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La virgen que protege el oro

En la provincia de El Oro se encuentra Portovelo, donde se realiza la explotación minera. Los pobladores que se dedican a
esta actividad ganan un promedio de $40 semanales. El riesgo dentro de las minas es alto y no trabajan con protecciones


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Textos y fotos: Alfredo Cárdenas
Desde El Oro


La virgen del Consuelo, en la boca de una de las minas de Portovelo, en El Oro, parece dar la bienvenida a los hombres que hacen del cuarzo su sustento familiar. Cada uno refriega sus dedos en la imagen de un metro de alto por 80 centímetros de ancho, y se persigna augurando su retorno, pues el riesgo está latente a lo largo de los 270 escalones de madera, que conducen al fondo de la mina.
La faena comienza. José Cabrera, guardián de la mina, prepara las lámparas de carburo y las herramientas. El minador, Italo Falcones, recoge el barreno de punta de diamante y el combo, indispensables para abrirse paso entre las rocas y ubicar la dinamita.
A 20 metros, la cueva parece terminarse, pero un orificio en el piso, de 80 cm de diámetro, indica otro rumbo. La tenue y apacible llama de la lámpara permite divisar la primera escalera de nueve gradas incrustadas en las paredes rocosas. Pronto, la ruta se hace vertical.
Superados 162 peldaños aparece un cabo de 15 metros, Italo y José se deslizan por él hasta encontrar un tramo cuyos travesaños rechinan en cada paso, produciendo un eco que se pierde lentamente en las entrañas de la tierra.
Terminado el descenso, en el túnel principal, las siluetas humanas deambulan en una nube gris: es la polvareda del fondo de la mina, pues hace tres días fue la última explosión. Los sudorosos y fornidos hombres arrastran costales de afiladas piedras hasta el guinche, un recipiente atado a un cable metálico, que sube a la superficie gracias a un motor de 50 caballos de fuerza.
El cuarzo empieza, entonces, su proceso de purificación en el molino o la chancadora hasta visualizar el oro.
José e Italo aseguran $8. Ellos son de Portovelo, en donde cada minero percibe $40 semanales por la explotación minera.
Esta actividad es casi la única fuente de trabajo en el pueblo de 15 mil habitantes, que en el último año ha registrado la salida de un 20% de su población, según Gerardo Elizalde, minero de la región.
El empresario, con 40 años de experiencia en la explotación de yacimientos auríferos, comenta que actualmente ya no es rentable invertir en el subsuelo, sobre todo por el incremento de los costos de producción. Esta situación ha provocado la deserción de la gente que ha emigrado dentro y fuera del país, radicándose en Azuay, en España o en Inglaterra.


DE PASEO
Atuntaqui: tambor grande, tierra rica, granero...

A solo 10 minutos de Otavalo, siguiendo al norte por la Panamericana, un letrero da la bienvenida a Atuntaqui, un pequeño cantón de Imbabura.
Aunque el nombre propio del sector es Antonio Ante, quienes lo visitan o han escuchado hablar de él lo identifican más como Atuntaqui, nombre de varios significados a través de la historia.
Según el padre Juan de Velasco, se compone de dos palabras hatun, (grande) y taqui, (tambor), es decir: 'gran tambor'; Jacinto Jijón y Caamaño lo identifica como 'tierra rica en verdad'; González Suárez rechaza esta acepción y la traduce como 'granero grande'. Otros lo llaman 'lugar de la posada' o 'pueblo cerrado fuertemente'.
Para quien visita el cantón resulta difícil inclinarse por una de estas traducciones, porque Atuntaqui reúne varias de las características mencionadas.
Históricamente, Antonio Ante tiene mucho que ofrecer, el turista puede visitar Pailatola, Orozcotola y Pupotola, las tolas más representativas de la provincia, para descubrir los monumentos fúnebres construidos por los 'Atuntaqui'.
Y, si de comer se trata, se puede degustar la deliciosa fritada o los tradicionales cuyes de las parroquias de Chaltura y Natabuela, que se complementan con los típicos helados de crema, las panuchas, rosquetas, mojicones y suspiros, productos elaborados a base de maíz.
No por nada, Atuntaqui ha sido catalogado como centro industrial de la moda. Las ferias industrial y artesanal que se realizan los viernes y domingos constituyen una vitrina de la producción textil, donde se expone al visitante variedad de artículos en diferente calidad y diseño. Pronto se podrá visitar un museo textil levantado en la antigua fábrica Imbabura.
Poco a poco, Atuntaqui se convierte en uno de los potenciales destinos turísticos por la originalidad de la celebración de fiestas tradicionales, como el 2 de Noviembre y Fin de año, donde la careta, el chiste y la 'vacilada' en doble sentido son las características primordiales del lugar. (NJ)






 


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