CUBA: LOS AÑOS DUROS
Orlando Pérez y Homero Campa
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Una isla rodeada de capitalismo

En Moscú una multitud derriba la estatua de Stalin y en Bucarest una grúa arrastra la de Lenin. En la Plaza Roja moscovitas ansiosos hacen cola a las puertas de McDonald´s. A martillazo limpio cae el muro de Berlín y sus pedacitos se venden como souvenirs.
Honeker se asila en la embajade de Chile donde gobierna su "antípoda": Augusto Pinochet. Ceausencu cae asesinado por las masas rumanas, las mismas que una semana antes lo vitoriaron durante un desfile oficial. De un día para otro, un intelectual sin pasado político, Vaclav Havel, se convierte el presidente de una Checoslovaquia no socialista. Los Partidos Comunistas de Europa anuncian su próximo suicidio: cambian de nombre y, como a Jesucristo niegan a Marx tres veces.
Atónitos e impotentes los cubanos observan desde su Isla el desmoronamiento del socialismo. Las noticias llegan a La Habana y sin control alguno cimbraban a Cuba entera. En los hogares, prendidos a sus televisores, viejos militares comunistas, acérrimos internacionalistas y funcionarios del régimen, no daban crédito a las imágenes. En muchos el dolor era inocultable.
El jueves 7 de diciembre de 1989, durante el entierro de más de dos mil combatientes cubanos muertos en Africa, Fidel Castro rompió el silencio que mantuvo sobre los acontecimientos. Pronunció uno de los discursos más conmovedores, tan sólo comparado con el de la noticia de la muerte de Ernesto Che Guevara en 1967 o con el de la explosión del avión cubano en Barbados en 1976.
Dijo que su Isla se enfrentaría con ejemplar dignidad a "un mar de capitalismo" y que, así fuese sola, defendería hasta la muerte el sistema socialista. "Nunca hemos aspirado a que nos entreguen la custodia de las gloriosas banderas y los principios que el movimiento revolucionario ha sabido defender a lo largo de su heroica y hermosa historia, pero si el destino nos asignara el papel de quedar un día entre los últimos defensores del socialismo, sabríamos defender hasta la última gota de sangre este baluarte", sostuvo.
Y alertó luego a sus compatriotas a enfrentar lo que se anunciaba: el colapso económico.
Para entonces ya la economía de la Isla sufría un progresivo deterioro. Las reformas económicas y políticas en los países de Europa del Este -instauradas a principios de los años ochenta-, frenaron su desarrollo.
La desaparición del campo socialista aceleró este proceso y lo llevó a la crisis extrema. De la noche a la mañana Cuba se quedó sin el 85% de su comercio exterior. No tenía dinero ni créditos para comprar fuera de su órbita tradicional, ni mercados para vender sus productos.
La desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en 1991 fue el puntillazo final. Sus efectos empero, se manifestaron con todo su rigor en los dos años siguientes.
Cuba exportaba a la Unión Soviética el 63"% de su azúcar, el 73% de su níquel, el 95% de sus cítricos y e 100% de las piezas y componentes electrónicos, e importaba el 63% de los alimentos, el 86% de las materias primas, el 98% de los combustibles, el 80% de la maquinaria y equipo, y el 74% de as manufacturas.
Con la desaparición del CAME y a desintegración de la URSS, Cuba no sólo perdió un espacio favorable para su comercio, sino su única base de integración económica. En cuatro años la Isla caribeña perdió el 80% de su capacidad de compra: de 8.139 millones de dólares pasó a 2.200 millones en 1992 y a 1.750 millones en 1993.
Además, la deuda externa cubana con la Unión Soviética hasta 1989 ascendía a 17.212 millones de pesos y con los países de Europa del Este a 1.511 millones de pesos. La deuda en moneda libremente convertible alcanzaba los 6.165 millones de dólares. Por supuesto, ningún organismo internacional o país le facilitará créditos de que en 1986 Fidel Castro decretó unilateralmente una moratoria de pagos.
Por si fuera poco, sus relaciones económicas con occidente eran prácticamente nuevas. Su comercio con la Comunidad Económica Europea era de 6.7% y con América en 5.7%.
Se hizo evidente, entonces, la fragilidad de a economía cubana: pequeña, pobre en recursos energéticos y dependiente del exterior. El desarrollo social, la defensa y el proceso de capitalización interna se alimentaron básicamente de recursos externos; su condición de exportador primario (azúcar, cítricos y níque) caracterizó la inserción de su economía en el CAME, y los bienes de capital importados de la URSS y Europa del Este, con la consiguiente tecnología y altamente consumidora de energía verificó su vulnerabilidad, puesta al desnudo cuando estos factores desaparecieron.
Obviamente, el conjunto de todos estos hechos mostró la incapacidad de la Isla para generar los recursos necesarios para subsistir y desarrollar. La ineficiencia de la economía interna fue elocuente: a principios de los años 80, de cada peso invertido en la producción sólo se rescataban 53 centavos, para la segunda mitad de esa década sólo eran dos centavos.
En aras de mantener el empleo y la seguridad social (salud y educación), se propició un fuerte desequilibrio económico: un déficit comercial de 2 mil millones de dólares promedio un déficit presupuestal superior a los mil millones de pesos en 1989.
En julio de 1990 Fidel Castro "decretó" el Período especial en tiempos de paz, una estrategia económica y militar para sobrevivir incluso sin una gota de petróleo o de recursos provenientes del exterior.
Pronto la estrategia del período especial -concebido para un período transitorio- llevó a Cuba por reformas económicas irreversibles. Los cubanos jamás tendrían de nuevo relaciones económicas favorables y ventajosas, los niveles de consumo crecerían sí, pero no de forma equitativa y a costa de un alto sacrificio.
En principio, el período especial significó para el cubano común incertidumbre y zozobra. Se paralizaron la industria y buena parte de los servicios. Cerraron comercios y restaurantes. El transporte se colapsó. El combustible dejó de llegar. Los alimentos y otros productos de primera necesidad -de por sí escasos- prácticamente desaparecieron. Los cortes de energía eléctrica fueron largos y continuos. Se hizo evidente de especulación y el mercado negro.
"¿Habría podido un país capitalista soportar un golpe como este? ¿Habría podido un país capitalista producir siete millones de toneladas de azúcar en estas condiciones y con sólo el 30% de los recursos?", se preguntó Fidel Castro el 5 de septiembre de 1992 ante 80.000 personas en el acto que conmemoró, en la ciudad de Cienfuegos, el aniversario del Asalto al Cuartel Moncada.
Y él mismo respondió: "Sólo el socialismo y sólo la Revolución habrían podido enfrentar un golpe tan terrible como el que hemos recibido... Por eso -añadió luego- si antes creía en el socialismo, ahora creo mucho más; si antes creía en la Revolución, ahora creo mucho más".

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