El
contrabando de la salud

En el sector de la La Playa, a 10 minutos de la zona poblada
de Tulcán, está un puente de hormigón. Nadie lo reclama como obra suya. Se especula que
pudo haber sido construido con dinero del contrabando
La programación de una radio de Ipiales
pasaba insistentemente una cuña: señores turistas sean bienvenidos a Colombia, pero el
colombiano siempre debe estar al frente de los puestos de trabajo. ¿A quiénes se
refería? El mensaje parecía no tener ningún destinatario. Más tarde se supo que esa
extraña campaña era montada porque una gran cantidad de ecuatorianos viajaron a Colombia
para trabajar en dos sectores fundamentales: salud y construcción.
Arquitectos, ingenieros, médicos y enfermeras ecuatorianos decidieron ir en busca de
oportunidades a Colombia y aceptar un trabajo por un millón de pesos, que al cambio les
significa ingreso por 13,5 millones de sucres.
Pero varios profesionales, sobre todo médicos, se quedaron en Tulcán. Solo recorriendo
la calle principal se pueden encontrar, a cada diez metros, anuncios de médicos cirujanos
hasta traumatólogos especialistas en curar heridas de bala. De acuerdo con los datos del
Colegio de Médicos, en el Carchi trabajan 102 galenos, de los cuales el 70% están en
Tulcán y su principal clientela son los colombianos, que prefieren pagar de 40 000 a 60
000 sucres por una consulta en la capital del Carchi, a los 20 000 pesos (214 000 sucres)
en cualquier consultorio de Ipiales.
"Aquí, con 5 000 pesos pueden hacerse atender e incluso les sobra para para comprar
las medicinas", dice Carlos Velasco, director provincial de Salud del Carchi, quien
asegura que los colombianos no solo utilizan los servicios privados sino también los
públicos, especialmente el de maternidad, que es gratuito, y el de pediatría.
El año anterior fueron atendidos 301 colombianos en el Hospital Luis Gabriel Dávila de
Tulcán, 250 en el centro de Salud de la misma ciudad; 100 en Chical; 250 en El Carmelo;
55 en Huaca; 27 en Julio Andrade; 30 en Maldonado y 22 en Urbina. Una de las causas para
el aumento de pacientes colombianos en los consultorios ecuatorianos es, otra vez, el
diferencial cambiario.
Pero lo más paradógico es que a pesar de la gran cantidad de médicos que abrieron
consultorios en Carchi, entre las causas más frecuentes de muerte en esa provincia
constaban las infecciones respiratorias agudas, la parasitosis, las infecciones de las
vías urinarias, las enfermedades diarreicas agudas, la desnutrición, no obstante ser una
provincia prospera. (JT)
A la caza de los fantasmas

A las 16:00 se cierra la puerta de acero de
la dirección de Industrias y Aduanas de Colombia (DIAN), en Ipiales. "Nadie entra
después de esa hora", dice una de las guardias de seguridad de ese organismo.
El principal problema de la DIAN son los fantasmas. Los financistas que compran
mercaderías en el Ecuador, por medio de intermediarios, a los exportadores, directamente,
sin utilizar los intermediarios financieros. Lo único que hacen es pagar el Impuesto al
Valor Agregado Diferencial, aplicado a productos agrícolas, del 0,5% al 2%, explica el
director de la DIAN en Ipiales, Osvaldo Gaviria, en su oficina llena de expedientes y con
la cerámica de un caballo brioso en el centro de la mesa,.
Y la DIAN está a la caza de los fantasmas. S olo en lo que va del año han realizado 1
225 retenciones de mercancías ecuatorianas, sobre todo ropa confeccionada, cobijas y
botas de caucho.
Pero a pesar de las restricciones continúa llegando mercancia a Colombia.
Tan atractivo es el mercado colombiano que hasta los productores del Chota, que antes
pasaban a ofrecer sus productos: tomates, cebolla paiteña, aguacate, en una camioneta o
dos, ahora llegan en convoyes de 50 a 60 vehículos, de acuerdo con la queja del director
de la DIAN, que prohibió el paso de estos productores, presionados por los comerciantes
de Ipiales, que no pueden competir con los precios que ofrecen en el Ecuador. Aunque,
según la autoridad aduanera, porque esos productos no cumplen los requisitos que exige el
comercio internacional. (JT)
En Tulcán le tienen miedo al SRI
Los 176 kilómetros de frontera que separan Nariño del Carchi, están resguardados por
800 militares ecuatorianos que diariamente realizan sobrevuelos en dos helicópteros. El
gobernador, Edgar Moscoso, solicitó la movilización de 500 soldados más, porque
considera que el número es insuficiente para custodiar toda la frontera.
"El peligro en la frontera es una amenaza latente", dice el gobernador. "No
los sentimos porque todo el cordón fronterizo está bien resguardado. Incluso, habla de
un plan operativo para movilizar a efectivos del Ejército, en caso de notarse la
presencia de guerrilleros colombianos.
Pero la presencia de los militares y los rumores sobre el peligro de la guerrilla en la
frontera pasan desapercibidos entre los comerciantes de Tulcán: lo que interesa es
vender, saber que un metro de tela en Colombia está a 40 000 pesos, mientras que en el
Ecuador se comercializa en 150 000 sucres; que un helado en Ipiales cuesta 1 500 pesos,
cuando en Tulcán el mismo producto se compra en 3 000 sucres; que una botella de Norteño
está al otro lado en 5 000 pesos, y en Tulcán cuesta 18 000 sucres.
Nadie se preocupó cuando hace tres años se cayó el puente de madera por una crecida del
río Carchi, en el sector de La Playa, y a las tres semanas se comenzaron a ver
sofisticadas obras de ingeniería para levantar uno nuevo. Y menos se preocuparon por
saber quién era el constructor de esa obra. Ni el Municipio de Tulcán, ni el Municipio
de Carlos Same de Colombia se la adjudicaron.
Cuando alguna vez se habló de derribar el puente, por ser un símbolo del poder del
contrabando, la queja fue generalizada. El puente sigue en pie y los comerciantes, más
que preocuparse por quienes son los contrabandistas o si pasarán o no los guerrilleros al
Ecuador, prefieren no hablar de sus negocios ni de sus ganancias, pero por temor al
Servicio de Rentas Internas. (JT). |
INVESTIGACION
Sin Colombia, Tulcán sería
un pueblo fantasma
El comercio fronterizo entre Ecuador y
Colombia tiene sus reglas muy claras. La primera es aceptar los secretos públicos, y
dejar hacer y dejar pasar cuando conviene a los vendedores y compradores.
Cuando los gatos se duermen...
La mayoría de habitantes de El Carmelo tienen lazos afectivos o familiares con sus
vecinos colombianos. No les preocupa las noticias de la guerrilla.
La
ciudad de los negocios
Una gran cantidad de municiones se ha decomisado en la frontera.
El contrabando
de la salud
En Tulcán proliferan los consultorios médicos; de los 102 galenos que están en Carchi,
el 70% se encuentran en esa ciudad. La razón: buscan clientes colombianos. |