, lo creímos.
Me falta espacio para describirte el dictocrátic color V. Con este aparatejo, nuestro
amado brujo ha convertido el zoológico en Corte Suprema de Justicia. Los ecologistas
están felices. Rosita, me estoy yendo a la marcha convocada por nuestro amado inventor.
Aspiro a que me retraten al lado de mi coronel Arboleda para poder estar siempre a la
sombra. Mándame una foto tuya escotadita que estoy perdiendo la vista y la memoria. Te
adora tu Lucho de siempre.
Publicado el 17/02/2005

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