Blanco y Negro Periodismo de Investigación
  Quito, 11 de agosto  de 2008

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Tahuín puso a Fabricio correa en la lista de los incumplidos

El caso pasó a los tribunales, pero los recursos de amparo impidieron a Codeloro cobrar las garantías de cumplimiento

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Proyecto Tahuín, la obra incómoda de Fabricio Correa

El 7 de junio de 2001, Codeloro adjudicó la obra a una empresa desconocida: Aplitec S.A., 'por considerar que era la mejor oferta...'



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En su primera etapa, que está concluida, la represa irriga 2 500 hectáreas de cultivos. Foto: el chorro de agua que expulsa el desfogadero de la represa

Amás de 10 kilómetros de la población de Arenillas, en la zona fronteriza de El Oro, se encuentra el proyecto múltiple Tahuín que, por su actual condición de aparente abandono, no demuestra ser lo que realmente es: la obra más ambiciosa de esta provincia por los múltiples beneficios que de ella se esperan desde hace años.

El sector, cercano con el Perú, es árido. Tanto, que se necesita de la ayuda de sistemas de riego artificiales. De Tahuín también se espera generación eléctrica y control de inundaciones. Tanto se ha repetido esto, que ya sus moradores no lo creen demasiado, pese a que ya ve la mayor parte de la estructura física.

La fe desapareció por los constantes ofrecimientos que no se traducían en recursos. Pero en septiembre de 2000, el Gobierno asignó $3 millones para el canal principal. El 1.° de marzo de 2001, el presidente Gustavo Noboa firmó como testigo de honor el convenio para la ejecución de la primera etapa, con fondos del Banco del Estado.

Para comenzar la primera fase, la Corporación para el Desarrollo Regional de El Oro (Codeloro) convocó a un concurso en 2001. Se interesaron siete empresas: Coandes, Colisa, Cuerpo de Ingenieros del Ejército, Equitesa, entre otras. Pero el 7 de junio se adjudicó a una empresa no muy conocida: Aplitec S.A., “por considerar que era la mejor oferta para los intereses institucionales y del Estado”.

           
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La empresa pertenece a Fabricio Correa Delgado, en ese momento un joven ingeniero que conocía desde su juventud a Noboa, quien reunía a un grupo de colegiales en su casa para analizar la Biblia. La relación fue cercana, al punto que Noboa aparecía como presidente de Aplitec antes de que decida intervenir en política.
El 5 de octubre de 2001, Aplitec recibió un anticipo de $1 115 728 para iniciar la obra. Siete años después, Tahuín aún no opera. El contrato llegó a los tribunales y en Arenillas siguen a la espera de la obra. Nadie sabe hasta cuando. (MPH)


Presidencia de la República pidió explicaciones por la rescisión unilateral del contrato

Codeloro concedió tres prórrogas justificadas por un paro provincial, el invierno y la demora en la expropiación de algunos terrenos; fiscalización señaló que hubo deficiencias      


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Este cartel está ubicado en el ingreso a la presa. Indica las características del proyecto múltiple Tahuín

Los trabajos tuvieron problemas desde el inicio. Uno de ellos, el transporte de material como el ripio se lo tuvo que realizar desde una cantera lejana. Aquello provocó las primeras solicitudes de ampliación del plazo, que en principio era de ocho meses.


Codeloro concedió tres prórrogas, justificadas por un paro provincial, el invierno y la demora en la expropiación de algunos terrenos. Para el contratista, esta última razón fue una de las causas del retraso. Otra fue el cambio de los planos durante el desarrollo de la obra. “Eso fue determinante”, dijo Fabricio Correa. “Nosotros avanzamos por nuestra cuenta y riesgo porque entrábamos a terrenos que aún no eran de Codeloro y lo puedo demostrar con certificados del Registro de la Propiedad de Arenillas”, dijo en relación a la falta de expropiación de tierras.


Sobre los planos, asegura que estos fueron cambiados durante la ejecución de la obra: “Tan es así que he pedido a Codeloro que presente los planos y no lo hace, porque sabe que tengo razón”.

El 4 de septiembre de 2002, el informe de fiscalización señalaba que el avance representaba $173 973 en 10 meses, con una muy baja capacidad de trabajo. En resumen, determina que hubo insuficientes obreros y equipos, retraso en el suministro de materiales y un capital operativo deficiente.

El 13 de septiembre de 2002, el director ejecutivo de Codeloro, Gonzalo Cobo, notificó a la representante legal de Aplitec, Marcela Minchala, la intención de romper unilateralmente el contrato. Esto repercutió en las altas esferas del Gobierno: la subsecretaria jurídica de la Presidencia, Aracelli Torres, envió un oficio a Cobo, pidiendo explicaciones: “Hasta entonces sírvase abstenerse de adoptar cualquier resolución sobre el contrato”, reza la carta.

En ese momento, la tesis de Correa era que el director ejecutivo no tenía competencia para rescindir el contrato, sino el Directorio de Codeloro. Así, el 28 de octubre de 2002, el presidente Gustavo Noboa emitió un decreto ampliando las atribuciones del Directorio y lo señalaba como la máxima autoridad para terminar unilateralmente los contratos.

“A esas alturas los representantes del organismo no hacían caso a nadie... Teníamos un pronunciamiento del procurador del Guayas, Sócrates Vera, que ordenaba a Codeloro extender un contrato complementario para continuar la obra, pero no lo acataron”, relató Correa.

La notificación formal a Aplitec de la culminación de la relación contractual se dio el 5 de noviembre de 2002. (MPH)


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