Suicidio
Andrés Vallejo
Todos los pasos de la mayoría, conformada en el
Congreso por el Gobierno y los abogados Bucaram y Álvaro Noboa, conducen al coronel
Gutiérrez, la tercera pata de la mesa, a un inevitable suicidio político. Es difícil
imaginar semejante nivel de dependencia, en donde el uno y el otro, y a la larga más el
otro que el uno, tienen al Gobierno con la soga al cuello. A pesar de que ese ha sido el
camino recorrido por el Gobierno desde el primer día, el nivel actual bordea lo
insoportable: dependió primero del PSC y directamente del ingeniero Febres Cordero y su
círculo íntimo. Era público, y vergonzoso, cómo el gran hermano recibía decenas de
llamadas al recinto legislativo, en las que le trasmitían instrucciones que condicionaban
la conducta gubernamental. Fueron públicas las visitas presidenciales a Febres Cordero
primero y a Bucaram después, en el viaje realizado a Panamá con el pretexto de asistir a
la transmisión del mando presidencial. De esa visita, y seguramente derivada de los nexos
establecidos cuando el actual presidente fue su edecán, se derivan actos de Gobierno que
terminan con el asalto a los Tribunales Constitucional y Electoral y a la Corte Suprema de
Justicia, en donde el reparto de magistraturas responde al más descarado interés
mercantil y político-partidista, aunque se lo disimule con la muletilla de la
despolitización, más lejana que nunca.
¿Es posible que el presidente Gutiérrez, si no por convicción como corresponde a un
mandatario, por objetividad elemental, no se dé cuenta del riesgo en que se encuentra y
la forma en que ha hipotecado su gestión? A más del irreparable daño irrogado al país
con el asalto a la Corte, la conformación de las salas de lo Penal no solo busca
garantizar el cumplimiento del acuerdo electoral a favor de Noboa, sino que ubica sobre la
cabeza del presidente una espada sostenida con el frágil hilo de las conveniencias
políticas y económicas, que puede caer en cualquier momento. No es posible que crea que
sus aliados beneficiados darán paso a una consulta popular que reorganice las Cortes de
Justicia, lo que trae más dudas sobre su buena intención, que podría evidenciarse
atendiendo al clamor generalizado de adoptar un procedimiento inmediato, que le salve ante
la historia. Si el Gobierno y sus aliados persisten en violar la Constitución y la sana
razón, entregando la Presidencia del Congreso a quienes desde ahí tendrán a su
disposición todas las armas malhabidas para el chantaje y la extorsión, habrán
configurado el escenario perfecto para la tragedia que solo puede terminar en suicidio,
que no otra cosa es gobernar preso de los intereses que rodean a la operación más
descarada y riesgosa a la que le someten asesores y esbirros que han vivido siempre
creyendo que caminar al borde del precipicio es rentable, unos, e intrigantes
sobrevalorados, otros, que con su fatuidad contagiosa, no le permiten acordarse que el
mundo da vueltas más rápido de lo que se imagina.
Publicado el 28/12/2004

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