Nacidos el 7 de junio
No leen periódicos, les apasiona la
TV, entran al mundo por
la puerta del internet, van a misa, los decepciona el país
y quieren ayudar a los pobres. Hoy cumplen 17
Por Rubén Darío Buitrón
Editor Nacional
Perros fieles: bondadosos, cabezotas, obedientes, instintivos, organizadores... El
horóscopo chino define así a los nacidos el 7 de junio de 1982, justamente el día en
que en las calles ecuatorianas se empezó a vocear un periódico que nacía con la
reciente democracia.
Aquel día nacieron en el país 600 niños, que hoy cumplen 17 años.
Actores de una cotidianidad silenciosa, son testigos y víctimas de una década y media
signada por un acelerado deterioro del Estado y el surgimiento de nuevas y profundas
contradicciones políticas y sociales.
De una larga y diversa lista formada por aquellos 600 niños, Diario HOY escogió a seis,
tres mujeres y tres hombres, de Guayaquil, Cuenca y Quito.
Son pragmáticos, porque antes de soñar optan por planear su futuro. Sin una visión
clara de la crisis (al menos no la que, se supone, sienten los adultos), tienen claro que
hay que terminar el colegio y su reto es ir a la universidad, conseguir un título y
consolidar una profesión.
Dos de ellos son más espirituales que los demás: ponen énfasis en la necesidad de
recuperar los valores humanos, mantener la fe religiosa y, sobre todo, ''aprender a ser
ellos mismos''.
Más que los libros o los periódicos, a los que cuatro de ellos tajantemente ignoran, las
computadoras son parte de su cotidianidad.
Tímidos y sin mayores argumentos explícitos, son críticos de la sociedad que les están
entregando los políticos, los gobernantes y la generación que les antecede.
Y si en algo coinciden plenamente es en su preocupación por la violencia y la
inseguridad.
Cibernautas, místicos, apegados a sus familias y televisivos, les preocupa la pobreza que
ven en las calles y son indiferentes -todavía- a las relaciones amorosas.
Son perros fieles. Y son géminis. Y a sus 17 años hablan del país como una decepción,
como un trabajo mal hecho, como un instrumento musical mal interpretado. Y, sin embargo,
también lo perciben como una ilusión posible.
QUITO
Edison, el investigador
A sus 17 años, Edison Aníbal Celi Celi tiene segura una cosa: la vida le ha dado un
temperamento fuerte, una actitud reservada y una pasión total por lo desconocido y lo
extraño.
Sus padres, Martha y Raúl, recuerdan al 7 de junio de 1982 como el día en que brotó una
esperanza, con el nacimiento de su primogénito.
Lo recibieron en el Patronato San José, al sur de Quito, y lo criaron en el barrio El
Recreo, en donde establecieron su residencia tras huir de la terrible sequía que asoló
el cantón Catacocha, en Loja.
Ahora la familia vive en Pusuquí, en una casa que a Edison le parece el símbolo del
esfuerzo y el trabajo de sus padres.
Mauri, de 11 años, y Zulay, de 8, sus pequeños hermanos, se parecen mucho a Edison,
aunque los padres aseguran que no ha existido niño más travieso que su primer hijo.
"Hasta ahora le encantan los experimentos", afirma Martha, mientras señala con
su dedo índice el par de peceras que adornan la sala.
Pero Edison cree que su comportamiento se debe al afán de saberlo todo, "de ser un
poco entrometido, quizás".
Y coindice con los calificativos que el horóscopo chino, bajo el título "perro
fiel", atribuye a quienes hoy cumplen 17 años: "bondadoso, fiel, inteligente,
confiable, obediente, instintivo y organizador".
Entre las mejores experiencias de su vida están dos: la banda de guerra de su escuela, a
la que perteneció por dos años, y su conocimiento del país, al que lo ha recorrido
mucho, junto a su familia.
Edison ama el país. Y no teme opinar que en el futuro no pensaría irse del país, porque
Ecuador tiene diversidad en su gente y porque a él le ha brindado una buena educación,
vivienda y sustento.
"Pero conviene vivir en este país sabiéndolo aprovechar", aclara. ¿De qué
manera? Según Edison, los gobernantes deberían impedir que la deuda externa nos haga
daño y en lugar de eso tendrían que crear fuentes de trabajo.
Edison cursa el quinto año de Contabilidad en el Colegio Luis Napoleón Dillon. Y aspira
a llegar a adulto como un ser muy responsable. (MAE)
Diana, la vitalidad
Los grandes y redondos ojos de Diana expresan sus ganas de vivir.
Su entusiasmo existencial (a ella le parece esta una definición ''alhaja'') se debe a que
ha descubierto un nuevo ángulo de la vida desde que nacieron sus dos sobrinos, hijos de
sus dos hermanas mayores, Cecilia, de 26 años, y Cristina, de 20.
Esos niños son su certeza de que existe el futuro. Cuando habla de ellos, en las mejillas
de Diana se dibujan dos hoyuelos. En su boca, una sonrisa intensa y nueva. Su belleza
parece ser un asunto del alma, porque nada la complica ni la frustra. Serena y decidida,
desde niña aprendió a enfrentar los obstáculos con energía y fortaleza espiritual.
Por eso, en el colegio Javeriano sigue físico-matemáticas, una especialidad que a sus
amigas del colegio todavía les parece ''tenaz'' (el año pasado solo fueron dos alumnas y
ahora, bueno, al menos subieron a siete las chicas del curso).
Quiere ser arquitecta o ingeniera, aunque puntualiza que el título no es lo más
importante, sino la familia, ser una misma, vivir en la sociedad respetando a los demás,
crecer como persona.
Es aficionada al internet y a la televisión. Son sus maneras de acercarse al mundo,
aunque las califica como males necesarios. ¿Periódicos? No le gusta leer, porque le
basta aplastar una tecla y abrir el www. Pero si cae en sus manos un diario va directo a
los deportes, que son ''lo más pleno''. De lo otro, los títulos, una que otra foto y, a
veces, algún editorial. Nada más.
Diana cree en la alegría, definitivamente. Y esta convicción, compartida por sus padres,
Cecilia Barriga y Bolívar Jaramillo, hace que la crisis económica del país no le
parezca tan trágica como muchos creen. ''Mis papis dicen que con fe en Dios y la familia
unida, vamos a salir adelante, a pesar de que tienen miedo de que se cumpla lo que dijo
Santa Mariana de Jesús en relación con los malos gobiernos''.
La violencia y la inseguridad le parecen terribles. Y eso lo nota porque ha tenido que
prescindir de su costumbre de salir a caminar sola cuando se sentía triste o cuando
estaba ''depre''.
¿Y el machismo? A Diana le ha quedado claro que los dos géneros tienen igual capacidad,
aunque hay algo que debe decir de las mujeres: cuando llegan a una posición o conquistan
algo, son muy egoístas y envidiosas.
El tema de los hombres provoca, de nuevo, los hoyuelos y la sonrisa. Sus grandes y
redondos ojos parecen brillar cuando reflexiona y deja ver su alma: ''Bueno, puedes
escribir que aprendan a ser ellos mismos''. (RDB)
GUAYAQUIL
Otto, el constructor
Parece un ritual. Todos los viernes, por la tarde, Otto Herrera González recorre, junto a
su madre, Martha, y su hermano, Jefferson, tres horas de camino para llegar hasta la
hacienda "La Resistencia", propiedad de su abuelo. La finca, arrocera y
ganadera, está ubicada en el kilómetro 18 y medio de la vía a Salitre, en la provincia
del Guayas.
No es que le guste mucho el campo. Lo que pasa es que su padre, Otto, trabaja en el lugar.
El resto de la familia habita en Guayaquil, porque su progenitor prefiere que sus hijos
estudien.
Ya en la finca, procura ayudar a su padre en las tareas cotidianas: recoger arroz pilado,
ordeñar vacas, limpiar establos, preparar abono... "No me gusta ordeñar a las
vacas, por eso estudio, para no tener que hacerlo después", dice.
Sin embargo reconoce que, de niño, su mayor deseo era terminar las clases para visitar a
sus abuelos. Incluso, aprendió a montar a caballo cuando tenía ocho años.
Pero "ya no soy un niño", por lo cual sus prioridades son otras: graduarse,
obtener un título universitario, "darle una casa a mi mamá"... Porque la
vivienda de Guayaquil (Juan Montalvo y Escobedo), de adobes sin pintar, tablas
desvencijadas y planchas de zinc oxidadas, también es de sus abuelos.
Estudia en el colegio "Dante Alighieri". Está en quinto curso
Físico-matemático, aunque no le entusiasman las matemáticas y prefiere el dibujo,
porque quiere "construir", ser ingeniero civil.
"Debería estar en sexto curso, pero no estudié un año". Es que su hermano
Jefferson, un año menor que él, nació también el siete de junio. Entonces, sus padres
decidieron "ahorrar" y tratarlos como mellizos: los bautizaron el mismo día,
los vistieron con la misma ropa y les compraron los mismos libros.
Es un joven reservado y su madre lo confirma: es tímido, dice, especialmente con los
desconocidos. "No parece Géminis", agrega doña Martha.
Otto no se abstiene de criticar la política nacional, a la cual la califica como un
desastre. Y cree que el regionalismo solo acentúa las diferencias entre hermanos de un
mismo país. Lo ideal -porque Otto sueña mucho- es buscar el fortalecimiento del Ecuador,
"para hacerlo grande". (GRO)
Diana, la cibernauta
Nació el domingo 7, hace exactamente 17 años.
Ello explica, tal vez, muchas cosas: "Tengo unas ideas locas y rarísimas. Y cuando
alguien me dice 'apuesto a que no lo haces..., lo hago tres veces".
Posee un cabello muy corto, producto de esos "arranques", y unos grandes y
claros ojos cafés.
Diana del Rocío Morla Solórzano, guayaquileña, hija única, quien cursa el sexto año
de Informática en el Urdesa School, celebra hoy su cumpleaños.
Ella cree que el 7 de junio de 1982 fue un día extraño y especial, aunque no sabe con
precisión por qué.
Su "trauma" son las computadoras, a tal punto que ha preferido conectarse a
Internet y no dormir. "A veces no tengo sueño. Entonces, enciendo mi computador y
navego y navego...".
Se considera una joven cibernética, y razón tiene: conoce todos los "chat"
donde todos los días se comunica con personas de diferentes nacionalidades. "Un día
estaba chateando con un chileno y me preguntó de dónde era. '¡De Ecuador!', le
contesté. Luego, un peruano que visitaba la red escribió: 'una enemiga'. Fue en la
época cuando se hablaba de una nueva guerra.
Una de sus metas a corto plazo es graduarse e ingresar a la universidad, "tengo
tantas cosas en la cabeza y no sé qué estudiar. Puede ser administración de empresas o
marketing o publicidad o diseño...", enumera sonriente.
Sin embargo, su rostro se transforma cuando piensa en los problemas que imperan en el
país: pobreza, delincuencia, sangre... "Existen muchos conflictos y obstáculos,
pero podemos superarlos. Y eso hay que decirles a todas las personas".
La tristeza envuelve a Diana cuando recuerda a su madre, quien se encuentra hace varios
meses trabajando en Estados Unidos.
No obstante, inesperadamente, hace un recorrido por sus actividades diarias y la sonrisa
vuelve. "Digamos que soy una alumna promedio. Voy al colegio a molestar a los
profesores. Y en el recreo me reúno con mis compañeras a contar chistes, hacer 'relajo'
y reírnos de la vida".
Hoy, en la noche, Diana apagará 17 velas, mientras piensa en los 17 deseos que pedirá a
Dios. "Quiero a mi mamá a mi lado. Tener ñañitos. Que el mundo cambie. Que todos
se amen...". (APM)
CUENCA
Carolina, la antipasiva
Para sus diez y siete años es considerada bastante alta, porque si algo ama en la vida
son los deportes.
Desde hace cinco años integra la selección de voley en su colegio "Rosa de Jesús
Cordero", y este es su mayor orgullo.
Pero eso no quiere decir que no lea ni escriba. Porque le gustan mucho los libros, y en el
plantel admira al profesor que le enseña literatura.
Carolina tiene su propia idea sobre el país. "El Ecuador puede producir muchas
cosas, pero la gente se ha olvidado de sus propios valores", reflexiona.
"La corrupción está en todo lado, incluso en las propias aulas escolares, cuando se
copia en un examen". La frase parece una confesión, porque tampoco se trata de
culpar a los demás y negar los propios errores: asume que en algún momento también
copió, pero este problema fue superado cuando pensó en su futuro profesional.
Carolina no es desconocida en Cuenca. Hace dos años, participó en el concurso
"Morlaquita", que organiza la Universidad Católica. Fue una experiencia
inolvidable.
Quiere mucho a sus dos hermanas, pero su confidente es Anita, compañera desde el jardín
de infantes. Tiene muchos proyectos en la mente, pero le gustaría viajar, tener una
profesión y no depender de nadie: "Si tuviera la oportunidad de ser una autoridad,
me gustaría ayudar a los que necesitan", dice.
Confía siempre en Dios que en algún momento le dé la oportunidad de servir a los
demás. Por eso va a misa con frecuencia.
Sencilla y práctica, aprovecha cada minuto de su vida y piensa de sí misma que es de
aquellas personas que no esperan que se les diga: "¿Oye, mañana se acaba el mundo,
qué vas a hacer?".
Aunque no es supersticiosa, sobre los nacidos en 7 de junio le preocupa que el horóscopo
diga que aún no se ha creado un campo donde ellos puedan desarrollar toda su capacidad,
"y eso creo que es verdad".
Carolina está en desacuerdo con quienes piensan que los jóvenes contemporáneos ''no
tienen nada en la cabeza''.
Sin embargo, hay algo que la molesta muchísimo del país: ''El Ecuador está plagado de
personas pasivas, que no hacen nada por sacar adelante nuestro país. Todos esperan
demasiado de los demás y nadie se pregunta qué debe hacer cada uno''. (RMT)
Cristian, el creyente
Cuando sus padres, Mario y Olga, decidieron tener un hijo, un varón vino primero a la
mente de su papá.
El deseo se cumplió y el nacimiento fue todo un acontecimiento ese 7 de junio.
Ahora, Cristian Punín Culcay trae algunos problemitas a la casa. "Son los que
siempre suceden a nuestra edad: la enamorada, los amigos, el colegio", señala.
Cristian es amante de las computadoras, y quizás le habría gustado estudiar
informática.
Por eso, aunque no lo convenció entrar al Instituto Técnico Superior Salesiano, donde
aprende mecánica automotriz, finalmente se adaptó y no piensa que la decisión haya sido
un error de sus padres.
Pero no solo las computadoras le obsesionan. El deporte y la religión también son sus
pasiones. Durante las vacaciones y los fines de semana juega mucho ecuavoley y va al
gimnasio. Y es un católico militante: va a misa frecuentemente y está convencido de que,
mediante sus oraciones, Dios puede ayudar a su familia y a la gente necesitada.
Le gusta su colegio porque cree que sus maestros están rescatando los valores humanos,
aspectos que, según él, se están perdiendo.
"Además de prepararme como profesional, quiero seguir las enseñanzas de San Juan
Bosco, de ser un buen cristiano y un honrado ciudadano", dice, porque le fastidia que
el país esté plagado de corrupción.
Callado y serio, cuando alguien lo molesta arranca de iras y no le importa quién esté al
frente. "Me han bajado notas en el colegio por pelearme con un compañero por cosas
sin importancia".
A Cristian le preocupa la violencia en el país. "Es triste informarse a diario cómo
la delincuencia crece cada vez más. Sin el mínimo reparo se asalta, se agrede o se mata
a personas indefensas".
De los políticos prefiere no hablar. Le disgusta verlos en la tele, siempre peléandose y
buscando beneficios propios, sin realizar acciones en bien del país. "Se aprovechan
de la situación y se roban el dinero de los ecuatorianos", expresa indignado.
Su sueño, más que recibir un regalo este día, es hacer algo por el país, con la ayuda
de Dios: "Si fuera presidente o si tuviera la posibilidad de ayudar al pueblo, daría
más oportunidades a la gente para que trabaje y lleve una sonrisa al hogar". (RMT). |