|
En la habitación del policía se hallaba su padre, quien presentaba signos de
cansancio...

Un arma similar a la de la foto habría sido utilizada para dar
muerte a Jaime Torres. El Departamento de Criminalística de la PJ dará su informe en
estos días
La bala penetró en el cuerpo de Jaime Torres por el lado izquierdo del
tronco y caminó hacia arriba lacerando un pulmón y el corazón.
Según el protocolo de autopsia, la causa de la muerte fue una hemorragia aguda
interna, laceración del pulmón izquierdo, penetración del corazón por el paso y salida
del proyectil.
El teniente Guillermo Vera, de la Unidad de Vigilancia Sur, indicó en el parte
policial que Stalin Armijos le manifestó que el arma de dotación a su cargo estaba en la
Policía Judicial (PJ) y que no la tenía cuando se produjo el suceso.
Para verificar lo indicado, Vera se dirigió con el implicado y otros oficiales a
la habitación del policía, en el séptimo piso de la PJ. Al llegar encontraron la puerta
abierta y un hombre con síntomas de cansancio, quien se identificó como el
padre del subteniente Stalin Armijos. Al abrir el cajón de un mueble hallaron la pistola.
Actualmente está por salir el informe de balística que determinará si las balas
salieron o no del arma de Armijos, quien dio negativo en la prueba de parafina, a
diferencia de su pariente que dio positivo.

La Fiscalía pidió la prisión preventiva del oficial y de su cuñado pero el juez n.°
13 de lo Penal, Antonio Guerrero, los excarceló a condición de que se presenten cada
jueves en su despacho.
Por ahora, el oficial se mantiene en funciones, mientras la oficina de Asuntos Internos de
la PJ abrió la investigación correspondiente. (AA/VG)
Los casos de agresiones se
cuentan por millares
Las estadísticas de la Cedhu dan
cuenta de que la violencia policial no cede. Una comisión investiga

Año 2003: cuerpos de dos personas acribilladas por la Policía en un
operativo en una farmacia Fybeca de Guayaquil; también hubo tres desaparecidos
Una estadística de la Comisión Ecuménica de los Derechos Humanos (Cedhu) registra 70
casos de violaciones a los derechos humanos cometidas por policías en 2007.
Los miembros de esa institución se vieron involucrados en 13 homicidios, 17 torturas y 40
agresiones físicas a civiles desarmados (ver cuadro).
La cifra es significativamente menor a lo ocurrido en 2006, cuando la Cedhu
documentó un total de 1 928 casos divididos entre nueve homicidios, 36 torturas y 1 883
agresiones físicas.
En 2005 hubo 689 denuncias en la Comisión: 33 homicidios, 22 casos de tortura y
634 agresiones físicas.
Actualmente, la Comisión de la Verdad investiga casos de violaciones a los DDHH,
especialmente los ocurridos en el período 1984-1988. (VG/AA)
PUNTO DE VISTA
Más allá de un hecho de sangre
La presente edición de BLANCO Y NEGRO relata el caso, aún sin esclarecer, de la muerte
de un ciudadano civil a manos, supuestamente, de un miembro de la Policía Nacional en un
barrio al sur de Quito.
El suceso se presta para varias lecturas.
En primer término está el hecho de las constantes denuncias presentadas por
miembros de la sociedad en contra de integrantes del organismo policial. Solo en 2006, la
Comisión Ecuménica de Derechos Humanos (Cedhu) documentó 1 928 casos, entre homicidios,
torturas y agresiones físicas.
La cifra resulta preocupante porque denota una tendencia al uso excesivo de la
fuerza por parte de quienes, se supone, tienen la obligación de velar por el orden y
proteger a los ciudadanos.
Adicionalmente está el fenómeno de la tenencia de armas por parte de la
población. En el presente caso se menciona a una menor que estaría involucrada en los
hechos. Cifras recientes reveladas por la prensa dan cuenta de que en buena parte de los
delitos cometidos en el país se utilizan armas de fuego elaboradas en el Ecuador. Cabe
preguntarse, entonces, si los controles que deben existir para la adquisición y manejo de
este tipo de elementos están cumpliendo con su cometido.
Por otro lado, se destaca en el hecho de violencia relatado en este suplemento la
presencia del alcohol como uno de los detonantes de los sucesos, aparte de supuestas
animadversiones personales previas.
El detalle, lejos de ser anecdótico, refleja la constante presencia del licor, con
todos sus efectos negativos, en el entramado social ecuatoriano.
No en vano, un estudio de Ipsa Group ubica a los licores en el tercer lugar de
preferencias de los ecuatorianos entre las bebidas, con un 22,7%. Además, estadísticas
muestran un consumo a edades cada vez más tempranas. (LAG)
|