Iván Oñate

(Ambato,
1948). Cursó estudios universitarios en Quito, Argentina y España donde realizó el
doctorado en Comunicación (Semiótica) en la Universidad Autónoma de Barcelona.
Parte de su obra ha sido traducida al alemán, francés, inglés, portugués, griego e
italiano. Fabienne Prat de la Sorbona de París tradujo en su totalidad los cuentos del El
hacha enterrada al francés.
Actualmente es Profesor de Semiótica y Literatura Hispanoamericana en la Escuela de
Ciencias del Lenguaje y Literatura de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad
Central del Ecuador.
Ha publicado: Estadía Poética (Argentina, 1968); En Casa del Ahorcado,
traducido al inglés por Steven White y al italiano por Walter Dusi (1977); El Angel
Ajeno (1983); El hacha enterrada (1987, cuentos, siete ediciones); Anatomía
del Vacío (1988); El Fulgor de los Desollados (1992); La canción de mi
compañero de celda (prosa poética 1995). La nada sagrada (1998)
Consta en la Anthologie de la littérature hispano-américaine du XXe siècle
(Francia, 1993); Erzählungen aus Spanisch Amerika Cuentos
hispanoamericanos (Alemania,1992); Antología de la poesía cósmica
(México, 1996); Diez cuentistas ecuatorianos (inglés, 1993); Doce
cuentistas ecuatorianos (alemán, 1995); Veintiún cuentistas ecuatorianos
(francés, 1996). Antología básica del cuento ecuatoriano (1998); Poesía
viva del Ecuador siglo XX (1990); La palabra perdurable (1991); Diccionario
de la literatura ecuatoriana (1980); Diccionario de Literatura Universal Océano
2005; Indice de la narrativa ecuatoriana (1992); Los libros en mi vida
(1995). Antología de la poesía tungurahuense del siglo XX (1996); Del
vanguardismo hasta el 50 (1999). Más |
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Biografía
apócrifa de Borges
a María Esther Vázquez
Madre
apiádate de Borges
el enamorado. Cuídalo
que no resbale. Tu niño está preso
de la peor de las cegueras,
esa que permite ver la luz
del otro lado, de todo
lado.
Luz que no pudieron sospechar
y peor
tocar las palabras.
Ayúdalo a vencer
los oscuros temores
que heredamos en la sangre y
esos otros,
más profundos y terribles,
que se esconden entre las páginas
de los libros.
Madre
consuélalo por la fatiga,
por el insensato propósito
de renunciar a ser Borges, aquel
en cuyos brazos
jamás desfalleció la mujer amada.
Anúnciale
que los materiales de un poeta
son la humillación y la angustia.
La convicción inexorable
de un destino desdichado.
Recuérdale
que conocerá la gloria. A su alrededor
se levantará un universo, un mundo
embellecido por su álgebra y por su fuego,
una ciudad
querida y detestada.
Una ciudad
donde millones de seres
tomarán el ascensor o el subterráneo
pero con la certeza
de haber perdido su destino.
Una ciudad
donde existe la única mujer. La única.
Y ella no lo ama.
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Quito, 24 de junio de 2005 |
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