GRANDES FIRMAS
El petróleo seguirá siendo
nuestro
Fernando Enrique Cardoso

Los
'neonacionalistas' quieren crear otra empresa estatal, alegando que Petrobrás trasladará
ganancias de la capa pre-sal a manos privadas extranjeras
Ante la probable inmensidad de las reservas de petróleo del Brasil,
hay cuestiones objetivas que deben ser enfrentadas
Desde la primera ley sobre el petróleo de 1953, que respondió a las justas aspiraciones
de lo que llamábamos emancipación nacional, hasta la más reciente, enviada al Congreso
en 1997, el petróleo jamás dejó de pertenecer al pueblo brasileño
Hace no mucho tiempo, llamé la atención en esta columna sobre los desafíos planteados
por los hallazgos de petróleo y sobre la necesidad de que hubiera una convergencia de
opiniones que permitiera, si fuera el caso, reformas en las leyes que reglamentan su
exploración.
Mencioné incluso la posibilidad de utilizar los recursos generados para resolver los
problemas educativos, convirtiendo minerales en neuronas.
Ahora, con el Gobierno del Brasil dirigiendo la gritería, regresamos al viejo refrán: el
petróleo es nuestro. Sin embargo, desde la primera ley sobre el petróleo de 1953, que
respondió a las justas aspiraciones de lo que llamábamos de emancipación
nacional, hasta la más reciente, enviada al Congreso por mi Gobierno en 1997, el
petróleo jamás dejó de pertenecer al pueblo brasileño, por intermedio de la Unión.
La diferencia entre las dos leyes es que en la primera, en materia de exploración se le
daba la exclusividad a Petrobrás; en cuanto a la segunda, se le da a varias empresas,
entre ellas Petrobrás, bajo el régimen de concesión y con la regulación de la Agencia
Nacional del Petróleo, la ANP. No hay duda de que la Unión tiene y seguirá teniendo el
monopolio del subsuelo.
¿Cuál es la razón, entonces, del reciente impulso de el petróleo es
nuestro? Es que ahora los neonacionalistas quieren crear otra empresa
estatal, alegando que Petrobrás trasladará las ganancias de la capa pre-sal a manos
privadas y, horror máximo, a algunas extranjeras.
Hay razones para un debate serio sobre la mejor utilización de las reservas de la capa
pre-sal, pero la exaltación falsamente nacionalista no es el mejor camino. Ante la
probable inmensidad de las reservas, hay cuestiones objetivas que deben ser enfrentadas.
¿De dónde provendrían los recursos para explorar un crudo que se encuentra a 300
kilómetros de la costa y a más de 6 000 metros de profundidad?
Hoy en día, el petróleo está a más de $100 por barril, pero ¿continuará en ese
nivel?
¿Cuál es el costo de extracción de la capa pre-sal y, por tanto, cuál es el precio de
mercado compatible con su utilización?
Solo para explorar las primeras reservas descubiertas se habla con exageración de $600
000 millones en un período de 10 años. Se trata de mucho dinero. ¿Tendrán la
Tesorería o Petrobrás los recursos necesarios para tanto?
Esas son las primeras evaluaciones, pero se supone que puede existir una fuente que
algunas veces podría ser mayor. La extensión de los hallazgos solo podrá confirmarse
mediante más perforaciones, que son costosas.
Hay tiempo, por lo tanto, de ampliar el debate. Este no debe circunscribirse al Gobierno y
a los interesados económicamente; es necesario que implique a la sociedad civil, a los
técnicos e incluso podrían considerarse especialistas de fuera del país.
¿Será necesario transformar el marco legal vigente? Si observamos el éxito de los
hallazgos en la capa pre-sal y la casi autonomía petrolera alcanzada desde que terminó
el monopolio estatal, la respuesta sería no. Sin embargo, hay puntos dudosos.
La ley vigente permite aumentar el gravamen de varias formas e incluso elevar el límite
de 40 por ciento de la llamada participación especial, que se aplica a los
yacimientos con gran volumen de crudo y de alta rentabilidad.
Ante el volumen de los nuevos yacimientos quizá eso no fuera suficiente. Si lo fuera, hay
por lo menos dos caminos: aumentar por decreto presidencial ese límite específico, o
cambiar la regla, transformando en régimen de reparto el régimen de concesión de
exploraciones (en la cual la empresa concesionaria, Petrobrás o cualquier otra, se
responsabiliza de las inversiones, paga las tasas e impuestos y se queda con las
ganancias).
En el reparto, comprobado el hallazgo y hecha la extracción, la Unión indemniza los
costos a las empresas, retiene el petróleo y hace con las ganancias lo que más le
plazca. Y existe incluso la posibilidad de un sistema mixto, manteniendo el sistema actual
para los contratos vigentes y para las reservas fuera de la capa pre-sal, e instituyendo
el nuevo para las reservas dentro de la capa pre-sal.
Complicación adicional: si se mantiene el sistema de concesiones en la capa pre-sal,
habría la posibilidad de que las empresas succionen petróleo más allá del
existente en las reservas concedidas, si hubiera crudo en áreas contiguas de los dominios
de la Unión o ya concedido a otras empresas. Será necesario, por tanto, que la ANP
defina una regla para resolver el caso, conforme lo prevé la ley actual.
Aunque se admitiera la necesidad de revisiones legales (por ejemplo, para redefinir el
porcentaje de participación de los municipios) y se tomara en consideración la
eventualidad de un régimen de reparto, ¿no sería función de la ANP contratar (siempre
en régimen de licitación pública, espero) a las empresas que harían la exploración?
¿Y no sería posible que los resultados financieros quedaran a disposición de una cuenta
en la Tesorería nacional -un fondo soberano- que cuidara de evitar un flujo de recursos
en la economía que reevaluara el real aun más y provocara dificultades para la
continuidad de la industrialización? ¿Por qué entonces soñar con una pesadilla, una
estatal inutil? A no ser que se piense en el reparto político y en el número de empleos
a ser repartidos entre favoritos que ello podría provocar.
Hay otras ideas arriesgadas en el aire. Por ejemplo: vender las reservas en el mercado
financiero por anticipado (hacer el llamado aseguramiento) y gastar lo que
todavía no se ha materializado, lo que equivaldría a endeudar el futuro del país.
La verdadera solución noruega no se limitó a una empresa estatal inoperante, sino que se
enfocó esencialmente en crear un mecanismo para colocar en el exterior los resultados
financieros de la exploración del petróleo, limitar los gastos a los rendimientos
obtenidos y, al mismo tiempo, incentivar la industria local de equipos y derivados
petroleros.
No hay duda, por lo tanto, de que la capa pre-sal abre excelentes oportunidades para el
futuro del país. Incluso podría ser necesario algún ajuste en el marco legal. Es loable
la preocupación por el destino de la renta futura que, si está bien aplicada (en la
educación y la expansión de la industrialización, por ejemplo), equivaldría a una
nueva emancipación nacional, reduciendo el desempleo, la ignorancia y la
pobreza.
Pero todo tendrá que hacerse a las claras, sin climas electoreros, sin más clientelismos
ni falsos nacionalismos, que confunden los intereses de la nación con los de la
burocracia del Estado y de los partidos.
Hoy en día conviene recordar que Brasil merece respeto.
(Fernando Henrique Cardoso, sociólogo y escritor, fue presidente de Brasil del
1.º de enero de 1995 al 1.º de enero de 2003.)
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