El coronel sí tiene quien le escriba
Diego Cornejo Menacho
Señor coronel: tras el pronunciamiento electoral del
domingo anterior, mi impresión es que, pese a su calidad de mandatario, se ha quedado
pendiendo de un hilo.
Es una situación lamentable, no por usted, sino por lo que usted representa, lo cual a
ratos parece olvidar.
Bueno, lo cierto es que lo olvidó en las semanas anteriores, en que incluso opacó a los
candidatos de su partido al convertirse en el jefe de campaña. Y, ya lo ve, el
voluntarismo es insuficiente. Tal vez funciona para dar golpes de Estado, pero no más:
una gran encuesta "de carne y hueso", expresada en las urnas, ha ratificado el
descrédito en que se encuentra su gestión.
El que un país desconfíe tanto del presidente es un problema para la institucionalidad
democrática, tanto más cuanto que los dioses arrogantes de nuestra patética política
han entrado en la lógica de pedir su dimisión.
La cuestión significa precariedad institucional y es causada por un sistema
presidencialista que no da más; en uno de corte parlamentario, las votaciones del 17 le
hubieran obligado a reorganizar el Gobierno con la participación de las fuerzas que han
obtenido mayor apoyo popular en las urnas. Se critica a este sistema porque, dicen, causa
más inestabilidad -y el ejemplo que se trae a colación es la Italia de los años
noventa- y cambios sucesivos de primeros ministros, pero, a mi manera de ver, la
inestabilidad allí se ubica en una escala gubernamental y no estatal, y así es como debe
funcionar el sistema.
En cambio, en el país, cada cambio de gobernante antes de cumplir el período ha
significado la consumación de golpes de Estado y la consecuente reorganización de todo
el ordenamiento institucional; los inversionistas no simpatizan con ello.
No obstante, los líderes políticos insisten en el presidencialismo, quizás porque les
ofrece una vía fácil de negociación y de poder, que no obliga a debatir los problemas
de fondo y a poner en cuestión temas de orden ideológico o estratégico. Por eso le digo
que lamento su situación.
El Ecuador se merece mejor suerte en el campo de la política.
En estas condiciones, me parece impracticable que se llegue a definir una agenda de
diálogo común con el socialcristianismo y la socialdemocracia, como usted lo ha sugerido
en esta semana. Si no hay cultura de diálogo, nadie va a querer transar con un presidente
derrotado en las elecciones. Todos van a querer patearlo en el suelo, en especial si
debieron aguantar discursos petulantes y triunfalistas, apoyados en un controversial uso
de fondos del Estado para apoyar a los candidatos del partido de Gobierno.
Así que mi pronóstico es que se va a jugar la carta de Panamá, esta vez en serio. Es el
único camino que le queda para mantener la iniciativa política. Creo que va a tomar
riesgos para traerle de vuelta a Abdalá Bucaram, porque su situación también es
desesperada: ¡qué funesto va a ser verlo ejecutando penosas maromas para sostenerse en
el poder!
Aunque su secretario de Comunicación lo niegue, me parece que se viene un cambio de
Gabinete con la salida del ministro de Gobierno, Raúl Baca, y otros, para que los
'tapados' del bucaramismo le ayuden a sostener el Gobierno. Dudo de que llegue a
plantearse la salida de Mauricio Yépez, de Economía, pues, en las circunstancias
actuales, ello implicaría abrir un conflicto que superaría el ámbito político, para
penetrar en una escala empresarial y de "supervisores" externos, en el que, da
la impresión, usted teme enredarse.
Hasta el próximo sábado.
Publicado el 23/10/2004

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