Marinos cambian su rango por Nueva York
El movimiento era inusual ese lunes
tres de julio, en el interior del Buque Escuela Guayas, de la Armada del Ecuador, la
fragata insignia del país, que acababa de llegar a Nueva York para participar en los
festejos de independencia de Estados Unidos que se cumplirían al siguiente día.
Y no era para menos, pues al pasar lista, se detectó que cinco de sus 165 tripulantes
faltaban. Ni siquiera se esperaron a la solemne ceremonia, sino que, en la primera
oportunidad que tuvieron al arribar a puerto, desertaron con el aparente propósito de
convertirse en otros de los millones de emigrantes que ya suma el Ecuador.
Para los dos músicos, un camarero, un tripulante y un administrativo, que decidieron
burlar los controles y quedarse, no importaron su tiempo de servicio, sueldos, grados,
honores ni condecoraciones. Los cuatro Cabos y un marinero que decidieron quedarse en la
capital del mundo, cuyas identidades no han sido plenamente señaladas, se exponen
también a prisión de uno a tres años, en caso de ser capturados y sancionados como
desertores.
El contratiempo, que ha causado malestar en todo el organismo militar, se produjo dos
meses después del inicio del crucero de instrucción que ejecuta el Guayas, y que
previamente lo había llevado a puertos de Panamá, Puerto Rico, República Dominicana y
Estados Unidos.
Polizones en un buque comercial
Y mientras aquello ocurría en el Atlántico, en la costa del Pacífic de Estados Unidos,
en cambio, seis ecuatorianos eran descubiertos como polizones en un buque comercial.
Deportados ahora, los seis ilegales fueron identificados como Marco Antonio Paucar Chamba,
Justo Sánchez Fernández, Luis Alberto Chamba Chamba, Carlos Enrique Navarrete Bajaña,
Angel Guzmán Pulla y Johny Cruz Ascensio.
Afirman que confiaron en un supuesto contacto apodado 'el cholo'; quien, a cambio de 200
000 sucres, los llevó en canoa desde el puerto de Guayaquil hasta un carguero. En la
bodega del cargero permanecieron escondidos alrededor de 10 días, pasando frío y
alimentándose de agua, galletas, atunes, y máchica; todo esto por enfrentar la
adversidad y llegar hasta su destino final.
Sin embargo, la felicidad duró poco y, luego de 12 días de permanecer ocultos en la
embarcación, fueron sorprendidos por el personal del puerto justo al llegar a Los
Angeles, Estados Unidos.
Las autoridades extranjeras se pusieron de inmediato en contacto con los agentes de
migración de ese país, quienes llevaron a los ilegales hasta el consulado del Ecuador en
Los Angeles, para que así este notifique del problema a las autoridades de Migración de
nuestro país y los ilegales sean trasladados
Les otorgaron un salvoconducto para que así puedan viajar, en un avión de la compañía
Avianca, de regreso al Ecuador.
Luego de una travesía algo accidentada y desafortunada por no llegar a cumplir el famoso
sueño americano, estos seis emigrantes, oriundos del Azuay, Machala y Guayaquil,
,arribaron a territorio ecuatoriano a las 23:30 del primero de agosto sin esperanzas y
descalzos. (KGB)
Coyoteros en manos del juez
La Policía Judicial manabita puso a
órdenes del Juzgado Cuarto de lo Penal de esa provincia a Alexis García Macías, Carlos
Pérez N. Juan Manuel Casanova, Bella Sánchez de Barcia y Manuel Yanza, acusados de
'coyoterismo', al haber participado en el frustrado envío ilegal de 160 indocumentados a
Estados Unidos, la madrugada del domingo anterior, en Punta Blanca, Manabí.
Augusto Naranjo, titular de la Oficina de Migración de Manta, dijo que el principal
sospechoso es García, quien fue descubierto cuando esperaba a los emigrantes (la mayoría
oriundos del Austro) en Jipijapa para trasladarlos a Punta Blanca.
El jefe policial mantiene la sospecha de que cuando capturaron a los ilegales, 20 de ellos
habían partido a alta mar, donde los esperaba la embarcación Junior, de propiedad de
Pérez, para trasladarlos al norte del continente. El hecho es investigado.
Los detenidos fueron liberados a las 24 horas del suceso; en ese lapso confesaron que los
detenidos son los autores del frustrado traslado desde Azuay, Loja y Cañar, hasta Manta y
Jipijapa, para de allí tomar un vehículo hasta Punta Blanca y luego trasladarse a alta
mar, donde los esperaba un barco camaronero.
Los ilegales, 112 hombres, 33 mujeres y 15 menores de edad, confesaron que a los coyoteros
del Azuay pagaron 2 500 dólares por persona con el objeto de trasladarlos por vía
marítima a Guatemala, América Central, y entonces deberían pagar 5 000 dólares más
para ser embarcados al país del norte.
"Los miembros de la Marina y de la Fuerza Aérea Ecuatoriano sabíamos de la
presencia de los ilegales en esa zona, por lo que no tuvimos dificultades para
detenerlos", declaró Naranjo.
Los balnearios y caletas manabitas son permanentes zonas escogidas por los indocumentados
para trasladarse en pangas a alta mar, y de allí a Estados Unidos de Norteamérica, en
buques dedicados a la captura de camarones.(AM).
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Diego y Carlos desaparecieron el 13 de junio Las madres de Diego Patricio Guevara y Carlos Vladimir Chico no
tienen dinero para buscarlos y suponen que están en una ciudad de la Costa trabajando.
Incluso, hace unas semanas quisieron viajar a Guayaquil para localizarlos.
El pasado 13 de junio salieron de su casa con sus dos hermanas; ocho días después,
regresaron, pero los varones nuevamente se fueron y, desde entonces, no han retornado. De
acuerdo con el testimonio de las niñas, tomaron la decisión de irse de la casa por las
dificultades económicas que atravesaban. De hecho, las dos familias son de escasos
recursos económicos y esa es otra razón para que no les pueden buscar, porque
implicaría gastar en pasajes, estadía y comida en las ciudades de la Costa.
La suposición de que están en la Costa se debe a que las dos niñas contaron a sus
padres que llegaron a una ciudad donde había una playa y estuvieron con una señora que
les empleó en quehaceres domésticos. Al parecer, de los testimonios, se desprende que
esa señora les habría dado dinero para que devolvieran a las niñas con la condición de
que volvieran a trabajar con ella. El caso de Diego Patricio y Carlos Vladimir, quienes
lustraban zapatos en diversas zonas de Quito, es uno de los más comunes de desaparición
de menores en Ecuador. Al ser presas de la angustia económica de sus padres, intentan,
por sus propios medios, encontrar una salida para sus necesidades.
Diego tiene 13 años, tez trigueña, ojos café oscuros, cabello negro ondulado,
constextura delgada y mide 137 cm de estatura. Carlos tiene 14 años, ojos café oscuros,
cabello negro lacio corto, contextura delgada y mide 140 cm de estatura.
Los padres esperan que las personas que los identifiquen llamen a los números 02238238 o
02238627, de la Fundación Reencuentro. (OP).
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