Desde
1993 se registran una serie de asesinatos en el desierto mexicano, la mayoría de
víctimas son mujeres menores de edad que trabajan para las maquiladoras instaladas en
zonas aledañas. Aún existen 24 cuerpos sin identificar

Pocos
días antes de esta entrega, las autoridades de Ciudad Juárez y de la Procuraduría
General de la República dieron a conocer una noticia que en otras condiciones podría ser
esperanzadora: dos cuerpos femeninos, de esos que vienen siendo encontrados a cielo
abierto en el desierto de Ciudad Juárez desde 1993, pudieron ser identificados gracias a
las pruebas de saliva y cabello aportadas por sus familiares; en contraste, 24 de ellas
siguen sin ser identificadas.
'Las muertas de Juárez' sigue siendo un capítulo inacabado de la historia criminal de
México, el más negro de todos, el que más vertientes posee y en el que se ha
involucrado a familias de las víctimas, organizaciones no gubernamentales mexicanas y
extranjeras, como policías, detectives e investigadores criminalísticos del país y de
otros. Pese a todos estos esfuerzos, nadie parece haber dado con la punta de la sábana
que encubre este misterio.
Me atrevería a afirmar que estos asesinatos han ocupado páginas incontables; que jamás
se había escrito sobre México con tanto interés, desde que en 1995 comenzaron a salir a
la luz estos hechos unidos por una característica: se trata de 'feminicidios'; es decir,
el objetivo de tan tremendos crímenes son mujeres, cuya filiación responde muy bien a la
selección de un tipo de edad, étnico, económico y social.
Las muchachas asesinadas son, en su mayoría, trabajadoras de la maquila que emigraron
desde distintos estados (32 en la República mexicana), pobres y en búsqueda de mejores
oportunidades. Casi todas ellas enviaban dinero a sus familias o contribuían con su parte
al sustento del hogar. Se trata -siempre hablamos de la mayoría- de menores de edad
sacrificadas por estrangulamiento, previa violación, y algunos cuerpos muestran, además,
signos de haber sido torturados por horas, mientras morían. Importante es describir para
nuestras lectoras el ambiente de esta ciudad fronteriza con Estados Unidos. Si antes
Ciudad Juárez gozó de un auge proveniente de la liberalidad que da ser frontera
(casinos, bares, hoteles, centros de compra), ahora, tras la crisis mexicana, se
convirtió -como dicen los presidentes de EEUU- en un patio trasero donde las maquiladoras
de productos extranjeros fincaron sus reales para abaratar la mano de obra, sobre todo, si
esta pertenece a una mujer sola, madre, sobreviviente de la cultura del menosprecio y, si
es autosuficiente, la mira con desconfianza y hasta con ira.
Las maquiladoras fueron instaladas fuera de la ciudad, quizás para no ofender a las
'buenas conciencias' con el espectáculo de mirar este desfile humano, que a diario es
explotado por la vía más conocida: muchas horas de trabajo y poca paga. Por ende, las
trabajadoras tienen que transportarse muy temprano y tomar 'la ruta' hasta su doble
destino, muy tarde por la noche.
Las características geográficas del sitio de los hallazgos de 'Las muertas de Juárez'
son: el desierto, la soledad y más de 7 millones de kilómetros convertidos, en realidad,
en tierra para la impunidad. ¡Vamos!, ni el FBI ha podido, con sus sistemas de satélite
antiterrorismo, hacer algo para cuidar una frontera que, dicen, les interesa mucho. Por
acá, no lo creemos. Mire usted nada más a los cazadores de 'espaldas mojadas', qué buen
tino tienen cuando de cazar mexicanos se trata.
Sin embargo, la pregunta más frecuente sobre estos casos es: ¿quiénes son los asesinos
y cuáles sus móviles?
Quien escribe esto concuerda con los especialistas que han afirmado que no hay una sola
explicación. En principio, no se descarta uno o varios asesinos en serie. Se habla de
casos aislados o el llamado crimen por imitación- hijo de la impunidad. También hay que
poner atención en el narcotráfico y las sociedades ilícitas que prohija, por ejemplo,
la venta de droga al menudeo, los piqueros, prostíbulos, bares y hoteles donde se
expenden los tóxicos. Podemos hablar de tráfico de menores, venta de artículos
pornográficos y hasta de cine snuff. Todo cabe en este horror que trastoca la vida de las
familias en Ciudad Juárez.
Tampoco hay que olvidar los adyacentes: la pésima investigación de algunos casos, la
convivencia entre autoridades y victimarios, los intereses creados y respetadísimos entre
la mafia; el desprecio a la vida de las mujeres trabajadoras, apartadas del
cinematográfico y mexicanísimo ícono de la madrecita abnegada, a la que sí se le
respetaba, aunque se le explotara en casa.
Pero, y sobre todo, no hay que desdeñar la corrupción. Tanto silencio nos orilla a
pensar irremisiblemente que en Juárez hay más de un gato encerrado.
La autora
Poeta y periodista

Guadalupe Elizalde es una destacada periodista y poeta mexicana. Por sus trabajos
periodísticos ha recibido varios reconocimientos internacionales. Ha publicado varios
libros de poesía, prosa poética y cuento; entrevistas, biografía e investigación
policiaca.
18 de
marzo de 2004
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