Vergüenza e indignación
Enrique Valle Andrade
Todos los buenos auspicios que
presagiaban un notorio mejoramiento de la imagen del Gobierno, merced a la incorporación
de políticos experimentados y de amplia trayectoria al equipo gobernante, parecen haber
quedado en nada; ha bastado un acto de torpeza revestida de arrogancia para que lo poco
que se había logrado avanzar haya experimentado un retroceso. El corolario es que la
calidad no se mejora con parches; de nada vale renovar los cuadros, para mejorarlos, si se
mantienen figuras del pasado, como rezagos que impiden elevar el nivel de aptitud y
eficiencia para el ejercicio del poder.
El caso de Toni 'El Suizo' y la suspensión de su proyecto para continuar tendiendo
puentes a lo largo y ancho de la accidentada geografía del Ecuador, por la desaprensiva
exigencia de que acepte que su obra pertenece al Gobierno del presidente Gutiérrez, ha
suscitado en la opinión publica del país dos genuinas y explicables reacciones: a todos
nos ha invadido, en un primer momento, la vergüenza; y, acto seguido, ante los desplantes
subsecuentes del causante, una oleada de indignación.
Vergüenza, porque esa es la lógica reacción de quienes hemos sentido que el acto de
ingratitud del Gobierno ecuatoriano para con el generoso puentero de alguna manera nos
manchó a todos, pues la reprochable inconsecuencia del acto protagonizado por el ministro
Arboleda, al mezquinarle la chatarra que no es de él sino del pueblo, es la decisión de
una persona con nivel ministerial, no la imprudencia de un simple conserje. Quien
pretendió imponerle a Toni que aceptara la propaganda proselitista es un delegado del
presidente de la República, y, como tal, actuaba a nombre de los ecuatorianos; aunque una
inmensa mayoría de ellos hayamos rechazado la decisión y exijamos una reparación.
Indignación, porque esa reparación jamás ha llegado; muy por el contrario, cuando la
prensa en más de una ocasión ha entrevistado al ministro para requerirle información
por el desatinado acontecimiento, lejos de encontrar en él a una persona consciente de su
error y presta a repararlo, ha debido enfrentarse con un personaje tozudo y sin el menor
asomo de arrepentimiento, quien, en actitud desafiante, ha manifestado que no habrá tubos
para Toni si no cumple con la exigencia del Gobierno.
El ministro Arboleda más de una ocasión nos ha sorprendido con ciertas reacciones
tremendistas, como aquella de abrirse la camisa para recibir en el pecho unas balas que
nadie le disparó nunca. Pero en ocasiones como esa, se podía simplemente criticar el
estilo, por su teatralidad innecesaria, pero, en todo caso, inofensiva. Esta vez sí ha
hecho daño, y el afectado es el prestigio de los habitantes de este país. Los
ecuatorianos siempre hemos sabido ser agradecidos con quienes nos han servido con
altruismo y desinterés. El ministro, con su desafortunado desplante, nos ha reducido a la
reprochable condición de ingratos.
Publicado el 28/01/2004

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