Gutiérrez, el prisionero
ANÁLISIS DE HOY
Para sostenerse en la Presidencia, Lucio Gutiérrez ha
puesto en marcha una parcelación del poder, un reparto de cuotas para mantener contentos
a quienes cree que le mantendrán a flote. Ha caído, pues, en el mismo juego de todos los
gobiernos anteriores, a los que tanto criticó por corruptos e incapaces. Ni una sola
innovación ni un solo esfuerzo para cumplir con aquella frase de tono heroico, proclamada
a la hora de posesionarse: o cambiamos o morimos en el intento. Una ética caballeresca,
como la de Don Quijote, por ejemplo, exigiría la muerte del presidente. Sería un gesto
que honraría sus propias palabras, que las engrandecería.
En ausencia de un programa político, el cuoteo -como lo llaman los chilenos y bolivianos
a la repartición de cargos- conduce a la fragmentación de la administración pública. A
cada quien el manejo de un sector, sin ninguna exigencia ni responsabilidad. Agricultura
ha caído, como parte de esta estrategia, en manos de un señor muy descalificado. Su
historial de deudor es largo y malo. Chismes muy confiables aseguran que hace unos años
Escobar tuvo problemas con un banco por haber construido un edificio en una calle
pública. Llega al Gobierno por una red de curiosas relaciones políticas. Se ha definido
como el hombre bisagra entre el PRE y el Prian. Íntimo del sombrío Omar Quintana,
cuñado a su vez de Álvaro Noboa, el bananero. Así se maneja hoy Lucio Gutiérrez en la
Presidencia.
El cuoteo significa haber caído en las garras de aquellos a quienes tanto cuestionó, y
hacerlo con toda impudicia. La prensa debería recoger una a una las críticas del
presidente a los anteriores gobiernos y a la forma cómo condujeron el Estado. Tendría
que sonrojarse frente a tanta contradicción. Se parecería al señor Bush o al señor
Aznar que ahora no saben dónde meterse con sus mentiras sobre Al-Qaida e Iraq para
justificar una guerra cruel. Gutiérrez nos movió a votar por él bajo la promesa de un
cambio. Hoy su presencia en el Gobierno se limita a sobrevivir a como dé lugar.
El cuoteo significa, como vamos viendo, poner a gente muy descalificada en los
ministerios. En segundo lugar, rendirse ante los aliados, levantar los brazos, y darles
carta blanca para que hagan -como diría Abdalá Bucaram- la regalada gana. No hay
rendición de cuentas, no hay conexión de políticas; hay reparto y entrega del poder,
nada más. Imposible pensar en una estrategia de conjunto para el Gobierno y el país.
Imposible pedirle una rendición de cuentas a Escobar o a Antonio Vargas. Llegan al
Gobierno para sostener a Gutiérrez. ¿La condición? Carta blanca. Tercera consecuencia
del reparto del poder: sostenerse en la Presidencia gobernando cada vez menos. Como la
puso un analista político: para no dejar Carondelet, hay que renunciar a la capacidad de
gobernar. Gutiérrez es un prisionero de su propia estrategia, de sus aliados y de sus
ministros.
La televisión y los periódicos deberían designar reporteros para que se conviertan en
la sombra de Escobar y de Vargas; para que sigan sus pasos, nos cuenten qué hacen, qué
decisiones toman, quiénes son sus colaboradores y asesores. Nos gustaría conocer cómo
se degrada la administración del Estado, cómo el Estado se diluye en los esfuerzos
desesperados de un Gobierno por flotar dos años y medio más. ¡Qué triste!
Publicado el 22/06/2004

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