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Cuarta Entrega: De la rabia a la impotencia | Primera Entrega |
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¿Imagina usted, estimado lector, que alguien se atreva a escribir y a hacer circular las memorias detalladas de un asesino sádico y serial? ¿Que sea el mismo asesino el que pretenda gozar de cierta gloria anónima para, desde allí, burlarse del temor y la rabia de un pueblo inerme ante una oleada de crímenes? Pues esto es cierto para Ciudad Juárez. En esta entrega, toca hablar de los presuntos responsables. Unos, detenidos, otros prófugos, y los más importantes, apenas sospechosos de estar detrás de los crímenes contra mujeres en Ciudad Juárez. En aquella ciudad fronteriza apareció en el Diario de Juárez un folio del que se publicaron apenas fragmentos. Éste es conocido como El Diario de Richie, un muestrario de patología, digno de un asesino que en EEUU hubiera sido condenado a muerte, tras plasmar su vida en una novela como El Silencio de los Corderos. Para el inconsciente colectivo, existiera o no, Richie era un seudónimo. En este ambiente enrarecido por la pésima actuación de la policía chihuahuense, por la incesante aparición de cadáveres, las pugnas entre bandas de narcotraficantes y pandillas que trataban de ganar espacio, apareció un ciudadano egipcio llamado Abdel Latif Sharif Sharif, cuyos antecedentes penales de violencia sexual en los EEUU, lo convirtieron, según su dicho, en el "chivo expiatorio preciso" para acallar a la opinión pública que, desde 1995, dirigió su mirada crítica hacia estos feminicidios. El sujeto fue acusado, primero, de dos crímenes; después de 7 y hasta llegaron a achacársele 20 muertes. Todas las acusaciones en su contra se han ido cayendo, como se verá más adelante. Químico de profesión, ha dedicado todos estos años no sólo a defenderse, sino a reconstruir los escenarios de todos los hallazgos femeninos. Su estancia en dos prisiones, un Centro de reclusión en Juárez, y otro, un Penal de Alta Seguridad en Chihuahua, le dio oportunidad de entrar en contacto con "informantes" especiales e invaluables. "El Egipcio" cometió un error. Tan seguro estaba de su inocencia que dijo a las autoridades y a la prensa (cuando fue detenido no hablaba español): "Van a ver cómo siguen los homicidios. Los asesinos están afuera". Y sí, la policía juarense pronto encontró delincuentes a la medida. El 13 de abril de 1996, previo pitazo, se realizó una redada en los antros de la ciudad. Detuvieron a 150 personas de la cuales quedaron sólo 15 en los separos. Entre éstas, El Charly, quien declaró que había sido invitado por la banda de Los Rebeldes y su jefe, Sergio Armendáriz (a) El Diablo, para cometer un homicidio en contra de Rosario García Leal, en diciembre de 1995. Con ellos declararon, Héctor Olivares, El Mocho, El Gera y El Charly y El Grandote, que confesaron otros crímenes. Para las autoridades, las piezas tenían que cazar a la perfección: El Diablo recibía órdenes de El Egipcio. Tenían que seguir matando muchachas para que él probara su inocencia. Jamás hubo un careo entre las partes; en los registros de la prisión no se demostró que estas entrevistas criminales se hayan realizado; tampoco existen registros de las cuentas de banco, gracias a las cuales El Egipcio hubiera podido pagar los favores de la banda. El Diablo purga pena por 7 homicidios, junto con El Grande, quien supuestamente cobraba por cada víctima. Poco después, las autoridades descubrieron una cabaña en Lomas de Poleo, donde se dijo que Los Rebeldes mantenían a sus víctimas antes de matarlas. Diversos objetos encontrados allí, no dejaban lugar a dudas de que se realizaron rituales ligados con el satanismo. Esta línea de investigación fue minimizada y desmentida de inmediato por las autoridades de Chihuahua. Mientras todo esto acontecía, varias notas en los diarios daban cuenta de actos criminales cometidos por parte de policías que salían libres. Criminólogos venidos del extranjero, agentes especiales de la Procuraduría General de la República (PGR) y de la del Distrito Federal, o agentes del FBI consiguieron NADA a favor de la ciudadanía. La barrera policiaca en Chihuahua era impenetrable, o bien, las piezas resultaban tan exactas que nadie se atrevía a culpar a sus homólogos juarenses de impericia. Poco después de la aprensión de la banda, Sharif Sharif llamó a una conferencia de prensa y acusó formalmente a quien él consideraba la cabeza de los crímenes: un sicópata propietario de varios bares, hombre poderoso que goza de la amistad de los jefes policiacos: Alejandro Máynez; junto con él, pedía que se investigara a su primo Melchor, de los mismos apellidos. El jefe del Grupo de Homicidios de la Policía Judicial estatal, era Antonio Navarrete, amigo de los acusados. También acusó al jefe policiaco Francisco Minjárez, al Procurador de justicia estatal, Francisco Molinar Ruiz y después a quien lo sustituyó en el cargo, Arturo Chávez Cháve . El Egipcio no llegó solo a estos nombres. Su informante fue Víctor Valenzuela, ex policía "meritorio", amigo de otro agente judicial, Ramiro Gómez Romero, asesinado tiempo después. Valenzuela fue puesto en prisión en 1999, supuestamente por vender droga "afuera de un juzgado". Todo esto sucedió durante el gobierno de Francisco Barrio Terrazas. Y cuando el PRI recuperó la gubernatura, las cosas no mejoraron. En 1999 llegó a Juárez un grupo de FBI, para entonces, la ciudad ya contaba con una Fiscal Especial para el caso de las mujeres asesinadas, Sully Ponce, quien reeditó la historia, como cuentan abogados y organismos no gubernamentales. El 18 de marzo de 1999, un hombre siniestro está rindiendo declaración. La policía se frota las manos porque, ahora sí, tienen pruebas fehacientes en contra de una banda conocida como los Ruteros: un detenido Jesús Manuel Guardado El Tolteca o El drácula y dos muchachas que lo encararán En uno de los días más decisivos de la investigación, Jesús Manuel Guardado El Tolteca o El drácula, se enfrenta a un careo con dos muchachas. Una, Nancy, de 14 años. Desviado su microbús, la banda de El Tolteca la violó, fue brutalmente golpeada y arrojada del vehículo dándola por muerta. Pero Nancy llegó al hospital, vivió y encaró, junto con Susana (otra víctima de Jesús Manuel) a sus atacantes. El Tolteca declaró que fue torturado por la policía para inculpar a Sharif Sharif; sin embargo, fue su esposa -quien perdió un hijo a golpes del marido- que lo llevó a la cárcel. El Procurador de Justicia del estado, Arturo González, declaró que esta banda estaba directamente relacionada con las muertas de Juárez. La banda de Los Ruteros estaba compuesta por El Gaspy, El Kiani, El Narco y El Samber. En uno de los interrgatorios y tras sufrir tortura según afirmó-, El Tolteca mencionó a Sharif; su enlace era El Narco, quien cobraba por los crímenes al químico egipcio. El Samber secuestraba a sus víctimas. Como entonces sí aparecieron registros en los libros de visita, así se consignó. Más tarde se sabría que este sujeto (Víctor Moreno Rivera, (a) El Narco) visitaba a un pariente en el mismo penal. Abelardo González, ex director de ese reclusorio, aclararía que "ninguno de los 4 hombres señalados por la Procuraduría, aparecía en el registro de visitas de Sharif". Otro detalle: Cuando el gobernador del Partido Acción Nacional (PAN) salió, y entró el del PRI, Patricio Martínez, las autoridades informaron que parte de la investigación "fue borrada del sistema de cómputo." En alguna ocasión, antes del encarcelamiento, Sharif Sharif aseveró que se enfrentaba a una cadena poderosa de crimen organizado, en la que involucraba a la policía, a políticos y empresarios, narcotraficantes, traficantes de joyas, secuestradores, polleros, satánicos, tratantes de blancas y otras lindezas, cuyo alcance podía llegar al Senado de la República. Esto son teorías. Lo que sí salta a la vista es que estos crímenes no pueden ser obra de unos cuantos locos sueltos; que gobiernos de diferentes partidos no han podido o no han querido parar a los responsables. Que a los señalados por los detenidos nadie los investiga, y que hay amenazas en contra de las familias y de los reporteros que se atreven a investigar. ¿Quién está detrás de estas muertes? Recordemos: Ante tanta impunidad, sólo puede gestarse la voluntad de seguir delinquiendo. ¿A qué grado de descomposición deben llegar la Policía y la clase política, que no puedan actuar en contra de sus "amigos" del crimen organizado? Lo peor de todo esto es que el horror, sí es exportable. 21 de marzo de 2004 |
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