Concentración
de poderes
ANÁLISIS DE HOY
La renovación de dignidades legislativas, cumplida ayer en una sesión que la oposición
califica de ilegal y violatoria a la Ley Orgánica de la Función Legislativa, con la
elección de Omar Quintana para la Presidencia del Congreso, ha significado un nuevo
triunfo de la mayoría oficialista y del Gobierno.
Es, en lo específico, una victoria de la agresiva política impuesta por el ministro de
Gobierno, Jaime Damerval, que ha colocado al presidente Lucio Gutiérrez en un camino sin
retorno, pero con una gran concentración de poder en sus manos.
Tal acumulación de poder conlleva la tentación del autoritarismo, pues la conducta del
Ejecutivo no será fiscalizada ni controlada de manera independiente, y tampoco la
Función Judicial acogerá denuncias o demandas en contra de las figuras o de los amigos
del Gobierno, incluso cuando se trate de violaciones a derechos fundamentales.
Por ello, en doctrina, el estado de derecho se sustenta en la división e independencia de
los poderes del Estado, en el respeto mutuo de las reglas de juego, cuyo texto fundamental
es la Constitución. Pero, en esta coyuntura, el Ecuador está viviendo de ilegalidad en
ilegalidad, incluso con interpretaciones pueriles de la ley, que son acogidas por el
primer mandatario. A ello se suma la arrogancia y el menosprecio del gobernante ante los
reclamos, las protestas y los pedidos de cordura cívica que viene haciendo la opinión
pública y los medios de comunicación.
Pero, ¿cuánto poder real está en manos de la persona de Lucio Gutiérrez? Mucho y poco.
Y eso no es un simple juego de palabras: el ex presidente Abdalá Bucaram ha sido el gran
beneficiado de los últimos acontecimientos políticos, que han implicado violaciones
constitucionales y la elección de tribunales de facto, entre ellos la Corte Suprema de
Justicia. ¿Y Gutiérrez? La impresión que se ha generalizado rápidamente en el país es
que, en su necesidad de mantenerse en el poder y en la consecuente obstinación de restar
poder al Partido Social Cristiano y a su líder, León Febres Cordero, ha entrado en
alianzas muy comprometedoras con el PRE y con el partido del bananero Álvaro Noboa, el
Prian, personajes que lo tienen virtualmente secuestrado. Lucio Gutiérrez se presenta,
entonces, como un presidente que ha concentrado repentinamente todos los poderes, pero
que, a la vez, es un virtual rehén de quienes le han posibilitado 'controlar' el
Legislativo y las Cortes.
Asimismo, se vislumbran como convidados de piedra, en esta concentración de poderes,
aquellos partidos 'pequeños' cuyos votos han sido clave para que se consolidase el nuevo
panorama político en el país.
Por consiguiente, no es descabellado conjeturar que la nueva alianza tiene los días
contadas, en especial debido a que los intereses, tanto de Bucaram como los de Noboa, se
proyectan en conflicto con los de Gutiérrez y su débil partido, Sociedad Patriótica. El
primero busca limpiar su prontuario judicial y un indulto, para retornar como candidato
presidencial; el segundo, consolidar un nuevo intento de ganar la Presidencia de la
República, en las elecciones de 2006; entre tanto, Gutiérrez busca eliminar cualquier
posibilidad de que, apenas concluya su mandato, sus enemigos lo persigan hasta encerrarlo
en una cárcel, o forzarlo al exilio.
Esto quiere decir que se consolida una situación de sobresaltos y de incertidumbre
institucional.
Publicado el 06/01/2005

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