¿Marchas
hacia dónde?
Fernando Carrión M.
El día miércoles 26 de enero próximo, Guayaquil será el escenario
de dos marchas simultáneas de la población. La una convocada y autorizada por el alcalde
de la ciudad, Jaime Nebot (PSC), y la otra presidida por Jimmy Jairala (PRE). Este hecho
empieza a evidenciar que la confrontación social ya no será procesada en las
instituciones creadas para el efecto, sino en las calles; y todo esto porque su
renovación produjo una aguda deslegitimación.
¿De dónde nace esta confrontación?
En principio, existen tres orígenes o causales que confluyen en la misma manifestación:
primero tiene que ver con el hecho de que la confrontación política ha pasado del
escenario nacional al local, luego de que el Gobierno Nacional y sus aliados (PRE y Prian)
han logrado captar fraudulentamente el Tribunal Supremo Electoral (TSE), el Tribunal
Constitucional (TC), la Corte de Justicia y el Congreso Nacional. Por eso, en su afán del
control total, ahora enfilan sus dardos hacia los bastiones electorales principales.
En segundo lugar, una vez consumado el cambio de la correlación de fuerzas en las
instituciones fundamentales de la democracia a escala nacional, la mirada parece dirigirse
hacia los bastiones electorales fundamentales que, por lo pronto, es Guayaquil y
próximamente será Quito. En otras palabras, empezamos a vivir la campaña electoral de
2006, a través de la confrontación interpartidaria. No hay que olvidar que el país ha
vivido un proceso de cantonización de su sistema político.
Y, en tercer lugar, reaparece nuevamente desde lo local la necesidad de la autonomía
porque una vez cerrados los espacios del Estado nacional, que históricamente controlaban
las élites guayaquileñas, hoy ven el escenario de lo local como sus espacio privilegiado
a ser fortalecido. Pero también la demanda por las autonomías renace en un momento en
que Bolivia vive una movilización social en la región de Santa Cruz-Tarija y España
observa cómo el País Vasco pone a consideración de las Cortes españolas un nuevo
estatuto de autonomía, en el que pide prácticamente soberanía. En otras palabras, las
demandas de autonomía provienen hoy de las regiones más ricas.
Por eso, hoy en día, en las vísperas de la realización de las marchas, empezamos a
vivir una guerra previa de confrontación en varios frentes, que cada una de ellas
conducen a cambios institucionales significativos. Está, por ejemplo, el tema no menor de
quién extiende las autorizaciones para las manifestaciones: si la Alcaldía o la
Intendencia, que llevan a desprestigiar las instituciones estatales nacionales y locales.
Está el tema de la reinvindicación del uso de los recursos del IESS, si deben ser
manejados por la Municipalidad o por el Seguro Social. También el debate respecto de las
policías privadas controlando la seguridad de la ciudad por instrucción municipal o si
la competencia le corresponde a la Policía Nacional.
Habrá que esperar al 26 de enero para hacer un balance más certero. Sin embargo, por lo
pronto, las consecuencias que traerá ya se pueden evidenciar: polarización política y
social, la calle como escenario institucional para procesar las diferencias, mayor
erosión de la legitimidad de las instituciones e incremento de la violencia.
Publicado el 22/01/2005

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