SUCESOS
Rodeo montubio: show sin permiso, con tragedia y lágrimas
El pasado 5 de octubre el resplandor del sol curtió la piel de cientos de espectadores que esperaban impacientes el rodeo montubio que organizó la Asociación de Ganaderos del cantón Colimes (Asogac), como parte de las actividades del Municipio por la temporada playera de Agua Dulce, en Guayas.

Una semana antes del show popular los socios del gremio definieron el sorteo de una vacona y la presentación de artistas locales, por el precio de $3, con opción a una cerveza.
Este "enganche publicitario" hizo que cientos de jóvenes y adultos -de más de 27 recintos- se concentraran, cerca del mediodía, en el recinto Lamedero para comprar el boleto y ser parte del colorido espectáculo.
El show se realizó sin los permisos y gestiones pertinentes de la Comisaría Municipal, la Intendencia de Policía del Guayas, el Cuerpo de Bomberos, la Defensa Civil y la Cruz Roja.
A pesar de que los directivos de Asogac solicitaron a la Comisaría de Colimes la autorización para efectuar el certamen, esta fue negada. Sin embargo, se continúo con la organización del evento.
El agricultor Carlos Rosado, su cónyuge y sus dos hijas salieron de su domicilio, ubicado a pocos metros del recinto, para vender empanadas y así juntar unos cuantos dólares para la canasta familiar. Un mal presentimiento hizo que Rosado no se separara de sus hijas gemelas de 9 años de edad.
En el interior de la sede, los organizadores colocaron una carpa con tela negra y decenas de mesas y sillas de madera para servir las cervezas.
Todo era alegría y confraternidad. Mientras se iniciaba el show, Bruno Avilés Sellán, Oswaldo Castro Rendón y José Arturo Ramírez, directivos de la Asociación de Ganaderos, conversaban sobre política, economía... Sus voces se confundían con el grito de los vendedores ambulantes que ofrecían maduro con queso, pasteles de carne, bebidas hidratantes y agua purificada.
Avilés y Castro se frotaron las manos como señal de éxito económico, pues la acogida fue mayor de la esperada.
Mientras tanto, Rosado buscó un cómodo lugar para sentarse, a pocos metros de las vigas, en donde al parecer se amarraron varios caballos "chúcaros" y la vacona que debía ser rifada.
A 15 minutos de la sede, en el barrio Santa Rosa, Briceida Burgos Espinoza (20) terminó los quehaceres domésticos para acudir al espectáculo con un grupo de amigas.
Preparó un suculento almuerzo para su esposo que no pudo acompañarla.
Su hija de 4 meses, que lloraba en la cuna, se quedó bajo el cuidado de sus progenitores. "Ya regreso me voy al rodeo en Lamedero. Los quiero a todos", expresó al despedirse. "No te demores", le contestó Sandra, su madre.
Hacia las 14:30, los asistentes pugnaban por ingresar al perímetro y llenar los graderíos armados con caña guadua.
Uno que otro comunero disparó al aire para expresar su felicidad a los pocos minutos del primer número, denominado "caracoleo", un elegante giro en redondo que el jinete hace dar al caballo.
Las risas y los aplausos se mezclaron entre los gritos desesperados de personas que observaron el bamboleo de sus asientos.
Vicente Lanchón y su hijo prefirieron conservar la calma para observar el siguiente acto.
Burgos le dijo a una sus amigas que iba en busca de un baño y, a paso lento, bajó las gradas para salir por debajo de la estructura.
Lúmber Cabrera Escobar (36), de repente, bajó para hablar por celular cerca de la tribuna. Él y un grupo de compadres llegaron desde el recinto San Antonio para disfrutar el espectáculo. Aunque no quería asistir, su esposa lo convenció y, a regañadientes, se subió en su moto y se fue al rodeo.
Margot Avilés, cónyuge de Rosado, sentía un hormigueo en el cuerpo, pero se curó al observar de reojo las amplias sonrisas de Lidia y Miriam, quien se levantó para acompañar a su padre hasta el otro extremo de la tarima en donde las personas cantaban rancheras.
La fiesta se empaña
Los caballos brincaban desesperados por la explosión de material pirotécnico.

Banchón observó entonces algo raro en la estructura, apuntalada con varias cañas guadua. De pronto se desplomó precipitadamente cuando los equinos intentaron soltarse.
El graderío se vino abajo como un tsunami que arrasó al público presente, entre quienes había decenas de menores.
Burgos no soportó el peso de las tablas y murió al instante. Cabrera intentó saltar a un lado, pero los maderos lo aplastaron. Sus amigos trataron de sacarlo cuando daba el último suspiro.
La pequeña Miriam quiso esquivar las cañas ante la impotencia de su padre que vio cómo uno de los leños golpeó en su cabeza.
Los gritos de angustia se multiplicaron entre los asistentes que observaban cómo los organizadores se lamentaban y hablaban por celular. Unos campesinos del sector brindaron los primeros auxilios a los heridos.
Alfonso Barzola fue más precavido. Al sentir que las gradas tambaleaban decidió pedirle a su esposa que se bajaran de la débil estructura.
Avilés y sus colegas tuvieron que escapar para salvaguardar su integridad.
El eco de la tragedia llegó hasta los habitantes del área comercial del cantón que comunicaron del hecho a las autoridades.
Ambulancias de los cantones Palestina, Balzar y El Empalme acudieron al sitio de la tragedia. Mientras los voluntarios del Cuerpo de Bomberos y la Defensa Civil trataban de calmar a los familiares de las víctimas, quienes estaban sumergidos en la angustia.
Juana Monserrate, moradora del recinto San Andrés, señaló entre lágrimas: "Si el Gobierno hubiese construido un hospital, cuántas vidas se salvarían a diario".
Cabrera falleció en el trayecto al hospital de Balzar y la menor quedó tendida en el suelo. Sus padres recibieron la ayuda de un hombre de mediana estatura que, desinteresadamente, se ofreció a trasladar a Miriam hasta el Hospital del Niño en Guayaquil.
Rosado, quien solo tenía $10 en su bolsillo, no pudo contener las lágrimas. "Señor, que Dios se lo pague", manifestó.
Directivos de Asogac están prófugos

A las pocas horas de la tragedia, las autoridades iniciaron las averiguaciones necesarias para dar con los responsables.
Sin embargo, la acción no dio resultados porque los directivos de la Asociación no dejaron huellas. Según testigos, cada quien se embarcó en su auto y hasta hoy se desconoce su paradero.
El alcalde de Colimes, Wilson Valencia, se reunió de inmediato con el Comité de Obras Emergentes (COE) y funcionarios del Cuerpo de Bomberos y la Defensa Civil para asistir a las víctimas y sus familias.
Acciones y sanciones
El ministro fiscal del Guayas, Antonio Gagliardo, señaló que los implicados en el rodeo montubio que se celebró en el cantón Colimes deben responder por la imprudencia que cometieron inintencionalmente.
Según Gagliardo, los organizadores tuvieron que facilitar garantías a los asistentes, pues estos actos deben tener la aprobación de las autoridades y el aval del Colegio de Ingenieros del Guayas, que tiene que certificar técnicamente la edificación del escenario.
De acuerdo con el artículo 460 del Código Penal, la sanción para estos casos es de tres meses a dos años de prisión. El caso ahora está en manos del fiscal de El Empalme, Richard Gaibor, quien tiene un plazo máximo de 90 días para cerrar el período de indagación.
Entre tanto, Miriam Rosado (9) se mantiene asilada en el área de terapia intensiva del Hospital del Niño, al sur de Guayaquil, tras sufrir un trauma craneoencefálico por la caída de tablones de madera. Su padre está a la expectativa de su recuperación, pese a que su pronóstico es reservado.
Nuevos espectáculos
Para evitar tragedias como la ocurrida en Colimes, el Municipio de Salitre tomó sus precauciones. Hoy, al celebrarse el Día de la Raza, este cantón hará una nueva edición del rodeo montubio.
Julio Alfaro, alcalde de Salitre, manifestó que el Departamento de Obras Públicas inspeccionó la estructura de metal y caña guadua, que albergará a más de 3 000 espectadores. Miembros de la Policía custodiarán el espectáculo.
No así en el cantón Balzar, en donde habrá dos actos similares sin la aprobación de la autoridades pertinentes. (CHM)
El cuerpo de Bomberos, la Defensa Civil, el Municipio de Colimes y la Policía rural realizaron una colecta pública para ayudar a los afectados por la desgracia. Se logró recolectar solo $380
Los organizadores vendieron más de 1 700 boletos. Según los ganaderos del cantón, se calcula que se recaudó unos $6 000 en la taquilla. Una bebida de moderación auspició el espectáculo
Tres directivos de la Asociación de Ganaderos están prófugos y se los acusa por el delito de homicidio inintencional, que se castiga con penas de prisión de entre tres meses y dos años
|